El lunes 09 de diciembre celebramos el bicentenario de la Batalla de Ayacucho en la que se sella definitivamente la independencia política de las excolonias españolas en Sudamérica y concluyen las celebraciones oficiales bicentenarias. Con el fin conmemorar el largo bicentenario iniciado en diciembre del 2020 por el grito libertario de la Intendencia de Trujillo y que culminan con la famosa batalla de la Pampa de la Quinua, se esperaba una serie de festividades, edificaciones relevantes alusivas y eventos populares masivos del nivel necesario para resaltar esta efeméride tan importante no sólo para los peruanos, sino para el mundo americano y para todos los hombres que abrazan el ideal de la libertad. Además, como sucedió con el centenario de Leguía y el sesquicentenario de Velasco, era una oportunidad para mostrar un programa oficial propagandístico que mostrase a la sociedad y al mundo una imagen positiva de la sociedad peruana y su casta política. Sin embargo, los eventos realizados en estos últimos cuatro años no son más que el reflejo del caos político y la anomia social en la que nos hemos convertido. Cierto es que la pandemia estropeó las festividades del 2020 y 2021 limitándose muchas de ellas a la virtualidad, pero la caótica situación política vivida desde el breve gobierno de PPK hasta nuestros días (¡6 presidentes desde entonces!), más una serie de factores socioeconómicos nos muestran el deterioro de la sociedad peruana en su conjunto; todas en su conjunto han dado un golpe certero a estas galas americanas. Con una economía en “piloto automático”, las celebraciones se vieron muy afectadas cuando nos enteramos de que el Perú, “puma americano”, fue herido de muerte por la grave crisis sanitaria que desnudó la vileza y errores estructurales en cuanto, sobre todo, a la salud y educación nacionales: estos pilares quedaron muy debilitados por un sistema que postergó lo público. Los “micro” gobiernos de turno estaban más preocupados por sobrevivir que trazar verdaderas políticas de toda índole. Las deficiencias y vacíos en todo campo se han acentuado mucho más por las decisiones de una casta política impopular y avezada por los fines que busca, encabezada por la presidente más impopular del orbe. Quizás este sea nuestro máximo logro para nuestro Bicentenario: mostrar la sociedad fallida que somos a través de la podredumbre de un congreso, ejecutivo y presidencia que reúne todo lo fallido de nuestra nación tras doscientos años de vida republicana. Pero, en medio de la desastrosa infraestructura de los JJ Bolivarianos de Ayacucho (Oscorima de por medio), son los jóvenes deportistas quienes rescatan nuestro orgullo como nación. Son jóvenes que llegan con escaso o nulo apoyo público o privado, se sobreponen a toda adversidad y se logran colgar una medalla en su pecho para alegría de todos. Ellos son, realmente, el verdadero Bicentenario, luces con las cuales me identifico. ¡Qué duda cabe!
Este espacio ha sido creado por Gerardo Cailloma con el fin de difundir mis ideas y poder compartir con el que esté interesado temas sobre cine, música, educación, viajes, literatura y todo aquella diletancia que produzca placer estético (como el buen comer)
Datos personales
- Gerardo Cailloma
- Trujillo, La Libertad, Peru
- Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal
domingo, 8 de diciembre de 2024
domingo, 23 de junio de 2024
UN PARIA MUNDIAL (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 23 DE JUNIO)
Casi a medio año de conmemorar el Bicentenario de la Independencia de nuestro país con la batalla de Ayacucho y a un mes de las celebraciones de Fiestas Patrias julianas, el panorama para este nuevo aniversario es de lo más lamentable. Con un acentuado proceso de deterioro de nuestra posición a nivel mundial en competitividad y debido a las duras observaciones hechas por diversas instituciones y organismos internacionales, así como advertencias hechas por gobiernos de países del primer mundo sobre el accionar de nuestros políticos, este 28 de julio podríamos tener un discurso que maquille esa realidad con falacias con el fin de encubrir las maniobras antidemocráticas que están haciendo los políticos en el poder, tanto del Legislativo como del Ejecutivo. Hay leyes y propuestas que atentan contra la débil democracia, la que es petardeada precisamente por aquellos que se benefician del sistema. Para tal objetivo, cambian la Constitución del 93 a su antojo para adecuarla a sus mezquinos intereses, sin ningún desparpajo. Los escándalos son cada vez más burdos y los ejecutan con toda frescura gracias a la impopular presidente que ostenta un cargo accidental, demasiado grande para su talla, y la escasa reacción de la sociedad civil. Las observaciones puntuales de las diversas entidades foráneas son puntuales contra las cuales los defensores férreos del presente statu quo no tienen razonamientos qué ofrecer y se limitan a insultar y despotricar contra dichos organismos y gobiernos como “caviares”, cantaleta manida y sin sentido como único y pobre argumento. Las observaciones se van convirtiendo lentamente en advertencias Los frecuentes errores hechos por el remedo de gabinete que tenemos son pasados por agua tibia por esa gavilla que es el Congreso de la República. Unidos para arruinar al país. Cabe resaltar algunas acotaciones hechas por dichas instituciones ante la alarmante promoción de leyes que “legitiman” formas económicas criminales o el cambio de condiciones para la colaboración eficaz que han hecho saltar las alarmas en el exterior. Estamos siendo avizorados como una sociedad gobernada y orientada hacia la criminalidad, peligrosa percepción que nos convierte en una suerte de país paria. Quebrar esos órdenes nos puede costar caro, como la observación muy puntual por parte de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que nos pone en una complicada situación a su acceso y las ventajas de pertenencia. Nos están lloviendo piedras y palos a causa del zafio comportamiento congresal. Y en lo nacional, huelga comentar las lamentables declaraciones del Ministro de Educación y de la Mujer; y siguen en sus cargos. Para el olvido. Si uno se pone a reflexionar sobre lo que significan momentos trascendentales de la historia de una nación, ¿nos merecemos un Bicentenario como este? Ningún personaje de la política peruana, me temo yo, está a la altura de las circunstancias.
miércoles, 5 de enero de 2022
¿BICENTENARIO PARA EL OLVIDO? (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 02 DE ENERO)
Y así se acabó el 2021. El segundo año de nuestro Bicentenario. Una celebración que sirvió para saber qué somos como sociedad o si, en realidad, merecemos serlo.
Las celebraciones del
Bicentenario se deslucieron, primero con la inestabilidad política del gobierno
anterior en el que tuvimos, cual república bananera, varios presidentes en una
semana; todo esto en medio del estallido de la pandemia, el confinamiento forzado
y, luego, con el deplorable comportamiento de muchos ciudadanos de todos los
estamentos sociales y económicos de nuestra sociedad. Hasta ese entonces
pensábamos ser todavía uno de los “pumas” de América, tener una sólida
identidad manifiesta por cantar con más ganas el himno nacional en Rusia 2018 y
tener una de las mejores gastronomías del mundo. Pese a todo, hubo algunas
preparaciones para tan magnas fechas: desde lo académico hasta las edificaciones
simbólicas que, como decía Gilles Lipovetsky sirven para que “celebremos lo que
ya no queremos tomar como ejemplo”. Nuestra nación intentó preparar un programa
interesante, pero en el camino ya vimos lo que nos pasó. Aún recuerdo las
conmemoraciones del sesquicentenario (1971 al 1974) con inauguraciones de
monumentos desde el del desembarco de San Martín en Pisco hasta el obelisco de
la pampa de Ayacucho, actividades artísticas y la impecable edición de la
Colección Documental de la Independencia del Perú de ¡86 volúmenes! (https://sesquicentenario.bnp.gob.pe/#), además
de la producción académica de universidades o institutos. Una intensa actividad
académica de todas las ciencias para la construcción de un sentido de nación. Nuestro
bicentenario iba a ser el derrotero con el que entrábamos a una hipotética
madurez como nación. Pero lo que tenemos es una clase política deslucida presente
en todos los poderes del Estado (Ejecutivo y Legislativo) que nos muestra,
quizás, la anomia social que somos. Con partidos políticos, sin ideología o una
visión de Estado para los cincuenta años, estos han sido el espacio para la
corrupción, decadencia y aprovechamiento personal de cuestionados personajes
que hablan de moral y ética descaradamente. Esto es lo que tenemos en la
actualidad. Leía el prólogo de Carmen Mc Evoy, Valentín Paniagua: el presidente
historiador. Es la introducción para el libro publicado por Paniagua quien hizo
la transición tras la renuncia de Fujimori; este sumió a la sociedad en la
frustración y escepticismo, entre el nihilismo y el cinismo. Tan descolocada
dejó a la sociedad en cuanto a valores democráticos que aún se toma a Alberto Fujimori como un
modelo de presidente: cuatro décadas de deterioro moral, social, institucional;
ese con el que llegamos a nuestras conmemoraciones. El texto de Mc Evoy,
esperanzador, habla del político que piensa en el bien común y proyecta una
nación para todos. 2022 será año de elecciones municipales y regionales. La
brecha es grande y no creo que se esté a las alturas de las circunstancias.
martes, 27 de julio de 2021
BICENTENARIO A LA PERUANA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 25 DE JULIO)
Los países hispanoamericanos comenzaron a festejar sus bicentenarios independistas desde 2010. Desde México hasta Argentina y Chile, sus festejos fueron accidentados, pues eran momentos históricos en los que una nación se veía “el ombligo”. Recuerdo que en Chile se hizo una ceremonia un poco accidentada para revalorar a sus pueblos indígenas, en especial los mapuches, como un saldo histórico de olvidos y vejámenes.
Nuestro Bicentenario viene muy
cargado. La pandemia asoló a la sociedad peruana y desnudó las profundas
brechas que se pensaban que habían sido acortadas: sueños de opio. Y se han
ahondado más en la reciente campaña electoral bastante accidentada y lamentable
en la que los extremos han sido alimentados por odios y miedos. Las sorpresas
venían de uno y otro partido en la contienda final, cada uno de ellos envueltos
en diversos tipos de corrupción y el consiguiente escándalo. Los candidatos de
la segunda vuelta, para asombro de muchos peruanos, arrastraban muchos pasivos,
aún con la posibilidad de que una de ellos termine en la cárcel de donde había
salido el año pasado por la urgencia sanitaria.
El Bicentenario ya está aquí. Hay
temas prioritarios como la salud, educación y empleo; pero hay asuntos que han
salido a flote en este histórico contexto que están horadando a la sociedad:
abierto y descarnado racismo, tendencias totalitarias, proyectos trasnochados
que han circulado en toda forma de comunicación terminando por dañar el tejido
social en estas celebraciones: la fiesta que pudo haber servido para regocijarnos
y sentirnos integrados se ha convertido en una suerte de pesadilla. Pero queda
este aprendizaje duro y triste que ya no está en manos de un gobernante al cual
se le da cinco años para dirigir (aunque con lo que hemos vivido hay una gran incertidumbre);
sino en manos de su propia ciudadanía para seguir como nación a futuro: son
cambios urgentes que involucra a cada uno de los ciudadanos de nuestro país,
sin excepción. Y con ello van muchas cosas más que nos erosionan todos los
días: corrupción, narcotráfico, ilegalidad, exclusión, graves daños ambientales,
seguridad; temas que no tienen tintes ideológicos, pero son abordados intencionalmente
de manera errónea para su manipulación como bandera de exclusividad. Los otros
puntos son equidad laboral y servicios básicos de calidad, álgidas
problemáticas también estigmatizadas. Los derechos son inalienables y van más
allá de los partidos políticos. Son temas obligatorios. Y tres puntos
importantes para nuestro bien vivir políticamente hablando: institucionalidad,
descentralización efectiva y partidos políticos. Como ya lo venía advirtiendo
Alberto Vergara: “la aparición de partidos que ordenen la participación
política”. Así evitaremos estar siempre en el dilema de escoger el “mal menor”,
desgracia que nos atormenta varias décadas.
Sólo queda desearle lo mejor para nuestro presidente, pues su suerte es también la nuestra.
domingo, 13 de junio de 2021
KEIKO EN SU SOLEDAD (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 13 DE JUNIO)
Una semana de pesadilla, de divisiones, de situaciones vergonzosas. A estas alturas, algunos medios de prensa internacional comparan el comportamiento de la lideresa Keiko Fujimori con los de Trump y el israelí Netanyahu, quienes hicieron tambalear el sistema democrático de sus respectivos países; peor aún en el nuestro por las graves deficiencias que este tiene en una sociedad muy golpeada por la corrupción y la crisis de la pandemia. Parece que su suerte está echada. Estamos en vilo.
Keiko es un personaje surgido
de uno de los gobiernos más corruptos que tuvo nuestro país; ese gobierno supo
debilitar las instituciones de nuestra sociedad y a muchas las corrompió de
raíz. Con ella también vino una serie de personajes que incursionaron en la
política gracias al debilitamiento y vacío de los tradicionales partidos
políticos. Así se entiende la desaparición del APRA o el PPC del mapa
electoral en los últimos años o en el fantoche que se convirtió AP. Esos
vacíos fueron ocupados por nuevos partidos que se adecuan a un neo clientelismo
(“plata como cancha”, por ejemplo) que ha viciado el mundo político. Keiko se
erigió como una lideresa que recogió la popularidad positiva y negativa de su
padre, quien quedó en la recordación de mucha gente por su estilo práctico de
gobernar y toda esa urdimbre corrupta que envileció a nuestro país por una
década y cuyos rezagos seguimos sufriendo. Ella comenzó a marcar ciertos rumbos
de nuestra sociedad: con Ollanta abrió su primer frente. Su trabajo de bases,
sobre todo en el Norte peruano, comenzó a entrar en acción logrando destacados
avances; por eso, Keiko esperaba su ascenso apoteósico en su segunda contienda;
pero, la suerte le fue adversa. Ella, increíblemente, quemó un capital político
que ahora le hubiera sido totalmente positivo. Pudo más el rencor que la
racionalidad y en su insano accionar sumió a nuestro país en un lustro para el
olvido: 4 presidentes, dos congresos y un colapso del sistema por una pandemia
que desnudó graves vacíos de décadas.
Estoy leyendo justificaciones por los
resultados adversos en estas elecciones, incluso culpando al electorado de
ignorante e irresponsable por haber permitido el triunfo de Pedro Castillo. No.
El sentimiento anti Keiko cruza todos los estratos de la sociedad, la que
hastiada ha visto tambalear la democracia por sus caprichos. No podemos borrar
cinco años de pesadilla. Pedro Castillo debe de tomar en cuenta esto. Miles de
votos vienen no de apoyo abierto a su tendencia política, sino de un rechazo a
una candidata que arrastra tantos pasivos que cualquier otro candidato, que
hubiera estado frente a ella en segunda vuelta, la hubiera vencido por un margen
arrasador. Ni la inversión millonaria, ni los miedos y pánicos difundidos por
los medios, ni los pactos y apoyos de personalidades han sido suficientes para maquillarla.
Solo han servido para dividir más a nuestra fragmentada sociedad. Penoso
Bicentenario.
domingo, 18 de abril de 2021
INCERTIDUMBRE TOTAL (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 18 DE ABRIL)
11 de abril 2021 pasará para la historia. Millones de peruanos han decidido entre 19 candidatos los dos que pasarán a segunda vuelta para ver quién será el presidente del Bicentenario y el que nos gobierne por cinco años, si antes no pasa algún raro incidente en un país en el que pueden pasar tantas cosas. Acostumbrados a votar por el mal menor para evitar al mayor, tenemos en el escenario a dos posibles males mayores, según sus lamentables recorridos políticos a la fecha. Hay muchos factores que han jugado de por medio como la pandemia, los impedidos de votar por estar contagiados y los temerosos de contagiarse, así como el prurito de generar pánico en unas votaciones que a la larga han sido más tranquilas de lo esperado. De manera personal y tal como pregunté a varios amigos por redes, las elecciones fluyeron rápido después de los problemas iniciales como suelen suceder en cualquiera de los procesos electorales previos, como el caso de las mesas no constituidas. Del total de votos válidos emitidos, los dos candidatos que pasan a segunda vuelta, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, reciben un respaldo bastante débil pues ninguno de ellos llega al 20 % deseado; si los nulos y blancos representasen a un candidato, este era un bolo fijo para la segunda vuelta y posible ganador de la banda presidencial. Juegos de la democracia.
El ascenso de Castillo ha sido
insospechado. Quizás haya sido inflado por los estrategas de campaña de
partidos de derecha que fueron minando a la posible rival: Verónica Mendoza.
Pero también indica un total desconocimiento de una fuerza social que ido
creando conexiones que los demás desconocían. Por otro lado, la antigua
costumbre de la izquierda de desmembrarse en pequeños partidos ahora ha sido asimilada
por la derecha; tantos candidatos de esta tendencia han hecho que se
canibalicen entre ellos y las de ganar las tenía el fujimorismo que, pese a
todo, cuenta con un aparato político mejor constituido y presente a nivel
nacional que los otros partidos que surgen solo para estos momentos. Si
analizamos en frío, Castillo hubiera podido haber barrido a otros
contrincantes, pues tiene más presencia que los otros partidos de derecha
centrados en Lima y algunas grandes ciudades. Así de improvisada y frágil es la
política peruana. El caso de Keiko es interesante, pues llega a esta segunda
vuelta gracias al socavamiento sistemático de personajes como López Aliaga,
Soto, Lescano y Forsyth.
Tenemos dos opciones de
espanto. Una ya mostró las facetas que la hacen un peligro; por ejemplo, lo
vivido en este último lustro con sus lamentables congresistas. El otro tiene pasado
turbulento que aterroriza a muchos. Queda un poco más de un mes para ver qué
conceden ambos candidatos. Hay algo que sí es preocupante y de lo cual poco se
ha hablado en estas elecciones: el narcotráfico. La pregunta está saber con
cuál de los dos legitimaríamos un verdadero narcoestado y, de paso, nuestra
perdición.
domingo, 21 de febrero de 2021
VARIABLES DEL FAVORITISMO Y VACUNAS (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 21 DE FEBRERO)
Favoritismo: Preferencia
dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es
habitual o predominante. (RAE). Preferencia
que no se basa en el mérito o la justicia, sino en el favor, sobre todo en la
concesión de cargos o premios (https://www.wordreference.com/definicion/favoritismo). Incluyamos
dos variaciones muy comunes: nepotismo y amiguismo.
El estallido del caso de las vacunas
ha caído como un plomazo a toda la sociedad. El vil beneficio de muchos
personajes de cúpulas políticas y de otros ciudadanos más ha generado desazón y
hasta frustración en todos los círculos sociales de nuestro país y adonde haya
llegado esta noticia. Lo que muchos quieren ver sólo como un acto corrupto de
política va más allá de esa limitada visión, pues toca las fibras más hondas de
nuestra anquilosada sociedad. Y a medida que vamos descubriendo casos que se
han dado en diversos círculos de poder (político, económico, de comunicación y
religioso), se han desnudado de manera directa todas nuestras taras sociales.
Demás está explicar los sucesos, enfoquémonos en todo lo que esto significa al
quedar expuestas las formas cómo funcionan muchas cosas en nuestro tejido social
y que, quiérase o no, a cada uno de nosotros también nos compete.
El aprovechamiento de
políticos y el arribismo y búsqueda de favores de algunos personajes del área
médica, en este asunto, han puesto en bandeja los mecanismos de funcionamiento
de cualquier proceso de interrelación en nuestra sociedad en la que se ostenta
el poder de cualquier índole. Ha enseñado cómo las personas sacan ventajas de
su posición para favorecer a diversos círculos de su interés (por eso las
variables de nepotismo = familiares o amiguismo = círculo de conocidos). Esta
modalidad no es exclusiva del sector público, se ve en todos los niveles. Hemos
visto no solo personas inescrupulosas saquear arcas públicas, sino también
convertirse en verdaderos lastres de empresas privadas, compañías e
instituciones. A lo largo de la historia hemos visto desfalcos y quiebras de
bancos de fomento o privados, o grandes y empresas por parte de hijos, sobrinos,
parientes o amigos con algún cargo de poder. En el plano político se ve, un
ejemplo palpable, en la creación de las listas electorales en las que vemos,
muchas veces, a personas de dudosa reputación en puestos nominales
privilegiados.
El problema es de raíz y pasa por una reeducación necesaria, urgente, primordial; no es un tema de derechas o izquierdas, es un problema fundacional, este que permite que la corrupción se instale y anquilose entre nosotros. La UP Cayetano Heredia tiene grandes investigadores, pero algunos monstruos en calidad humana. La pandemia en nuestro Bicentenario ha servido, a la larga, para hacer un brutal diagnóstico de lo que tenemos que cambiar urgentemente. ¿Nuestros candidatos se atreverán a asumir tal reto que incluso los obligue a replantearse a sí mismo?
domingo, 3 de enero de 2021
RESPONSABILIDADES (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 03 DE ENERO)
2021. Bicentenario de la Independencia política de nuestro país. Elecciones generales. En este año nuevo, los peruanos tenemos dos eventos relevantes con los que debemos de estar a la altura.
Abril será un mes en el que iremos
a urnas para elegir el nuevo lustro gubernamental con un nuevo Congreso que
asuma funciones legislativas. El lustro anterior ha visto 4 presidentes: inició
PPK y culminará la misión presidencial Fernando Sagasti, si es que no hay algún exabrupto
más parecido al que generaron la caída de Martín Vizcarra y el fugaz periodo de
Manuel Merino. Tendremos que escoger un nuevo parlamento conformado por 130
congresistas entre los que son propuestos por una veintena de partidos. Las
recientes inscripciones y observaciones han dado muchas sorpresas tanto en
cuanto planchas presidenciales como cuadros de congresistas. Los partidos políticos
nuevos y tradicionales, responsables del panorama que atravesamos en la
actualidad, pusieron a un grupo de personas que, según las políticas internas
de cada organización, era el más idóneo para poder asumir cargos tanto
legislativos como los cuadros ejecutivos aparentes para que nuestra vida
nacional continúe y mejore. Hemos visto los dos recientes congresos; los
resultados son deplorables, salvo pocas excepciones. Personas incapaces,
egoístas, individualistas, oportunistas y demagogas han poblado nuestros
congresos hace décadas; pero las últimas versiones de este periodo
gubernamental han sido un lamentable panorama de lo mal que está el sistema
político de nuestra nación. Aunque es un mal común que se ve en muchas democracias
formales alrededor del mundo, nuestros congresos han sido un conjunto de
personas que pocas veces han velado por el país asumiendo posturas que no les
competen, proponiendo leyes de lo más populistas e insostenibles y velando por
intereses más que reñidos con lo ético y lo social. Muchos partidos no han
dejado de ser meros clanes familiares y algunos orígenes de muchos de los que
están en competencia son muy oscuros, vinculados a situaciones de corrupción,
lavado de dinero y otras pesadas herencias. Estuve leyendo la biografía de
Pablo Escobar y la serie recreada en la biografía de Juan “Chapo” Guzmán. Los
hilos del narcotráfico siguen ejerciendo su poder y las diversas formas de lavado
de activos apuntan a fortalecer candidaturas de todo tipo como se ha visto a lo
largo de nuestra historia y la de muchos países sudamericanos.
2021 es nuestro Bicentenario
nacional. El de Trujillo nos tocó bastante deslucido por la pandemia y otros problemas
de organización. Como ciudad y región no tuvimos una gran obra que hubiera dado
un realce a nuestra ciudad. Un gran sistema vial y drenaje, por ejemplo, proyectado
y planificado tras los destrozos del Niño del 97-98, hubiese sido un gran
regalo para la actual urbe en la que hemos convertido. Faltó visión, liderazgo.
Oportunidad perdida. Trujillo es una gran ciudad. Pues, hora de despegar.
domingo, 13 de diciembre de 2020
NEUROSIS BICENTENARIA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 13 DICIEMBRE)
Calles y avenidas cerradas, tráfico sin rutas alternativas. Choques entre ambulantes y la policía municipal. Vecindarios con pistas destrozadas. Hospitales que colapsan. Radiografía diaria de una ciudad neurótica.
Este es el retrato de una urbe que,
de pronto, se ha visto sometida a situaciones caóticas que atormentan a los
preocupados y sufridos trujillanos. En medio de la crisis sanitaria y económica
que muchos estamos pasando, hemos sido testigos de fuertes reacciones como lo
fueron las protestas sociales contra la asonada provocada por congresistas de
móviles oscuros y, por otro lado, el problema agrario que causó zozobra en la
ciudadanía al haber mucha población laboral involucrada en esta modalidad. Cada
vez es más frecuente ver negocios que se ven forzados a cerrar sus puertas o
ver por muchas partes carteles que alquilan o venden inmuebles. Los intentos de
retornar a una suerte de resurgimiento económico chocan con otras veleidades
del mundo político que genera desconfianza e incertidumbre. Las acciones
populistas y ramplonas, y el doble lenguaje empleado por parlamentarios y
líderes de partidos políticos han generado un fuerte resentimiento en la
población que va a ser difícil de ser olvidado; y esperemos que así sea, pues hay
tristes evidencias de amnesia colectiva política como lo podemos ver a lo largo
de nuestra historia electoral. En cuanto al panorama sanitario, no deja de
causar grandes temores. Se habla de una segunda ola, mientras muchos ciudadanos
se vuelcan a las calles para satisfacer sus ansias de consumo o para disipar
las tensiones vividas en nuestro forzado encierro. Mucha gente clama por
libertades individuales y exigen libre circulación. Tras la amarga experiencia
que vivimos entre los meses de junio a septiembre nos debería invitar a la
reflexión y no convertirnos en portadores de la desgracia para sus familiares o
para uno mismo.
En este complicado escenario,
surgen acciones desatinadas que obedecen a un prurito proselitista más que el
bien cívico. De haber pensado en este último, no nos veríamos en la estresante
situación que ahora estamos viviendo: mientras cientos de ciudadanos reclaman
el asfaltado de calles que fueron abandonadas por la gestión edil (otro caos
que raya con la hilaridad), se abocan a romper otras sin haber generado rutas
alternativas y causando molestias en momentos como estos. El desatino cunde por
la ciudad que pareciera ser golpeada por diversas plagas, muchas de ellas
evitables si hubiera la coordinación correcta, el criterio técnico más que el
político, una visión más global de la ciudad y una comunicación más efectiva;
realidades bastante escasas por las evidencias que estamos sufriendo.
Si todo esto obedece como parte de
una campaña electoral de un debilitado líder identificado como mendaz y
traicionero, dudo que la población se sienta agradecida por esto. Salvo que el
lema “Sufre, peruano, sufre” sea parte de nuestra compleja identidad.