Este
es un viaje que había postergado por décadas. Ya casi cumpliendo 50 años de
haber salido del colegio y habernos separado de un buen amigo mío argentino,
Miguel Valdivia, tomando los rumbos por los que nos llevó la vida, decidí dar
el paso necesario para un reencuentro con Miguel en la ciudad que vive: Buenos
Aires. Había escuchado a tantas personas hablar sobre esta ciudad, he leído
tantas obras de autores argentinos como Borges, Cortázar (aunque nació en
Bélgica), Storni, Arlt y ese autor tan interesante como Tomás Eloy Martínez y
su descomunal Santa Evita; haber oído a la Rinaldi y Gardel, que cada vez canta
mejor, haber oído a Sui Generis. Entre Mi Buenos Aires querido de Gardel y No
bombardeen Buenos Aires de Charly García me iba mentalizando.
Domingo
23 de julio. Compré un solo paquete con salida desde Trujillo por lo que me
embarqué en un vuelo madrugador. En el mismo vuelo de Trujillo a Lima nos
encontramos varias personas de mi centro de trabajo, quienes también salían del
país (Alemania y Costa Rica). Estuve en el aeropuerto de Lima desde las 7:30 de
la mañana con bastante sueño. Ya había coordinado el recojo de un taxi en el
aeropuerto de Ezeiza; el vuelo estaba previsto para casi el mediodía. Sin
embargo, la partida se demoró una hora; esto me obligó a coordinar la nueva
hora con la gente que me iba a recoger. En el aeropuerto, mientras esperaba mi
vuelo compré algunos regalos para mis amigos y un par de libros, uno de ellos
lo terminé prácticamente en el vuelo y en mi noche de hotel, La voluntad del
molle de Karina Pacheco Medrano (https://leeporgusto.com/2016/08/15/la-voluntad-del-molle-novela-karina-pacheco/) (https://elmontonero.pe/columnas/la-voluntad-del-molle). El otro, El tiempo es nuestro,
cuentos peruanos post-2000; un libro que se ha ido postergando, pues en este
viaje iba a comprar muchos más, de ficción y de investigación histórica. Una
vez acomodado en el avión, iba imaginando los días que iba a experimentar en
esta ansiada visita. El vuelo transcurrió con normalidad, salvo en un momento
en que sobrevolamos los Andes argentinos. Llegamos a las 8:00 PM
aproximadamente, hora de Argentina. Personalmente esperaba ser recibido con un
buen frío, pues estaba cansado del excesivo calor que nos ha azotado desde el
año pasado. Nuestro invierno se ha esfumado y Buenos Aires estaba con una
temperatura de 11 grados. Increíblemente me sentía a gusto; había viajado con
lo adecuado para hacer visitas a pie. Y lo iba a hacer. Tomé el taxi que la
empresa Booking me había ofrecido de manera gratuita por usar sus servicios de
haber elegido el hotel Gran Hotel Ailén de sus contactos. Este hotel está
perfectamente ubicado: calle Suipacha, a unas cuantas cuadras de las Avenidas 9
de Julio y de Mayo, el corazón de Bs.As. Llegué para descansar, pero tenía que
cambiar dinero. Me habían aconsejado que llevase dinero en efectivo, sean dólares, euros e, incluso, soles para ser cambiados en otros lugares que no
sean bancos o casas de cambios oficiales. Fui a cenar algo (la comida en el
avión era muy liviana) y tratar de cambiar dinero. Pero la cantidad de billetes
que uno recibe por 100 dólares deja tu billetera abultada. Fui a un restaurante
a probar suerte, este se hallaba frente a una tienda Carrefour sobre la 9 de
Julio/ Pellegrini. Pude cambiar cien dólares, pero me sentí un poco timado. Mi
pago como inexperto. Regresé al hotel que estaba a una cuadra para dormir:
había pasado un domingo entre aviones y aeropuertos.

Lunes
24 de julio. Me levanté temprano. Miguel iba a venir por mí a las 9 am. Bajé a
tomar un ligero desayuno y tener todo listo para poder caminar; había traído
dos cámaras fotográficas que estaban en una mochila especial para su
desplazamiento. Esta fue parte de mi equipaje de mano en el vuelo. Bajé a la
hora y Miguel llegaba a la recepción del hotel. Fue un encuentro tan especial
tras casi 50 años de no vernos. Este viaje encerraba mis deseos de
reencontrarme con viejos amigos y que en noviembre de este año se completará,
en cierta manera, cuando nos reunamos todos los que graduamos en el Colegio La
Salle de Arequipa aquel diciembre de 1973. A Miguel no lo veía desde ese
diciembre y por tal motivo teníamos mucho por hablar. Miguel había dejado su
auto para ir a verme y caminar un poco por la ciudad, su ciudad, la que iba a
explicarme como arquitecto que es. Tomamos la avenida de Mayo para ir hacia la
Casa Rosada. Pero teníamos que hacer un alto en el camino para entrar a esos
bellos cafés que Bs. As. Tiene. Como las librerías, los cafés y confiterías son
un gran distintivo de la ciudad (https://www.tangol.com/blog/esp/8-cafes-historicos-de-buenos-aires_nota_132). Pasamos por el Tortoni, cafetería
tradicional que siempre tenía una extensa cola cuando pasaba, seguimos hacia el
London City (https://londoncity.com.ar/). Miguel pidió dos tés con leche,
recordando aquellas memorables tardes en su casa en Arequipa donde tomábamos
esa excelente combinación que su madre, doña Elsa, preparaba. Y pidió tres
medialunas para comer. Y conversamos, conversamos, conversamos. 50 años es
bastante tiempo. Su vida, estudios, matrimonio, su familia, los que se fueron.
Recordando y riendo, cargarse de nostalgia y recuerdos, buenos y malos. Miguel
pidió la cuenta y salimos, ahora sí, en dirección de la Plaza de Mayo (a una
cuadra del café). Buenos Aires es una ciudad europea en su construcción, en los
hábitos de sus habitantes, en sus diversiones, en su vida cotidiana. Lo ve uno
en su gente, los escaparates de sus tiendas, en sus modas, en el transporte público,
en sus cafés y restaurantes. Pero sí se ve mucha mendicidad (situación crítica
en casi toda Latinoamérica) y comercio ambulatorio, pero ordenado. Hay días
dedicados a la venta callejera en la que la ciudad se vuelve muy pintoresca. Y
el frío ayuda a que uno se vista con más gusto. La ciudad invita a ello gracias
a su monumentalidad, a sus construcciones que mostraban el poder de los ricos
emigrantes que hicieron de Argentina su nueva patria. Y eso lo íbamos a ver.
Buenos Aires es prácticamente una ciudad hecha durante el siglo XIX y, sobre
todo, el XX. Su trazado la hace equiparar con Barcelona, pero por sus calles
uno parece encontrarse en Madrid o París (https://www.youtube.com/watch?v=fsSNdn8ZqXc&t=4s).

El primer objetivo de nuestra visita:
Catedral Metropolitana de Buenos Aires. La iglesia es muy parecida a la iglesia
de la Madelaine de París, tuvo un largo proceso de construcción y terminó su
decoración a inicios del siglo XX; alberga en su interior el mausoleo del
General José de San Martín. Se encuentra en plena Plaza de Mayo (https://www.youtube.com/watch?v=Vz5CPENlOjA&t=6s) (https://www.youtube.com/watch?v=YbQOUx-Qs58) y ha tenido una historia muy
interesante (https://turismo.buenosaires.gob.ar/es/otros-establecimientos/catedral-metropolitana) (https://www.arkiplus.com/catedral-metropolitana-de-buenos-aires/). La iglesia tiene un interesante altar
principal y el mausoleo es, sin duda, la atracción del lugar. Este no se
encuentra ubicado en la nave principal de la iglesia, sino se ha complementado
un espacio lateral. Esto generó toda una serie de conjeturas sobre la posición
de la curia católica con la memoria de San Martín, quien era masón. Incluso la
forma como se halla enterrado también genera muchas especulaciones. Aquí su
biografía (https://surdelsur.com/es/jose-de-san-martin-vida-y-obra/) y su campaña por nuestro país (https://www.youtube.com/watch?v=XAWXk5q5KCA); aquí un video que tiene una visión
crítica muy puntual de la historia (https://www.youtube.com/watch?v=nxMOYCUjFUw). Luego hicimos una visita a la Plaza
de Mayo, la historia de esta nación. Es el inicio (o fin) de la Avenida de Mayo
que termina con el impresionante Congreso, sitio que visitaría posteriormente.

La Plaza de Mayo es el epicentro de la historia de esta ciudad y del país (https://deviajeenlavida.com/plaza-de-mayo-historia-y-monumentos/) (https://www.youtube.com/watch?v=MNuPBgggwNU). Lleva el nombre de Mayo por la
Revolución de Mayo de 1810. He aquí la historia de esta plaza (https://www.iprofesional.com/actualidad/381551-que-paso-el-25-de-mayo-de-1810-y-que-se-celebra-resumen). Esta plaza sufrió un fuerte bombardeo
por un intento golpista contra Perón en 1956 (https://www.youtube.com/watch?v=nvk9CnAJ9bY). En el monumento a Belgrano muchas
personas han dejado fotos de personas que fallecieron en la última pandemia. En
vez de flores, ves piedras que simbolizan la memoria de los que se fueron; además
ves unos mosaicos que evocan al movimiento realizado por las madres o esposas
de los “desaparecidos”: las “locas de Mayo”. Es una situación polémica que late
en la sociedad argentina. También hay otro monumento, un obelisco que se
comenzó a edificar para conmemorar el primer aniversario de la Revolución de
Mayo. He aquí una anécdota de esta edificación: https://www.clarin.com/urbano/origen-indio-obelisco-mayo_0_rkXV7z39wQe.html. Antes de retirarnos y seguir nuestro
camino vimos a la bella edificación del Banco de la Nación Argentina que
inicialmente era la Ópera hasta trasladarse al bello Teatro Colón. Nos fuimos
por Av. Roque Sáenz Peña hasta tomar la famosa calle Florida, la calle que
nunca duerme. En el trayecto le iba comentando sobre comida y libros, y Miguel
me invitó un Mantecol, un postre argentino (https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/mantecol-como-hacerlo-casa-historia-del-tradicional-nid2548608/); tiene todo el origen del
Mediterráneo. Delicia pura, pero nefasto para mi colesterol y triglicéridos. Ni
modo. Seguimos por Florida y justo cuando le comentaba sobre mis gustos por los
cómics, nos encontramos con una de las sucursales de la cadena El Ateneo. Bs As
tiene cientos de librerías, un paraíso frente a la pobreza de nuestras
ciudades. Y luego haría un paseo por algunas de ellas días posteriores.
Entramos a esta gran librería para buscar cómics. Miguel me comentaba de uno
muy cómico: Gaturro (https://historietas.net/historietas-de-gaturro/). Con todo ese problema de los billetes
(son tantos), no quería pagar con débito o crédito, pues se usa el dólar oficial
y el blue es mucho más beneficioso para uno (https://argentina.as.com/actualidad/dolar-blue-hoy-11-de-agosto-a-cuanto-cotiza-la-compra-y-venta-en-argentina-n-2/). Lo malo es que tienes que cambiarlo
en la calle. Había intentado hacerlo en Western Union, pero es para enviar
dinero. Como tenía efectivo, quise limitar el gasto, pues cambiar un billete de
100 dólares era un grueso fajo de billetes de mil pesos. Me informaron que
había en circulación uno de dos mil pesos, pero que era muy raro (https://www.bcra.gob.ar/MediosPago/Nueva_familia_billetes.asp). Así que limité a comprar un solo
cómic y un plano de Bs As.

Al salir nos fuimos en dirección de Galerías
Pacífico. Este lugar fue diseñado como las famosas galerías europeas, como Lafayette
de París. Tuvo una historia un poco azarosa, hasta que fue rescatado y ahora es
un centro comercial que ofrece la visita a ver estos grandes murales de la
cúpula que se encuentra en su patio central (https://turismo.buenosaires.gob.ar/es/otros-establecimientos/galerias-pac%C3%ADfico). De ahí seguimos por la Florida en
dirección a la Plaza General San Martín. La ciudad iba mostrando sus bellezas y
muchos edificios mostraban el esplendor de los buenos años de las primeras
décadas del siglo pasado, décadas en la que la Argentina era una potencia
mundial. Por diversos lados se construían bellos edificios que son verdaderos
palacios del siglo XX. Así nos topamos con el Palacio Paz, en el que se
encuentra el Museo de Armas de la Nación Tte. Gral. Pablo Riccheri.

El museo
contiene una excelente colección de armas, panoplias, mapas y pinturas de
diversos periodos de la historia bélica de esta nación hasta llegar al
conflicto de Las Malvinas. El palacio fue comprado por el Círculo Militar en
1938 con condición de crear este museo y una biblioteca, la cual publica una
gran variedad de textos relacionados con el mundo militar (https://www.welcomeargentina.com/ciudadbuenosaires/museo-armas-nacion.html).
Precisamente en la tienda de recuerdos y librería me compré dos textos para entender
la historia: “Lo que no se sabe de Malvinas” del coronel (R) VGM Esteban
Alberto Solís y “Juan Bautista Túpac Amaru y el misterio de la Orden del Sol”
de José Bilbao Richter. El tema de Malvinas es aún latente (https://www.iprofesional.com/actualidad/339840-guerra-de-malvinas-resumen-que-paso-el-2-de-abril-de-1982).
En el museo emitían un documental sobre el tema, pero este es de History
Channel. Sería bueno que hubiera uno realizado por los mismos historiadores argentinos
de manera desapasionada sobre este tema. Recuerdo en los 80 conocí a un chico argentino
que se hallaba de paso por Trujillo; su meta era USA, huyendo de la Argentina y
de los malos recuerdos de haber estado en esa conflagración. Precisamente Galtieri,
luego de la ocupación/invasión/recuperación de Las Malvinas, hizo un gran mitin
en la Plaza de Mayo. La historia. Y recuerdo la inmensa marcha que cruzaba La
Colmena de Lima, mientras hablaba con el profesor Gatti y comentábamos cómo
esta guerra había unido a tanta diversidad de peruanos: había cadetes de escuelas
militares, sindicatos, estudiantes universitarios, colegios con alumnos que
llevaban banderitas de Argentina y Perú, espontáneos. Creo que de eso no se
enteraron los argentinos. Todo se te viene a la memoria. Todo un tema delicado
que se ha visto en documentales (https://www.youtube.com/watch?v=tjE0tPLnI0c),
filmes como la Dama de Hierro (https://www.youtube.com/watch?v=y-Gjm8-BdZA),
y hasta en la serie británica The Crown. Aquí un texto sobre la participación
peruana en este conflicto (https://repositorioslatinoamericanos.uchile.cl/handle/2250/2361867).
Y el otro libro aborda un tema que los peruanos generalmente desconocemos sobre
el hermano de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru. Este personaje muy importante
hasta el grado de haber contribuido en la bandera de Uruguay y la posibilidad
de crear un reino o imperio con raíces incaicas (https://www.youtube.com/watch?v=cBdW9aoBlmU).
Cosas de la vida.


