
Bueno, tenía que ser así. El abandono de una actividad deportiva como el vóley en los últimos años ha rendido sus frutos con lo sucedido ayer. Tal como el fútbol (deporte que se ha convertido en atractivo a la fuerza de lo económico), el vóley fue un deporte que fue maltratado por los medios, la dirigencia y el público. El ascenso del vóley en los 60 con el maestro Akira Kato significó un camino sostenido y silencioso que se vio en las olimpiadas de México (al quedar cuartas), los numerosos campeonatos sudamericanos ganados y los buenos puestos obtenidos en diversos panamericanos. El corolario de este proceso se dio en los Juegos Olímpicos de Seúl, donde nuestro equipo quedó en segundo puesto. Lástima que quedamos en segunda posición. Desde entonces comenzamos el descenso, precisamente durante el primer gobierno de AGP, uno de los más infaustos gobernantes que haya tenido nuestro país. Ese 1988, como todas las instituciones de nuestro país, comenzó a hacer agua. Hacia 1990, cuando AGP salía del gobierno con una hiperinflación, economía devastada, el vóley se venía abajo. Como miles de peruanos que se iban del país a buscar un futuro mejor, lejos del desastre económico y las bombas de sendero, nuestras jugadoras emigraron a diversas partes del mundo a buscar estabilidad económica y social. Al no tener un equipo permanente, el famoso "trabajo en equipo" no resultó, por eso ya no fuimos a Barcelona y, como los mediocres equipos de fútbol que tenemos hace décadas, nos convertimos en la cenicienta deportiva. Desde el 92, nuestro equipo ya no ha vuelto a pisar una cancha olímpica. Nuestras jugadoras están en diferentes clubes del mundo, algunos de los cuales permitieron el crecimiento deportivo en esa disciplina como Italia. Otras están en clubes de dudosa calidad.
