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Trujillo, La Libertad, Peru
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domingo, 5 de julio de 2026

PUERTO MALABRIGO O PUERTO CHICAMA, UN MUNDO DE POSIBILIDADES (CRÓNICA DE VIAJE)

  



Domingo 28 de junio. Tras la experiencia de Sechín siendo visitado con el transporte público para ver los servicios que debe tomar una persona que quiera desplazarse de manera económica para hacer turismo en nuestra región y el país, decidimos Alfredo y yo ir a Puerto Malabrigo, lugar al cual había ido anteriormente con mi auto recientemente. La idea era poder conocer las facilidades que puedes tener de manera económica para acceder a muchos lugares con potencial turístico. Y Puerto Malabrigo era uno de esos. La primera vez que estuve en este puerto fue en 1974 cuando vine con Carlos Miranda, un amigo de colegio que se había instalado en Trujillo en una familia de aquí. Fuimos a ver una fábrica de harina de pescado que comenzaron a crecer en la zona (en la actualidad hay algunas que vimos en mi anterior visita). Otras veces fui para disfrutar de la playa en los 8, cuando íbamos en tropa familiar. Y luego ya este siglo fui con algunos amigos y Maria quien, como arquitecta, quería ver la arquitectura de la zona de clara influencia alemana, pues era parte del circuito de producción y distribución de Casagrande que usaba este muelle para la exportación de azúcar. En esa visita pudimos ver cómo la influencia alemana se puede ver en diversas edificaciones como las estaciones de Pacasmayo y la de Puerto Malabrigo. Esta es mi crónica de viaje de esa visita: https://elrincondeschultz.blogspot.com/2015/02/pacasmayo-san-pedro-de-lloc-y-puerto.html. También hay que leer el interesante libro La política británica en la Guerra del Pacífico de Enrique Amayo (https://www.gbv.de/dms/sub-hamburg/042748240.pdf), quien nos describe todo el movimiento realizado, de manera competitiva, entre el Imperio Británico y el naciente Imperio Alemán por adueñarse de recursos básicos en Sudamérica, razón por la cual una familia de origen alemán, los Gildemeister, iba a ser la propietaria de este gran ingenio azucarero. Quizás por razones del destino, Casagrande pudiese haber caído en manos británicas. Cosas de la historia.

Volvamos a nuestro itinerario. Con un taxi nos fuimos al Óvalo Larco a tomar un bus que va en dirección de Paiján y Puerto Chicama (así se lo conoce más). Aunque no es su paradero inicial, sí va relativamente vacío. Además, como era domingo, no había mucha gente. Todavía. A medida que iba yendo por la Av. América, más gente iba subiendo y cuando tomamos la Av. Túpac Amaru o José Condorcanqui desde el Óvalo Mochica. Nos iba a tomar un poco más de una hora en llegar a nuestro destino, pues se iba a detener en ciertos lugares a subir o bajar pasajeros (https://www.google.com/maps/dir/Emtrafesa+-+Agencia+%C3%93valo+Mochica,+Av.+Pablo+Casals+105,+Trujillo+13011/Puerto+Malabrigo/@-8.0757242,-79.0571194,4859m/data=!3m1!1e3!4m14!4m13!1m5!1m1!1s0x91ad3deb2bc87bcb:0xe13a1773808dc04!2m2!1d-79.0388412!2d-8.094563!1m5!1m1!1s0x9052aa4d8ce0d5ed:0x9899f81acf47dbda!2m2!1d-79.4338188!2d-7.7001724!3e0?authuser=0&entry=ttu&g_ep=EgoyMDI2MDYyOS4wIKXMDSoASAFQAw%3D%3D). La parada más larga fue en Paiján, donde descendió la mayoría de pasajeros. Seguimos nuestra trayectoria ya hasta nuestro destino final, el último paradero, el cual no está muy lejos de nuestro objetivo de viaje: el muelle de Malabrigo y los restos de la estación de carga del lugar. Al llegar, cada uno hizo lo que quería hacer: Alfredo, grabar su video; yo, hacer fotografía de lugares interesantes. Así pues, di una vuelta más extensa de los espacios en los cuales se encontraban los almacenes, los espacios de descarga, los talleres donde se reparaban y alistaban las locomotoras o los vagones carga. 



Históricamente, este territorio tiene una larga ocupación humana desde tiempos precolombinos como lo indica estos textos: https://www.elbrujo.pe/blog/territorio-y-sociedad-indigena-en-el-valle-de-chicama-del-siglo-xvi#. Como se indica en el texto, “[..] la comunidad indígena de Malabrigo continuó realizando sus actividades económicas tradicionales como la pesca, la explotación de sal, el salado de pescado y el intercambio de este recurso marino por productos agrícolas, dado que no poseían tierras que cultivar. Al sur, las reducciones de Cao y Santiago estaban habitadas por familias de campesinos y presumiblemente también de pescadores que aprovechaban el amplio litoral. Por otro lado, los pueblos de tierra adentro como Chocope era el lugar de vivienda de los agricultores, quienes progresivamente incorporaron el cultivo masivo de plantas foráneas como el trigo y, por supuesto, la caña de azúcar. [..]”. Luego, ya en época de la república, tenemos otra historia interesante: “[..] Conocido como Mamape hasta 1830 aproximadamente, adopta el nombre de Puerto Malabrigo cuando una embarcación que hacía el trayecto Colombia - Panamá encalla en la isla Macabí y naufraga debido a la fuerte tempestad nocturna. Los tripulantes que en primer momento intentaron nadar hasta la orilla fueron rescatados al día siguiente por nativos del lugar, quienes los condujeron a la playa de “La Punta”.  Entre los náufragos estaba un español de origen barcelonés de apellido Malabrigo el cual contrajo matrimonio con una lugareña y juntos abrieron un restaurante que llamaron “Malabrigo”, este restaurante fue muy concurrido por los pobladores del Valle Chicama; tanto fue la influencia que no se decía vamos a Mamape, sino vamos a Malabrigo, así se quedó con ese nombre. El nombre de Malabrigo duró hasta 1915, año en que fue reemplazado por el de Puerto Chicama, debido a una serie de cambios que el gobierno de la época introduce, entre ellos concede a la Hacienda Casagrande el derecho de construir servicios, libertad de importar y exportar mercaderías y sus azúcares, construir una vía férrea que conecte Malabrigo con Casa Grande, entre otros. [..] (https://www.academia.edu/23885634/Malabrigo_Puerto_Chicama). Fue, pues, a finales del siglo XIX e inicios del XX fue el esplendor de este lugar. Ingentes cantidades de azúcar era exportada y diversos productos importados llegaban a este sitio. La edificación del complejo aduanero es muy parecida al de Pacasmayo: estilo alemán. Al llegar al lugar luego de una breve marcha nos dirigimos a esos abandonados almacenes en el que se aún maquinaria abandonada. Recuerdo cuando estuve en Eten una oportunidad, tuvimos la oportunidad de visitar un parque ferroviario con muchas locomotoras y vagones abandonados. Estaban tratando de hacer un parque temático en el lugar y era muy interesante. Eten tiene un puerto muy atractivo y llegar con el tren hasta sus instalaciones debió haber sido un espectáculo fascinante. Sólo queda el muelle como un recuerdo de su esplendor también. Aquí está mi crónica que narra esa visita a este interesante lugar en Eten en noviembre del 2014 (https://elrincondeschultz.blogspot.com/2015/01/cronicas-lambayecanas-2-el-ferrocarril.html). Con la familia Gildemeister Casagrande llegó a ser una de las mayores productoras de azúcar del mundo y usaba este muelle para su exportación. El complejo constaba del Muelle aún en uso, pero que está bastante deteriorado y algunas partes cuenta con algunas reparaciones bastante cuestionadas: el muelle tiene varios rieles, algunos vagones de carga y maquinaria para descarga; este fue construido por el ingeniero alemán Helmuth Bolzmann en 1917. Desde allí operaban locomotoras a vapor que transportaban los sacos de azúcar por rieles desde las fábricas de los valles hasta las bodegas frente al mar, donde los enormes barcos los esperaban. 



Se contaba con un ferrocarril que traía y transportaba principalmente azúcar a los almacenes de Acopio, donde se guardaba el azúcar antes de ser exportada. Actualmente, algunos de estos restos arquitectónicos aún se pueden observar en el balneario, pero están es estado de total abandono e, incluso, se ha cometido un pillaje y pintan sus paredes o las locomotoras. Cuando visité el lugar en 2014, varias locomotoras estaban protegidas con un plástico, ahora está todo el material expuesto. Una pena. Lo que sí es que se ha catalogado todo lo que queda de maquinaria. Ojalá haya algún plan para mantener este patrimonio. Mientras esperaba a Alfredo que terminara de filmar su material, fui bordeando los almacenes hasta ver a lo lejos los restos de un cementerio antiguo, el cual ha caído en desuso. Aquí hay unos cuantos datos más: https://www.facebook.com/historiadecasagrande/posts/puerto-malabrigo-y-linea-ferrea-casa-grande-cuando-era-administrada-por-los-gild/122102155112639926/. Actualmente se usa otro que no se halla lejos del antiguo (https://www.google.com/maps/place/Cementerio+de+Malabrigo/@-7.6994216,-79.4315211,362m/data=!3m1!1e3!4m6!3m5!1s0x9052abac9d000001:0xa186eb1040a92654!8m2!3d-7.6992712!4d-79.431181!16s%2Fg%2F11y7cl4gtq?hl=es&entry=ttu&g_ep=EgoyMDI2MDYyOS4wIKXMDSoASAFQAw%3D%3D). El cementerio tiene muchas tumbas abandonadas, algunas colapsadas; incluso en un mausoleo bastante antiguo parecía tener un ocupante nocturno, pues había un colchón y ropa vieja. Como dice Bécquer, “qué solos se quedan los muertos”.  




Luego de ver algunos detalles más, decidí retornar para irnos ya al muelle. Lo que vimos sí fue un poco preocupante: muchas aves guaneras, sobre todo pelícanos, sobre el muelle. Espero que no sea un mal síntoma, pues cuando veías muchas de estas aves muy cerca de los puertos de pesca es un indicio de escasez de peces por los cambios de clima. Se anuncia un Fenómeno del Niño bastante fuerte y ver estas aves me parece un mal presagio; no por ellas, sino por lo que significa. Espero estar equivocado. 


Una vez culminada nuestra visita a este complejo añejo nos fuimos a almorzar a uno de los numerosos restaurantes que hay. Lo malo es que te sirven la comida un poco picante, algo que ya no puedo disfrutar como antes. Pero no dejaba de estar rico, fuera del hecho de que era ya las dos de la tarde y el hambre apretaba. Una vez satisfecho nuestro apetito, nos fuimos a tomar las últimas fotos al malecón recordando las veces que estuve en este lugar y haber comido en un restaurante (el único) de un señor que se hacía llamar El Hombre. Comimos unos cangrejos reventados con sabor a cielo. Esos años. Nos fuimos al paradero inicial de los buses en la calle Tarapacá con Alfonso Ugarte para iniciar nuestro retorno que duró un poco más de una hora. La brisa marina y la caminata fueron lo suficientemente contundente para tomar un buen descanso, una siesta que no fue perturbada por el movimiento del bus. Llegamos a Trujillo casi a las 5 PM. Una buena visita a este sitio con mucho potencial. A ver quién le pone el cascabel al gato.



LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 05 DE JULIO)

 


En los últimos días, por una u otra razón, he estado involucrado en diversos quehaceres vinculados a una de las labores más diversa y que compromete a más población y negocios de todo tipo de una ciudad, región o un país: el turismo. Esta actividad humana, originada en la antigüedad y que se fue formalizando como tal desde el siglo XIX en adelante, es una ocupación reconocida como una verdadera industria sin chimeneas que moviliza a millones de turistas y en torno a la cual hay otros tantos millones de personas que viven directa o indirectamente de esta: hoteles y todos los negocios alrededor de este servicio; transporte público y privado; restaurantes; mercados; sitios arqueológicos, monumentos históricos; servicios turísticos; agencias de viaje; líneas aéreas, terrestres o marítimas; incluso hospitales o clínicas, las que han tenido un turismo especializado como las de reposo, cirugía estética o trasplante capilar. O la de conferencias y convenciones profesionales o industriales; agencias de marketing y comunicación. Una verdadera maquinaria que muchos países han sabido segmentar y que nuestra nación ha explotado en el rubro de la gastronomía y la arqueología en el Sur peruano. Machu Picchu es un sitio arqueológico imbatible no sólo a nivel nacional, sino internacional. ¿Cómo está Trujillo y nuestra Región? Hemos estado comentando recientemente situaciones críticas para esta ocupación por una serie de factores adversos: inseguridad, carencia de servicios de calidad o la nula presencia de ellos, escasa formación de personas ligadas al rubro, delincuencia “institucionalizada”, sistema vial muy deficiente, carencia de propuestas alternativas y complementarias a algunas actividades ya posicionadas en calendarios turísticos o, lo más triste, la extinción de estos. En el caso último, tenemos la desaparición de muchos festivales que le dieron a Trujillo el eslogan de la “Ciudad de la Cultura” o la destrucción de sitios arqueológicos como la lamentable desaparición del geoglifo Triple Espiral en la quebrada de Santo Domingo por traficantes de tierras; ejemplos de potencialidades perdidas para nuestra ciudad. En una reciente visita a Puerto Chicama, tuve la oportunidad de registrar con más calma todo ese parque ferroviario que tuvo en su momento de esplendor con el boom del azúcar. Luis Repetto, fallecido gestor cultural, tuvo la intención de crear un circuito temático de toda esa antigua maquinaria que dieron opulencia industrial al valle de Chicama: añejos alambiques, locomotoras y vagones de antaño, muelles. Eten y Tacna han hecho zonas temáticas al respecto. Dos exposiciones-conversaciones con Iván La Riva nos mostraron la riqueza natural, histórica y humana de la costa, sierra y selva (¡la hay!) de La Libertad. Bellezas que esperan gestiones bien planificadas y sostenidas, sensibilizadas y comprometidas para que esta industria beneficie a más personas. Hay que fajarnos los pantalones.


miércoles, 18 de febrero de 2015

PACASMAYO, SAN PEDRO DE LLOC Y PUERTO CHICAMA, MÁS TESOROS ESCONDIDOS

El domingo 08 iniciamos nuestro regreso escalonado a Trujillo. Tomamos desayuno temprano con el fin de ganar tiempo y poder ver el mayor número de sitios de interés o rincones escondidos (como así fue). He ido esporádicamente a esta ciudad para conocer su historia y disfrutar sus playas. Recuerdo que hace ya más de 30 años fuimos a hacer una sesión de fotos con mi hermana y otros amigos. Y buscábamos locaciones para hacer fotos interesantes. En nuestra búsqueda fuimos en dirección hacia el faro de la ciudad, pero su acceso está limitado. Releyendo el libro El Perú a toda costa de Ricardo Espinosa, el faro se halla en una punta rocosa que se llama Punta del barco perdido, pero la gente la llama, obviamente, Del faro. Ahí se ha construido un hotel que a lo lejos invita a ir, El faro; así que nos fuimos en su búsqueda. Sin embargo, no logramos hallar el dichoso hotel (quizá falte una clara señalización) y nos adentrábamos en lugares que no nos parecían muy amigables. Así que dimos vuelta y nos fuimos a otro lugar al cual había ido en 1986 y del cual pude contemplar una bella vista de la bahía: el cementerio. Cruzamos la ciudad (se encontraba en el cenit de nuestra original ubicación) y pedimos datos para acceder al mismo. Como era domingo y, además, con una fiesta religiosa en ciernes, muchas calles estaban cerradas; tuvimos que indagar por otra vía de acceso. Tomando la salida al norte, doblamos por un camino de trocha. Íbamos a ingresar por la parte posterior del  lugar. Los cementerios son espacios en los que se puede ver la historia y los cambios de una ciudad, de su sociedad. Los cuarteles son bastante variopintos y tienen algunas inscripciones que nos llamaron mucho la atención. Como recuerdo entrañable, las personas dejan inscripciones con la palabra “Hola” más el nombre o el apodo de la persona sobre las lápidas de las tumbas de sus muertos. Frases como “Hola papi”, “Hola Ramón” u “Hola huachano” se ven escritas en los intersticios de los cuarteles. Simpático gesto para mantener la memoria de los idos. En el patio central hay un Cristo grande que emula al de Río de Janeiro. Pero lo más bonito es la entrada principal que desde el interior puede verse el mar como última despedida para todos aquellos que yacen en este terreno. 



Siempre hay detalles que malogran un lugar: hay un muro exterior que delimita al camposanto con unos simpáticos jardines; en el muro se ha pintado la evolución religiosa de la humanidad cristiana y, como punto culminante de la misma, está el alcalde que mandó a hacer este mamarracho del brazo de Claudia Schiffer. Un espanto. Lo malo, y es una costumbre en todo el Perú, la vista desde este lugar sería hermosa si las casas y edificios de la ciudad estuvieran todos enlucidos. Es increíble ver construcciones que se jactan de ser de avanzada arquitectónica, pero sus laterales muestran todos los ladrillos sin enlucir. Y lo ves en todas partes de nuestro país. Si una sola ciudad diera el ejemplo, las demás comenzarían con una verdadera campaña de embellecimiento. Es un derecho del hombre gozar de la belleza y no sufrir por la fealdad forzada a lo que se nos obliga a vivir.



Dejamos Pacasmayo, cruzamos la agonizante instalación de Cementos Pacasmayo (la principal producción se ha desplazado a Piura, a Sechura más preciso) y nos fuimos a San Pedro de Lloc. Este lugar recibe el nombre de un príncipe, Lloc, que peleó contra los chimú en su expansión; y de San Pedro (originalmente era Santiago, nombre puesto por los curas agustinos), nombre apropiado de un hombre pescador como los antiguos habitantes de la zona.  Llegamos promediando las 10 de la mañana. San Pedro estaba en su iglesia mayor, ya que es un día festivo católico. Gracias a esto pudimos ver la iglesia colonial que tiene, ya que esta ciudad era mucho más importante en la colonia que Pacasmayo. Recuerdo la bella plaza que tenía, pero un alcalde se le ocurrió la idea de cambiar el lugar por uno más moderno. No sé quién ha hecho creer que las autoridades son doctos en estética y diseño arquitectónico. La iglesia matriz de San Pedro se halla, en la actualidad, frente a una plaza a la que se la ha rescatado, parcialmente, de una estupidez más de autoridades incompetentes que se meten en lo que no saben. La iglesia data del siglo XVII y posee un interesante altar barroco. Pero el edificio se está viniendo abajo, por lo que las autoridades han puesto tensores con el fin de evitar el deterioro y desplome. Pero se necesita urgente la participación de expertos en arquitectura religiosa y restauración para no cometer errores en este bello edificio de adobe. Ya hay partes intervenidas con el fatal cemento. La misa que se estaba celebrando era bastante larga por lo que no quisimos más perturbar el culto y nos dirigimos hacia la alameda de ficus que marca la entrada (o salida, depende como lo veamos) y vimos un interesante monumento de los italianos residentes en el Perú en homenaje al notable peruanista que fue Antonio Raimondi, quien vivió sus últimos años aquí. La entrada es preciosa y hubo algunos intentos de querer talar esos árboles centenarios para ampliar y modernizar el lugar. Uno siempre recuerda este lugar por su bella entrada, quizá la más bella de todo el Perú. Y un energúmeno con aires de “modernidad” quería tirárselos abajo. Que se pudra.





De ahí nos fuimos a ver el jirón Dos de mayo, la calle que encierra el conjunto de casas más bello de la pequeña ciudad. Quisimos ver la casa museo de Raimondi pero estaba cerrada. Sin embargo, había más casas con bellos zaguanes exteriores y puertas de madera con detalles tallados con primor. Alguien con una visión más grande podría crear un verdadero paraíso de descanso para gente que quiere huir del mundanal ruido creando una suerte de hotel-ciudad boutique, tan de moda ahora. 





Luego de dejar que Marc, el profesor de francés, haga sus últimas alabanzas en el santuario, nos dirigimos hacia Puerto Chicama.
Llegamos a la hora del almuerzo. Hicimos un aperitivo de frutas y nos fuimos a ver su muelle y, para sorpresa grata nuestra, nos encontramos con varias locomotoras y otros tantos vagones de fabricación alemana, por lo general. Esta zona, llamada también Malagrigo, acoge a muchos turistas surferos. Es un segmento muy especial y que ha generado toda una industria hotelera y de servicios en torno a ello. La recuerdo hace años como una zona abandonada, con pocas facilidades y servicios. Recuerdo haber comido el mejor cangrejo reventado en un restaurante llamado El hombre, como se hacía llamar el dueño de entonces, un viejo pescador. Ahora ya cuenta con hoteles casi de lujo y el lugar se ha encarecido. Pero no creo que sea un segmento de turistas que le guste mucho la historia y la arquitectura, materias con las que no los veo identificados. Puedo equivocarme, espero que así sea y haya una buena iniciativa para su rescate. Una  cadena de museos de la historia de la tecnología ferroviaria podría ser una solución e iría desde Eten hasta Ancash, inclusive. Aquí, en medio de la intemperie y con la erosión eólica de un viento marítimo agresivo (por eso se llama Malabrigo) vemos cómo se va acabando estas bellezas, pese a estar cubiertas con bolsas de plástico. Almorzamos un buen cebiche e iniciamos nuestro camino de retorno a Trujillo.





Un norte chico de La Libertad. Vaya joyas para cuidar.