

Viernes Santo 03 de abril:
el día clave para mí. El año pasado tuve el implante de una prótesis en la
cabeza del fémur de mi pierna izquierda y estuve en terapia por meses para
robustecer mis músculos. Tras esta larga recuperación, me tocaba el reto de
probar mi restablecimiento muscular. Además, ya no soy el joven que aventuraba
a cruzar desiertos, subir colinas u otros desafíos adrenalínicos. Me vino a la
memoria los primeros años de mi trabajo en el Colegio Fleming cuando enseñaba
el curso de Geografía e Historia para mis alumnos de secundaria; solía hacer
mis clases sobre recursos logísticos y naturales en Salaverry en el que
visitábamos las instalaciones portuarias y nos íbamos a comer, tras la clase,
un improvisado cebiche para los chicos que terminaban un poco cansados por la
marcha por el puerto y la visita a algunos hangares. A estos adolescentes en
crecimiento líquido y alimentos les caían de perillas. La clase que me salió
redonda fue con los chicos que estaban en II año (que el año pasado celebró sus
30 años de haber culminado su colegio ¡Qué bárbaro!), pues nos subimos hasta el
faro y desde ahí hice la clase mostrándoles todo lo posible, las instalaciones
de combustible, el puerto, los hangares: una perspectiva maravillosa. Recuerdo
que fueron todos los chicos, más la directora de entonces, Rosalía Carrera (tan
linda como fue) y Lutgarda Reyes (tan loca ella). Un paseo educativo. Además,
se bañaron en el mar y comieron su cebiche. Una clase redonda. Todo eso me vino
a la memoria cuando íbamos en el taxi con Alfredo para encontrarnos con un
amigo fotógrafo, Erick, en la Plaza principal para comenzar el ascenso con el
fin de cruzar ese morro-duna que separa la ciudad de los humedales. Previamente,
nos habíamos levantado temprano, con nuestro desayuno en nuestra mochila de
cámaras, bastante agua, nuestra ropa y zapatos especiales, mucha crema
bloqueadora y bastante repelente contra los insectos. La idea era ir temprano
para evitar la contundencia del sol y calor durante la subida inicial. Como llegamos
unos minutos antes, fuimos a buscar más botellas de agua y pude, por fin,
visitar por primera vez desde mis tiempos trujillanos ingresar a la iglesia de
Salaverry.


Como dice el texto al respecto: “[..] En el interior, la iglesia
alberga un altar mayor de madera tallada, decorado con imágenes religiosas y un
retablo de estilo barroco. Las paredes están adornadas con pinturas y
esculturas que representan escenas bíblicas y santos patronos. La iglesia también
cuenta con un campanario, desde donde se escuchan las campanas que anuncian las
horas y los eventos religiosos. [..]”. (https://www.facebook.com/100064798714044/posts/iglesia-de-salaverry-historia-fe-y-arquitectura-en-per%C3%BAla-iglesia-de-salaverry-u/976698107833471/).
Además, pudimos ver una casa de madera en un muy buen estado, muy bonita. Una
vez hice una visita con Maria para ver las construcciones con palafitos que
vimos en Negritos, Talara, Piura. Interesante. Con Erick, nos encontramos en la
plaza para ultimar detalles.


El ascenso
iba a ser una verdadera prueba de fuego para nuestros físicos, nuestra
perseverancia, nuestro interés y curiosidad hasta llegar al faro. Aunque
Alfredo (dos veces) y Erick (una vez) ya habían visitado el lugar en diferentes
momentos para ver los flamencos que suelen usar este lugar como parte de su
migración, me acompañaron para vivir la nueva experiencia. Erick había llegado
por otro lugar por lo que este ascenso fue nuevo para él también. La subida fue
una verdadera penitencia para los tres. La arena se deslizaba ante nuestras
pisadas e íbamos tanteando algunas zonas donde la arena estaba más húmeda o
había alguna roca oculta para poder avanzar. Hicimos varias pascanas para tomar
agua y fotografiar este bonito paisaje en el que se una parte de arenal y la
frontera verde de terrenos de Chavimochic. A esa hora aún había una bruma que
ocultaba algunos paisajes que luego veríamos más claramente a nuestro retorno. Hubo
más personas que iban llegando y algunas que retornaban. El lugar va ganado
cada vez más adeptos, pues ahora la municipalidad del lugar ha puesto una
señalética simple, pero necesaria para que guíe a los visitantes. Pero también íbamos
viendo ya varios estragos en el camino como botellas plásticas vacías de agua y
también bolsas plásticas de galletas u otras golosinas. La pesadilla de los
santuarios naturales: el turista que no tiene la menor idea del impacto que
causa a estos espacios con la basura que generan. La historia de Uripe es
reciente, pues nace del desarrollo de CHAVIMOCHIC por el incremento de la napa
freática al haber más agua gracias a este proyecto. También ayuda un poco la
presencia del molón que es la principal pesadilla de la erosión costera de
nuestra región. Así como la laguna de Conache, este espacio ha permitido el crecimiento
como un gran humedal. Recuerdo que esta zona la llamaban Playa Fósil tal como
leí detalles que estaban en la famosa colección Documental del Perú en los 60 y
70. En el tomo La Libertad, leí sobre esta información hace muchos años y he
tratado de buscar esta información para corroborar estos datos. Espero que
algún día las halle. Uripe es un gran potencial para nuestra región, pero debe
ser cuidado al tener un ecosistema bastante sensible y ser amenazado por la angurria
humana. Aquí datos de este espacio: https://es.scribd.com/document/648986442/ponencia-humedales-2-febrero-2022.
Este humedal es un paraíso para los observadores de aves, el paraíso para los
ornitólogos. Se pueden ver varios tipos de aves, siendo las más atractivas: los
flamencos. Ese fue uno de los principales móviles de nuestra visita tal como lo
explica Alfredo en su video: https://www.youtube.com/watch?v=DWida3G-M6E&t=1s.
Además, vimos las huellas de la maquinaria pesada que ingresó ilegalmente a la
zona en el 2024 con el fin de drenar la zona (https://cooperaccion.org.pe/alarma-por-la-destruccion-del-humedal-de-uripe-en-salaverry/).
Uno es testigo de toda la riqueza natural entre fauna y flora que ha crecido en
la zona. La verdura frondosa y floreciente, y la presencia de pequeños insectos
y mariscos (https://unach.edu.pe/rcnorandina/index.php/ciencianorandina/article/view/282)
en las ciénagas del lugar son el alimento de miles de aves que llegan al lugar,
así como los pequeños reptiles y mamíferos que recorren el lugar; eso lo
pudimos constatar con las numerosas huellas que vemos en las zonas arenosas.





Algunas
aves utilizan, al parecer, como zona de anidación. Cuando íbamos buscando aves
para tomar fotos, algunas reaccionaron amenazantes al sentir, obviamente, que
estábamos violentando su territorio. Me hizo recordar cuando algunos huerequeques
usaron un espacio con arena en un colegio local para su anidación. Teníamos que
cuidar que los estudiantes no molestasen la crianza de los huevos de estas
bonitas aves. Nos movíamos sigilosamente para evitar molestar más a las aves. A
la distancia había dos flamencos, los cuales huyeron espantados por la bulla de
los visitantes a los cuales hay que advertir cómo deben comportarse en espacios
como estos. Hay mucho por hacer. Lo que sí pudimos constatar que los flamencos,
que en las visitas de Alfredo los había en cantidades, en esta oportunidad brillaban
por su ausencia. Luego nos enteraríamos que no era la temporada de estas aves.


Iniciamos
el camino de regreso y tomar otro sendero para ir a la orilla del mar. Estaba
lejos y ya estábamos agotados; además el hambre nos apretaba a todos y se había
hecho una reserva en un restaurante del lugar que tiene mucha clientela. Nos
tocaba regresar. El retorno no es tan complicado como el ascenso desde la plaza
hasta el faro. Pero el cansancio, la arena en los zapatos, la sed y el peso de
nuestros equipos ya nos estaban pasando factura. Las personas que hacían una
visita rápida venían casi descalzas y poco cubiertas. Creo que ya estaban acostumbrados,
pero no estoy muy seguro de que uno pueda escapar de un accidente lamentable,
pues en algunos espacios vimos restos de porcelana rota, astillada. Peligroso.
El descenso fue a toda velocidad, ya en el descanso para subir al sitio nos
limpiamos nuestros zapatos y medias: casi una duna completa. Subimos a la
camioneta de Erick y nos fuimos al restaurante Ají Causa (https://www.facebook.com/AjiCausaRestaurante?locale=eu_ES),
el cual me hubiera gustado disfrutar sus platos principales (cebiches y otros),
pero como me operaron de las cuerdas vocales, debo abstenerme de comer muchas cosas
entre ellas lo picante, la cebolla cruda y los cítricos. Esto ya no es vida.
Terminado nuestro almuerzo, Erick
nos dejó en la plaza de Moche para tomar un taxi el cual llegó rápidamente. Regresamos
a casa bastante cansados, abatidos por la jornada.
Cosas que debe hacer la
Municipalidad de Salaverry: no sólo difundir el lugar, sino contratar un personal
para hacer limpieza cada cierto tiempo (botellas, envases, diversos, restos de
zapatos rotos, incluso restos de construcciones); enseñar a los visitantes a
cómo comportarse para observar las aves u otros animales del lugar; sensibilizar
a la gente para cuidar este patrimonio contra las personas o instituciones
inescrupulosas que quieren apropiarse de este lugar. Es momento de que este
espacio sea declarado Reserva Natural, delimitar sus fronteras e invertir en
una mejor señalética para ser incorporado como un circuito turístico de la
región. La población de Salaverry ganaría mucho con ello.
Fin de nuestro Viernes Santo-