lunes, 8 de diciembre de 2008

VIAJE SUFRIDO A HUARAZ



Huaraz es una ciudad extraña. Hacía exactamente 9 años que no había ido por esta parte del país y gracias a la insistencia de Melissa (¡cómo la extraño!) decidimos ir al Callejón de Huaylas. Como decidimos el viaje un poco precipitados, tuvimos que dirigirnos a una agencia de viajes. Eran los días feriados de año nuevo; íbamos a despedir el 2007 y recibir el 2008 en las alturas. Salimos el 29 de diciembre en un bus relativamente cómodo. nos esperaba casi 8 horas de un viaje que podría ser más corto si las autoridades se decidieran hacer la carretera por Casma (muchos amigos me han dicho que ese sí es un viaje de paisajes extraordinarios). Llegamos a Huaraz a las 7 de la mañana e inmediatamente nos fuimos al hotel; un suculento desayuno después del merecido baño nos preparó para comenzar el día. No bien habíamos culminado nos dieron los nuevos datos, ya que nos habían dicho que por razones de fuerza mayor nuestro paquete había sufrido cambios. A remar.

Subidos en una combi con otros pasajeros, nos fuimos a un bosque de rocas (Hatun Machay) que quedaba camino a la laguna de Conococha. Primero se hizo la gestión del almuerzo, teníamos que asegurarlo ya que se planeaba regresar tarde, exhausto y hambriento. Conococha es una laguna extraña, rodeada de un vegetación poco frondosa (por la altura) y presentaba algunas zonas de su espejo de agua con congelamiento. Cuando salimos, el frío y la lluvia corrió a algunos de nosotros a nuestra movilidad. Ahora sí, nos íbamos a nuestro objetivo principal. Pero ya en el camino nuestro guía nos iba advirtiendo que él había frecuentado escasamente este lugar, aún así abrigaba la esperanza de que la íbamos a pasar bien.
Encontramos la ruta y comenzamos a ascender lentamente por la sinuosa trocha. A medida que íbamos avanzando, una densa niebla comenzaba a caer sobre la zona. Muchos no nos dimos cuenta que practicamente con ese fenómeno climático, nuestro paseo había acabado. Seguimos ascendiendo un poco más para ver algo del impresionante paisaje. Sólo niebla blanca y algunas siluetas difusas de grandes piedras. Avanzamos casi media hora más y nuestro guía se declaró literalmente perdido. Ni modo. Algunos bajamos por apremios primarios. La niebla permitía a muchos de nosotros ocuparnos con comodidad; las chicas tenían un poco más de problema (Freud en estas situaciones tiene razón). Luego, cuando ya veíamos el paseo abortado, decidimos aprovechar algo; algunos soltaron la peregrina idea de caminar por ahí; Melissa, ducha en la materia, nos llamó a la reflexión: perderse en esa niebla era fácil y podía complicar a todo el grupo en su retorno. Así pues, decidimos nuestro retorno.

Almorzamos en el lugar pactado. Bastante decepcionados, regresamos a Huaraz, pero pedimos ir a Monterrey en vez. Un poco de aguas termales para relajarnos. Pero lo que vimos sí fue ahondar más nuestra colectiva frustración. Melissa, Gustavo y yo mirábamos lo que alguna vez fue un lindo hotel con cálidas instalaciones. No. De los baños queda poco, sus servicios dañados o casi colapsados; en algunas las herrumbres y los óxidos hacen de ese espacio un lugar peligroso. Los baños no tienen ni punto de comparación con los Baños del Inca de Cajamarca. Decadencia total. Así que resignados regresamos a nuestro hotel para comer algo. Con vino y simpática comida terminamos el primer día.

CHAVÍN DE HUANTAR

Luego de un nefasto primer día, salimos a Chavín. Recordaba la ruta como algo muy accidentado, sin pavimentar. La primera vez que fui fue en 1985. Chavín no tenía servicios básicos decentes; ahora es otra cosa. La carretera está en varios buenos tramos bien tenida. El ascenso es sorprendente y tienes paisajes extraordinarios que merecen que vayas observando todo para no perder detalles. Llegamos a la laguna de Querococha e hicimos un buen alto en el viaje. Alucinante, luz solar límpida en un aire frío (estamos a más de 3 mil metros de altura) irradiaba todas las cosas, animales, personas, el lago. Seguimos nuestro camino. nos detuvimos a comer en un buen restaurante en el camino, poco antes de ingresar a Chavín. Comimos bien y barato: trucha, chicharrones, frutas del lugar.

Culminada nuestra opípara comida, nos fuimos a Chavín: llena de negocios, hoteles, restaurantes, se ha vuelto una suerte de Meca del turismo nacional y del internacional que visita nuestro país. El lugar estaba lleno y eso hacía un poco difícil la visita de las instalaciones. Como teníamos varias guías (libros) buenas, decidimos ir por nuestro lado, ya que en el grupo iba un grupete de niños majaderos que interrumpían las explicaciones. Chavín sí es un lugar magnífico y ha sido muy grato para mí hacer este reencuentro con este mágico espacio. Hay ahora nuevas secciones abiertas, profundo túneles que han sido descubiertos, luego de haber estado miles de años en el olvido e incluso sepultados. Hay zonas que tienen buena iluminación eléctrica, pero siempre hay vándalos que quieren convertir algo de esta histórica zona en su recuerdito del viaje. Idiotas.

A lo lejos oíamos los truenos, se acercaba una buena lluvia; fuimos apretando el paso. Nos apuramos para ver el pequeño pero interesante museo de sitio; hay piezas hermosas que necesitan urgente una restauración; en verdad, están ahí perdidas en la nada y en otros lugares serían piezas valiosas de sus colecciones museográficas. Es notable el trabajo en piedra (lo vi en los Huamachuco, pero éste es un pueblo que se desarrolló casi 2 mil años después).

Nos fuimos a nuestro bus y, de repente, la lluvia comenzó a caer en toda su furia, pronto las calles de la ciudad se anegaron.

En el retorno hablábamos con el guía sobre otros interesantes viajes de la zona. Pero lo más interesante y bello estaba por venir. Antes de entrar al túnel, el guía nos dijo que si para la parte de donde nosotros regresábamos estaba bajo la lluvia, al otro lado del túnel nos íbamos a encontrar con nieve. Creo que pocos lo escucharon. Pasamos el túnel y un manto blanco cubría las laderas de las montañas como parte de la carretera. Simplemente bello. Melissa estuvo feliz y nostálgica. Creo que la naturaleza nos enseña que la belleza está ahí y que debemos regresar a ella. Con este viaje cerramos el 2007. Cuando llegamos a Huaraz, nos preparamos para nuestra última cena del año y comimos rico entre abrazos y buenos deseos. Chavín de Huántar nos enseñó que sí podemos cumplir con nuestros mejores deseos.
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