viernes, 12 de diciembre de 2008

HUARINGAS, MAGICAL MISTERY TOUR (1)



Un viaje alucinante. Viaje a las entrañas. No sé. Quizá otros clichés más podrían ponerse a este periplo por las montañas de Piura que le permiten reconocer en uno algo de zafado, algo de explorador, algo de investigador o místico.



Este viaje a las serranía de Piura lo había venido postergando por años. Varios amigos míos, sobre todo gringos, eran los que más me motivaban a ir. Ellos, exploradores muy sencillos y prácticos, me comentaban que el viaje era muy buena experiencia para templarte en lo que quisieras hacer en el futuro. Y tenían toda la razón. Tuve intención de ir en 1999, pero un grupo de amigos me dijo que nos fuéramos a Chachapoyas (cosa que hice al fin de cuentas). Lo más gracioso es que las 15 personas que en un principio éramos para la visita de la tierra de los Chacha, se redujo a una: yo. En fin, agradezco las circunstancias, ya que eso me permitió conocer Kuelap, de la cual hablaremos en otros momentos.


El 2000. Año vital de cambios, así decían. Tome mis bultos y me embarqué por esos lares la penúltima semana de julio, antes de fiestas patrias. Llegué a Piura y me alojé en casa de un amigo: él nunca había estado ahí por lo que muchas referencias de las que me daba eran por oídas. me habituallé con algunas cosas más y sobre todo de paciencia; la iba a necesitar.


El día que partía a Huancabamba comenzó el cambio de ritmo de vida: el bus con destino a esa ciudad debería salir a las 8 de la mañana. Disciplinado yo, estuve a las 7:45 con un buen desayuno. El viaje es relativamente largo (pese a que hay sólo 140 km. aprox.). El bus salió a mediodía. Cuando subimos al bus, ya había terminado de leer un libro pequeño y me embarcaba en otro. Los libros son buenos compañeros de viajes.


El ascenso hacia Canchaque (primera parada importante) fue bastante interesante. No bien habíamos pasado el desvío a Chulucanas, entramos por un camino de trocha. Un par de kilómetros recorridos por éste y una llanta revienta. Paciencia. Los manejos temporales son diferentes y ya estás en ello. Volvimos a nuestra ruta, el paisaje iba cambiando con cierta regularidad. Pasamos de una frondosa vegetación a una de muchas cactáceas y ranchos miserables al pie del camino. Ves lo que distingue mucho a Piura como realidad geográfica: burros (piajenos), cabras, algarrobos, esporádicos arenales. Pero como era ya una zona de ascenso, lo desértico va desapareciendo poco a poco, el resto no. Íbamos bordeando el río Piura.


De pronto, el bus volteó con todas las intenciones de cruzar el río y...¡no había puente! Cruzamos vadeando las aguas (lo había hecho antes con un camión en el río Crisnejas en Cajabamba) y por un momento temí que termináramos en el estuario del río, allá por Sechura; pero la calma de los demás pasajeros me hizo controlar mi peregrina intención de subirme al techo; una ligera demostración de cómo perder los papeles.


En el trayecto, la gente subía con todo; bultos, animales, compañeros míos fueron varios pollos que me veían con curiosidad (creo que todos me veían con curiosidad)


Canchaque. Estuve ahí en 1985 y la recordaba bonita, pintoresca con un aroma a café que nos rodeaba. Era bella. Ahora no, la plaza está rodeada de restaurantes y bares con parlantes ruidosos. Se jodió. La gente entiende mal lo que es ir a un lugar a descansar: eso era Canchaque ( ¿o será yo que lo entiende mal?) Todo esto iba sucediendo bajo un cielo gris de julio, más gris por lo que estaba viendo y lo que recordaba. Muchos pasajeros bajaron ahí, lo que permitió cierta holgura en los pasadizos del bus.


Retomamos nuestro periplo. Ahora sí, salimos de Canchaque (que tiene lo último de vegetación semi-tropical, por eso el café) y comenzamos a bordear el cerro, un zig-zag lento que me estaba preparando para una maravillosa sorpresa. Cuando íbamos ascendiendo vi el "techo" de nubes sobre el cerro y, de pronto, vi la carretera perdiéndose en ese techo...¿qué había después? Lentamente el bus subía, pujando su existencia y de pronto......¡el sol! Como si fuéramos un avión, habíamos atravesado el colchón de nubes y nos vimos por encima de ellas, que se extendían hacia el infinito. Saqué la cuenta que hacia donde se extendían era hacia el Pacífico, allí bajo ellas estaba Piura. Alucinante.


Desde ahí la carretera se vuelve más sinuosa, y cae la noche; íbamos avanzando con cierta lentitud tanto por la carretera así como la densa niebla que había caído por los cerros (recordé La Niebla de Carpenter, ¿la vieron?). Dejaré para después mi llegada a Huancabamba, mucha emoción para un solo día.
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