jueves, 4 de diciembre de 2008

LIMA, INTERESANTE

Ya varios meses separan mi viaje a la ciudad capital. Hacía una buena cantidad de años que no quería reencontrarme con Lima, ciudad en la que viví más de 15 años y en la que tengo entrañables amigos y cientos de conocidos. Allí dejé mis estudios universitarios y amores pasados; así como buenos años de vida buena, con buen comer, buen viajar, y haber conocido tantas cosas, haber visto infinidad de eventos. También me cultivé en idiomas y bebí mucha cultura, pese a los violentos y desosegados años que me tocó vivir. Este era un viaje hacia lo que fue mi juventud y reencontrarme con la enmarañada red de amistades, amores y conocidos. No viajé solo (hice dos viajes) la primera vez, era para reencontrarnos viejos amigos y colegas que habíamos trabajado en el colegio León Pinelo o habíamos estudiado juntos en la Católica: fueron lindas y entrañables veladas. Como nos hospedamos en Miraflores, fue para mí una grata oportunidad poder visitar una serie de lugares que me trajeron recuerdos y sensaciones encontradas; pero también recordé con mucha nostalgia ciertas zonas como algunas de la Avenida 28 de Julio (viví en un edificio a una cuadra de Larco, cerca de la Santa S/Cede) que se habían convertido en nuevos edificios, aplastando a las bellas casas viejas colindantes que pronto caerán por la comba.
El primer viaje fue por fiestas patrias: fue una buena y mala idea. Decidimos ir al centro de Lima vieja para re-conocer sus grandes monumentos; logramos visitar San Francisco, el cual como área monumental siempre es impresionante; pero... ya no puedes tomar foto en los interiores. Ya en el interior, fue una grata sorpresa visitar toda una buena zona reconstruida; la recuerdo literalmente en el piso, podías vislumbrar las ruinas a través de la ranura de la inmensa puerta que impedía nuestro ingreso: esta zona se ubica cerca al ingreso de las catacumbas. Hay una pinacoteca interesante, con varios Zurbaranes e incluso óleos de la mano de Ribera, el españoleto y su taller, todas meticulosamente restauradas. Muchas áreas del segundo piso tienen, ahora, el permiso de ingreso restringido (he de escanear mis fotos de los años 80 cuando la visitaba con regular frecuencia). Me parece que están haciendo una restauración a fondo (eso espero). Muchas cosas del museo ya no están.

Bajamos a las catacumbas, que ahora están mejor tenidas; pero no falta algún visitante que entre en pánico claustrofóbico, con sus ataques de asma y agarrotamientos. En fin.
Salimos de la iglesia y nos quedamos con las ganas de hacer una visita tranquila en la iglesia. La misa nos impedía tomar fotos y ver con calma altares y yeserías.
La capilla lateral de la iglesia se quemó hace un par de años, aún no la abren. Quisimos ir a la Catedral: mal momento, ya que toda la plana mayor gubernamental estaba en el famoso Te Deum, con el indescriptible Alan García y el mucho peor Ciprini. Tal encuentro no se podía tolerar, así que enrumbamos a San Pedro, iglesia que siempre será una belleza. Aunque muestra algunos principios de deterioro, el conjunto es maravilloso y es una pena que uno no pueda ingresar a ver esa maravilla que es la Capilla de la O. Cerca a Torre Tagle (está cruzando literalemente al calle) pudimos ver una interesante instalación cuya temática era la papa. Seguimos nuestro camino
por la Lima vieja y nos dirigimos a Santo Domingo, una iglesia descomunal pero fea. En realidad, esa sensación de populacho ramplón se ve en esta iglesia; no quiero parecer un discriminador o elitista, pero la iglesia está tan mal cuidada y sus ambientes tan mal tenidos y ordenados que mejor sería haber prescindido esta visita. Una lástima; y tampoco puedes ingresar al claustro, que lo recuerdo bello. La Plaza de Armas era una fiesta popular y tenía un inmenso escenario en el cual se presentaban varios grupos de música y danza: entre el ruido infernal emitido de los monstruosos parlantes y la multitud que pugnaba ingresar, lo mejor era voltear y alejarse de ese alguna vez bello lugar.
Buscaba el restaurante Raimondi, cerca a la iglesia La Merced; ya no existe. Seguimos bajando hacia la Plaza San Martín, donde había varios lugares para almorzar. Hacía hambre. Almorzamos en un simpático lugar: el Estadio (así se llama el restaurante). Como estábamos con una amiga en su cumpleaños, la invitamos a almorzar. Una carta variada, a precios razonables, un buen trago de cerveza y buenos cebiches.
Una vez concluida nuestra bacanal, acompañados por Maradona. Ronaldo, rodeados por miles de escudos y banderines de clubes nacionales e internacionales de fútbol, decidimos seguir caminando para que "baje la comida". Ya un poco sazonados, pasamos cerca del Teatro Colón, alguna vez un bello lugar que se convirtió en el templo del Porno (lo recuerdo en los años 80); bajamos por Quilca por el lugar que alguna vez fue el paradero de la 2; seguimos nuestro periplo y recalamos en Camaná. La ventaja de un feriado es que este lugar que suele ser un hervidero, se veía apacible, podíamos desplazarnos sin problemas. Al fondo veíamos la Plaza Francia, donde alguna vez estuvo Studium (¡qué tiempos aquellos!)
Lo que hicimos para cerrar ese día fue visitar a los libreros de segunda. Increíble, colecciones enteras de libros como la de Basadre o del Padre Vargas Ugarte, se ofertaban a precios irrisorios, libros que algún desesperado por plata malbarateaba o que algún imbécil (o fumón) se deshacía de él para obtener dinero rápido. Vi la colección de Historia del Perú de Vargas Ugarte o la Enciclopedia Marítima, pero el problema es el translado. Quizá una oportunidad nueva (que sea domingo sobre todo) me permita hacer esa cacería fascinante por esos huariques que, con más tiempo, me van a permitir hallar maravillas.
Encantos secretos de Lima
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