miércoles, 10 de diciembre de 2008

BERLIN, LA LOCURA (1)



No hay ciudad que me haya impactado más que Berlín, Haupstadt der Welt. Ciudad tumultuosa, pero ordenada como buena capital del país del orden. Estaba en el corazón de Animalia, como la solía llamar Ingrid, al que ahora es su país de matrimonio y adopción.
Llegué a Berlín, luego de haberme despedido de Zürich (donde había pasado mis primeras y hasta ahora únicas blancas navidades). El 26 de diciembre de 1994 fue el día de la invasión sudamericana. Por error bajé en una estación (creo que fue Lichtenberg) anterior a la que debería haber descendido (Zoobanhof, lugar recordado por la película CRISTINA F - ¿la vieron?). Esta ciudad tiene una red impresionante de trenes y subterráneos, fuera de estaciones interconectadas que funcionan cronometradamente para delicia de un maniático. Reconozco que estoy casi en el borde de esa situación. Gracias a la gestión de gente de AFS de Dinamarca, tenía un lugar donde ir y dejar mis huesos sin problema. Viajaba, felizmente, ligero de equipaje como decía Rafael Alberti, por lo que el error de mi descenso fortuito en lugar no previsto pudo ser fácilmente enmendado. Gracias al pasaje de Eurotrail, podía seguir disfrutando de las bondades de su uso (como lo había hecho en Zürich también) y me embarqué hacia mi correcto destino.


El hecho de haber llegado a esta ciudad apenas un lustro después de la Vereinigung de las dos Alemanias ya de por sí era excitante. Iba, además a una casa que quedaba no lejos de las instalaciones del Muro (die Mauer). Pero luego constaté que el Muro estaba por casi toda la ciudad y que éste había sido una parte vital de la existencia de ambos lados (en algunos casos pensé, incluso, que su caída había también derrumbado parte de su identidad).
Como buen ejemplo de ciudad alemana o centroeuropea (mejor decir), las calles y casas son muy peculiares: son abiertas, grandes; pero a la vez te dan la sensación de ser cerradas. Creo que el hecho de haber llegado en invierno (diciembre) ha influido también en la percepción que recibí de esta impresionante ciudad.
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