Este espacio ha sido creado por Gerardo Cailloma con el fin de difundir mis ideas y poder compartir con el que esté interesado temas sobre cine, música, educación, viajes, literatura y todo aquella diletancia que produzca placer estético (como el buen comer)
Datos personales
- Gerardo Cailloma
- Trujillo, La Libertad, Peru
- Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal
domingo, 1 de febrero de 2026
MALOS SÍNTOMAS (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 01 DE FEBRERO)
domingo, 11 de enero de 2026
ALERTA SOCIAL (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO DOMINGO 04 DE ENERO)
Una
lluvia de regular intensidad. Otro: 2025 casi nos despide con un sismo. La
mayoría de la población toma estos incidentes como tema de conversación por un
buen tiempo; sin embargo, esto debería invitarnos a profundizar más el tema y
tomar las adecuadas prevenciones con el fin de evitar o atenuar las posibles
consecuencias de cualquier hecho grave natural o humano (como la caída del
techo del Real Plaza que ya va por el año). Los sismos y las lluvias, como
otros fenómenos naturales, son parte de nuestra geografía e historia. Los
sucesivos Fenómenos de El Niño no han sido del todo correctamente abordados y esperamos, con
cierto temor, que las infraestructuras hechas en los últimos años puedan
funcionar adecuadamente frente a cualquier lluvia fuerte que ponga en riesgo
nuestra urbe; empero, la situación climatológica de nuestra ciudad no ha sido
tomada del todo en cuenta, pues no existe un real plan de contención pluvial
(gradientes, espesor de pavimento, alcantarillado) que no termina de ser
efectivo con nuestras calles y avenidas. Ojalá que no siga lloviendo este
verano. Los sismos son más mortales, pues estos son imprevistos y confrontan la
capacidad de respuesta de una sociedad frente a estas crisis; también desnudan
la corrupción, la informalidad y, lastimosamente, la lacra social que aprovecha
estas circunstancias. El sistema sanitario, por ejemplo, se vio confrontado con
la pandemia del COVID 19; aunque la infraestructura en sí no se vio afectada,
un sismo fuerte puede agravar la incapacidad de una respuesta sanitaria a una
tragedia telúrica. Trujillo y el Norte peruano costero no han experimentado
algún sismo violento desde el terremoto de 1970. Este “silencio” sísmico debe figurar
en la planificación preventiva de cualquier autoridad. No sé qué habrá pasado
por las cabezas de las personas responsables esa noche temblorosa que nos
asustó a todos; qué habrá pasado por la mente de todos nosotros al no tener la
certeza de que nuestro espacio físico sea seguro y que nuestras propiedades puedan
salir airosas de un movimiento de regular intensidad; cuántos de nosotros no
teníamos una mochila de emergencia; cuántos de nosotros nos dimos cuenta de que
los simulacros tienen una razón de ser. Al leer la historia sísmica o los
efectos de un Niño en nuestro país vemos datos muy alarmantes. El libro de
Charles Walker, “Colonialismo en ruinas”, describe la catástrofe social que sobrevino
tras el gran terremoto de Lima del 28 de octubre de 1746; momentos tensos que
terminan sobrepasando a las autoridades de turno y aparece una profunda anomia
social que arrastra a toda la población. Una advertencia a todas las
autoridades. El terremoto de 1970 dio como fruto la creación de Defensa Civil,
organismo que vela por la seguridad social de un país en el que hay mucha
recurrencia a la informalidad y la corrupción, causas que provocan las
posteriores lamentaciones de todos. ¿Lo vamos a pasar por alto otra vez?
domingo, 26 de mayo de 2024
RECORDANDO DESASTRES (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 26 DE MAYO)
El próximo viernes 31 de mayo recordaremos el gran terremoto que asoló un amplio territorio del Norte peruano hace 54 años, siendo Áncash la zona más afectada en su población e infraestructura. Aunque de manera personal no tuve la amarga experiencia de varios de ese sismo, pero sí vi los estragos cuando vinimos a radicar a Trujillo y cuando visité el Callejón de Huaylas por primera vez. Fuera de las tristes anécdotas que trae este recuerdo, debemos tener presente que se creó un organismo, Defensa Civil, cuyo propósito no es sólo actuar en zonas de emergencia tras un desastre causado por un fenómeno natural (terremotos, inundaciones, El Niño, erosión costera), sino desarrollar en la población una cultura de prevención, tan venida a menos en nuestra sociedad. Los incidentes generados por fenómenos naturales son, en cierta manera, esperados y los agravantes se dan más por la irresponsabilidad e ignorancia de cómo responder frente a estas situaciones que ya no vienen a ser tan anómalas, pues sabemos que van a ocurrir. La corrupción juega un papel importante en la gravedad de las incidencias tras un fenómeno natural, pues el tráfico de terrenos, licencias de construcción, construcciones ilegales, supresión de áreas naturales, deforestación por tala y minería ilegales, entre otras modalidades; todas juegan en contra de la vida y propiedad humanas. No hay peor ciego que el no quiere ver este panorama. Los otros dramas son provocados por la mano del hombre, en los que pueden también intervenir factores naturales. Pero son la misma irresponsabilidad, informalidad y ambición humanas, principalmente, las que juegan el rol decisivo para que desgracias, incluso mortales, sucedan. Dos tragedias recientes tienen esos móviles ocultos y forman parte del triste panteón peruano de accidentes funestos que enlutan hogares: la volcadura de un bus interprovincial en Ayacucho y una explosión por fuga de gas GLP en un grifo en Villa María del Triunfo en Lima. El primer accidente hubiese sido una breve nota en medios, si no hubiese estado entre las víctimas un excongresista; en el segundo caso, es más notorio, por estar en Lima y la amplitud de los daños. Además, hay una situación muy vaga sobre las responsabilidades asumidas por todos los actores involucrados de manera directa o indirecta en ambos casos: desde el estado de la carretera hasta las licencias de funcionamiento y el control de concesionarios de una marca. Pero en sendos casos, la falta de prevención subyace en la desgracia de la que somos testigos. Debería quedar en nuestra memoria casos tan terribles como los incendios de Mesa Redonda o Discoteca Utopía, por ejemplo. Se habla de inseguridad; con estas evidencias, esa sensación se incrementa, pues puedo ser víctima de una explosión, un atropello por un micro sin frenos o una pared vetusta que cae sorpresivamente. Me parece que todo va a quedar como esas cruces en cualquier carretera peruana. En el olvido.
domingo, 13 de agosto de 2023
DESTRUYENDO CIUDADES (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 13 DE AGOSTO)
Salir
de la rutina para conocer nuevos lugares hace ver con criterios más amplios el
lugar en el que se vive: la infraestructura, el tejido social y sus
manifestaciones, la historia de sus habitantes y sus proyecciones hacia el
futuro. Estas vacaciones me permitieron visitar varios lugares de la Región
Cajamarca.
Esta visita fue una buena oportunidad de ver lo bueno y también los males que acogen a todas las ciudades peruanas, en unas más que en otras, incluida Trujillo. Viajar con amigos que saben de arquitectura y la historia de la región me dio más luces. El centro histórico de la ciudad de Cajamarca lo ha salvado la acción tanto de historiadores y arquitectos, como de operadores turísticos; sin embargo, se ve un acelerado deterioro de varias bellas casonas (como en Trujillo) que son carcomidas por el interior para convertirse en cocheras o tugurios comerciales. Los alrededores de la ciudad sí son clara evidencia del desorden y peligro de cientos de edificaciones que surgen sin ningún criterio técnico producto de invasiones, tráfico de terrenos y corrupción rampante que corroen nuestra sociedad. Ya no sólo es criterio estético, es la seguridad de cada uno de las personas que las habitan y el de la ciudadanía en general. Además, el boom de la construcción en zonas en las que hay poca regulación municipal y profesional hace permisible la construcción en zonas de alto riesgo (faldas de colinas y cerros), tala indiscriminada y ocupación de áreas verdes que son el sustento y, a la larga, la sostenibilidad de cualquier ciudad. Estuve, también, en Bambamarca, Chota (con un inmenso coso de toros), Hualgayoc, Cajabamba, Namora, San Marcos, entre otros lugares. Salvo excepciones como Cajabamba y Namora que tratan de cuidar su centro histórico a duras penas, las demás ciudades ven su antiguo centro sometido a un estrés de construcciones de cemento y ladrillo desafortunadas y riesgosas, cuyas medidas de seguridad deben ser dudosas. Algunas edificaciones con numerosos pisos y vidrios multicolores rompen la armonía de lo que solían ser las plazas cajamarquinas de antaño; y para acentuar la crisis estética, estos monstruos tienen sólo la fachada enlucida. Un mal hábito arraigado en todos los estamentos de la construcción. Comentábamos que, por suerte, no se generaban tantos incendios provocados como suele suceder en otros países; pero la explicación fue triste: como hay tanta permisividad en la invasión de tierras (veamos el ejemplo de Trujillo sin ir muy lejos) no es necesario recurrir a “medidas extremas”. La corrupción lo permite. La proliferación de nuevos barrios residenciales en zonas de cultivo es, como ya he resaltado, una cuestionable decisión que afecta la seguridad alimentaria de la zona, concepto que parece no ser muy relevante para muchas personas, fuera del hecho de que muchas áreas verdes son afectadas por la minería formal (lo vimos en el camino a San Pablo) y, peor aún, la informal.
domingo, 9 de julio de 2023
LA CIUDAD Y EL NIÑO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO DOMINGO 09 DE JULIO)
Parece que se nos viene con fuerza El Niño. Y por partida doble, tal como anuncian los servicios meteorológicos nacional e internacionales. Y todo parece indicar que volveremos a lamentarnos y comentando, posteriormente, de las medidas que debemos tomar para prevenir. Una cultura de la prevención tan asimilada en nuestra cultura, así como la de la puntualidad. Desde que mi familia se asentó en esta ciudad en 1974, he sido testigo de varios Niños que han azotado a la ciudad y que generalmente destruyen los mismos lugares o afectan sectores que luego son poblados de manera irregular hasta que alguna autoridad municipal otorga títulos de propiedad a cientos de familias que ocuparon estos territorios considerados no aptos para viviendas. Hay dos factores que entran en juego y que son causa de la rampante corrupción que corroe el sistema peruano de la construcción: tráfico de terrenos y autorizaciones o licencias a construcciones reñidas con el sentido común. El reciente caso de corrupción de alto nivel que involucra a ciudadanos trujillanos del campo de la construcción es reflejo de ello. Recuerdo en una conversación informal con un arquitecto que me comentaba que había autorizado el uso destinado a áreas públicas (por ejemplo, parques) para la construcción de viviendas; por esa razón, no es raro ver ciertas casas que están construidas cercanas a postes de alumbrado e, incluso, es parte del territorio hogareño. Simpático. El caos urbano que muestra Trujillo en sus trazados de manzanas, calles, avenidas y parques es una muestra de ello. Algunas soluciones propuestas por expertos para mitigar los efectos de El Niño han sido rechazadas por otras que recurren a otras que pueden agravar los daños. Viendo todo de manera holística tenemos soluciones peligrosas. El fallecido arquitecto Jorge Saito proponía soluciones naturales como la arborización masiva y la hechura de grandes parques mitigantes en la ciudad que podrían atenuar los efectos. Recuerdo que en los 70, el Parque Industrial tenía un cerco vivo de árboles que detenía el avance de la arena sobre la ciudad hasta que los migrantes informales comenzaron a talar estos árboles para conseguir leña y el desierto comenzó a avanzar sobre la ciudad. Ahora tenemos la presencia de Chavimochic, proyecto que ha generado grandes cambios en la ciudad como el clima y la napa freática, incrementando la humedad. Y esto agravado con el problema generado por el molón de Salaverry que exigió la construcción de una barrera rocosa en Buenos Aires. Recordemos lo que pasó en esta zona en el Niño Costero del 2017. Sin comentarios. Hay silencios que han sido nocivos para nosotros, silencios que favorecen a oscuros intereses. ¿Nuestras autoridades estarán al nivel de poder exigir a sus ciudadanos un orden urbano necesario, fiscalizar las construcciones, erradicar y reubicar lugares poblados en zonas de alto riesgo como las quebradas? ¿O serán simples cómplices y acentuarán el deterioro en el que está sumido Trujillo desde hace décadas? Ojalá tengamos autoridades que den la talla.
domingo, 12 de febrero de 2023
ALERTA, PREVENCIÓN (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 12 DE FEBRERO)
Las escenas que nos han llegado desde Turquía y Siria son
terribles. Mientras en el Sur peruano, violentas lluvias causaron mortales
deslizamientos en zonas donde se asienta la minería ilegal. Y, por último, se
anuncia de manera alarmante un escenario de triste recordación para los
trujillanos: un posible Niño como el que tuvimos en 2017, aunque de baja
intensidad. Como suele suceder, estas noticias han comenzado a diluirse en los
medios de comunicación, tal como ha sucedido con la muerte de varios ciudadanos
hace ya un poco de un mes en Juliaca. Todo pasa al olvido de manera
intencional, quizás.
El caso del gran sismo turco está trayendo mucha cola. Las
dolorosas imágenes muestran grandes edificios colapsados con mucha gente en su
interior, mientras familiares impotentes tratan de rescatar entre los escombros
a sobrevivientes. Extraña mucho la cantidad de edificios de más de 4 pisos que
han colapsado. Son construcciones relativamente modernas que se han desplomado
llevando la vida de sus inquilinos. Y las alertas han saltado en esa nación:
corrupción en las licencias de edificación, promovida por los magnates turcos
de la construcción. Miles de personas han perdido sus propiedades y muchas de
ellas, sus vidas. Se genera automáticamente la duda para nosotros: ¿cómo
estamos aquí en ese rubro? Uno ve construcciones tan precarias de varias
plantas que uno se pregunta qué irá pasar con un verdadero sismo, ese que no se
ha tenido en nuestra ciudad desde aquel mayo de 1970. Hay edificaciones en
zonas de suelos no adecuados para construcciones de varios pisos, salvo que se
cuentan con un buen reforzamiento en las bases y, en algunos casos, de zapatas
en zonas pantanosas. Huelga decir dónde se hallan estas en Trujillo. Y esto va
amarrado con la posibilidad de volver a sufrir un nuevo Niño que “partió” a
nuestra ciudad de norte a sur aquel marzo del 2017. Tras la catástrofe, un
grupo de amigos hizo las investigaciones para ver cómo se puede prevenir otro
siniestro. Los resultados caían por su peso: licencias de construcción (algunas
veces, construcción clandestina), titulación de terrenos en zonas de alto
riesgo, un sinfín de errores que permitirán repetir el mismo escenario vivido
en ese fatídico marzo. Quizás, todas las edificaciones dañadas en 2017 ya estén
nuevamente “operativas” hasta el próximo desastre. Habrá que ver si se ha
cumplido con la prevención en las zonas siniestradas de Pataz y Chavín de Huántar,
colapsadas hace casi un año. El caso de los mineros ilegales en Secocha,
Arequipa, es una evidencia de no haber acatado las disposiciones planteadas en
su momento: más de 41 personas muertas por un huaico ya anunciado.
Acostumbrados a vivir en la cultura de la informalidad y la corrupción en todos los niveles de nuestra sociedad, la vida humana no es relevante para muchos inescrupulosos que prefieren lucrar ilegalmente en vez de velar por el bienestar de los demás. Dios nos coja confesados.
domingo, 20 de noviembre de 2022
INSEGURIDAD E IRRESPONSABILIDAD (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO DOMINGO 20 DE NOVIEMBRE)
El accidente de la empresa
EMTRAFESA segó la vida de trece personas, aunque todavía las cifras son
inciertas en el momento que escribo este texto. Una volcadura que pudo evitarse
si se hubiera actuado con prudencia y dentro de las normas que deben de regir
esta actividad: se habla de la inexperiencia del conductor, del sistema de
construcción de una eternamente inacabada Autopista del Sol, del escaso control
de la SUTRAN. De haberse cumplido con todos los protocolos, este lamentable
accidente se hubiera evitado: un chofer nuevo asesorado por uno de experiencia,
el conocimiento del uso adecuado de un óvalo y el uso consciente de todo
ciudadano del cinturón de seguridad. Todo indica que la empresa envió a una
persona novata que ahora arrastrará en su conciencia la muerte de numerosos
pasajeros; que hubo y hay un verdadero desconocimiento sobre el uso de óvalos y
rotondas; y que la mayoría de ciudadanos no cumple con las medidas de seguridad
como el uso del cinturón. Muchos foráneos ven con asombro nuestro modo de
conducir y el total desconocimiento de reglas básicas de tránsito, tanto del
sector público como privado. Alguna vez escuché a un dirigente de transporte
público que no encontraba sentido del uso de una rotonda u óvalo. Desde este
punto ya comenzamos mal. Ante una forma tan agresiva e individualista de los
conductores de todo tipo de vehículo, no es extraño que haya graves desastres
como el que acaba de suceder.
El segundo accidente pone muchos elementos en entredicho. El fatal hecho que causó la muerte lamentable de dos bomberos y tres en estado grave surge del problema de comunicación en un aeropuerto que se jacta de ser uno de los mejores de Sudamérica. Y el desenlace pudo haber sido más grave de haberse incendiado el avión que trataba de decolar lleno de pasajeros. El incidente también ha desnudado el problema de un país excesivamente centralista. Cerrado el aeropuerto internacional, comenzó el drama para miles de personas que salían o entraban a Lima desde el interior o exterior del país. Un caos total. Es el pago que tenemos por haber permitido que todo sea priorizado en la capital (como el famoso puerto de Chancay, el futuro nudo portuario cercano a Lima). Una situación crítica para la seguridad y continuidad del resto de nuestra nación. Por ejemplo, ayer Trujillo prácticamente quedó incomunicada con el resto del mundo, salvo los vuelos hacia a otras latitudes como Arequipa o Santiago de Chile, que son poco frecuentes. ¿De haber habido una catástrofe de mayor magnitud, nuestro país paralizaría?
domingo, 29 de mayo de 2022
HAMBRES DE NUESTRA SOCIEDAD (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 29 DE MAYO 2022)
Situaciones casi apocalípticas
se ciernen sobre la humanidad. Secuelas de una pandemia que se resiste a
extinguirse y una lejana guerra nos muestran cuán peligrosa puede ser la globalidad
en momentos como estos. Miedo por doquier. La información que nos llega por
diversos medios de comunicación es cada vez más alarmante y frustrante, puesto
que la capacidad de respuesta tanto de la sociedad como la de su dirigencia
(gobernantes de todos los niveles) para enfrentar estos problemas no son los
esperados y corremos el riesgo de ahondar la gravedad del escenario que se
avecina. Un Gobierno a la deriva, un Congreso más preocupado en encubrir sus
mañas y actos de corrupción, y todos los partidos políticos preocupados por la
campaña electoral del próximo octubre intentando cambiar reglas electorales a
su antojo nos dan una idea de cuán “en serio” se están tomando medidas para
encarar la crisis en ciernes. La anunciada crisis alimentaria es ya un hecho y
el gobierno está más preocupado en pagar favores políticos partidarios con
personajes mediocres nada aptos para dar la talla a lo venidero. También están
los demás sectores que, obviamente, sacarán réditos de esta coyuntura; ya hemos
visto “dignos” ejemplos durante la parte más dura de la pandemia con la brutal
especulación que mostraron empresas, entidades y personas. Y no recibieron
sanción alguna. Lamentable situación que volverá a ocurrir en contextos como
estos en la que los grandes pescadores ganarán a manos llenas. China, el gran
motor de la economía mundial y gran consumidor, estará tomando medidas duras
para proteger su población y economía. Y esa protección va a tener un costo
duro contra las demás economías. Parece ser que estamos entrando en un “sálvese
quien pueda” mundial, situación que ya la hemos visto y sufrido con las vacunas. Salud y
alimentación, las bases de la existencia humana al límite. Ahora ya no van a
ser noticia de algunos países recónditos de África, Nororiente o América Latina, ahora
la situación amenaza a países de mejor estatus económico o estratos sociales
que usualmente ven esta situación en noticieros.
¿Cómo vamos a enfrentar esta
situación en nuestro país, el cual ha visto acentuadas las brechas económicas
entre grupos sociales con la pandemia? Ya estamos viviendo una ebullición tan mal manejada y poco comprendida en la que vemos a diversos grupos de poder
aferrarse a su statu quo, como lo muestran los esperpentos de congresistas que
pululan en el hemiciclo. ¿Tendrán la capacidad de trabajar por el bien común?
Repasando algunas noticias del 2020 durante la virulencia mayor de la pandemia,
releía una entrevista sobre las consecuencias y oportunidades generadas por esta epidemia de Yuval Noah Harari y su cándida
propuesta para que la humanidad pueda salvarse en su conjunto planteando la
solidaridad entre naciones y personas. Tras la lectura, sólo me quedaba esbozar
una sonrisa francamente irónica al recrear estos dos años de una humanidad “tan
solidaria”. Dios nos coja confesados.
domingo, 20 de marzo de 2022
MARZO ¿MES NEFASTO? (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 20 DE MARZO)
Este mes parece signado por
grandes desgracias colectivas. En el 2017 una fuerte lluvia dio el inicio de
una semana de pesadilla que sumió a la ciudad entera en el caos y la
desesperación; en el 2020, el gobierno nos mandó a un aislamiento radical a
causa del COVID-19 por crisis sanitaria. 15 de marzo, un deslizamiento de
tierra en Retamas, Pataz, la sierra liberteña pone una raya más en la lista de
infortunios. Todo en el marco de un conflicto bélico que tiene fuertes
repercusiones económicas en nuestra sociedad y el desatino de un TC que abre
nuevas heridas sociales en una convulsionada ciudadanía.
Los famosos “castigos divinos” no son más que la evidencia de la incompetencia, corrupción o desidia, tanto de autoridades como de la ciudadanía en general. Aún recuerdo el Niño del 82-83, del 97-98 y el reciente Niño costero del 2017, los que tuvieron los famosos huaicos que asolaron casi los mismos espacios, calles y avenidas de la ciudad. Para el último Niño el gobierno había asignado fondos para la prevención de zonas que iban a ser abatidas. Tras las riadas de esa semana, la famosa prevención quedó en nada. El fenómeno esperado en noviembre del 2016 nos sacudió en marzo del año siguiente. Las zonas asoladas, ya identificadas como zonas de riesgo, volvieron a ser ocupadas y reconstruidas; ya hay pistas, agua y desagüe, sistema eléctrico. Algunos planes de reconstrucción son cuestionables. ¿A esperar que se los lleve el agua otra vez? El COVID derrumbó el sueño de un país pujante por décadas. Dos pilares de su supuesta pujanza fueron bastante relegados: salud y educación. Las brechas abiertas nos desencajaron en todos los aspectos mostrando buenos, pero también viles gestos sociales que vieron en la desgracia una excelente oportunidad de negocio. ¿Habrá cambios para la prevención de una posible nueva catástrofe sanitaria? Lo de Retamas ya linda con la tozudez más precaria: erosión, falta de prevención, informalidad y mucho de criminalidad que también se ha visto en las otras desgracias. Inescrupulosos traficantes de terrenos tienen mucho que ver en el asunto y se coluden con el populismo de autoridades quienes terminan transformando titulaciones en votos. Muchos problemas podrían evitarse si es que el accionar humano fuese el correcto y no confundiéramos perspectivas. La mujer que sobrevivió a una riada de lodo y piedras en Punta Hermosa en el 2017 ocupaba ilegalmente terrenos. Prevención y planificación son palabras postergadas ante la galopante corrupción, populismo, angurria o desprecio por la persona que vemos a diestra y siniestra, no importando el tinte político o el estrato socioeconómico. Así podemos entender el porqué de un accidente en un parque de diversiones, un accidente mortal en una cadena de comida rápida, más de 60 casas dañadas y víctimas mortales en Pataz, los sobrecostos de algunas clínicas o los precios inflados por los balones de oxígeno. Y, por supuesto, “la ira divina nos seguirá castigando, porque así lo dicta el destino”.




