La semana que se fue ha sido una pesadilla a nivel nacional e internacional. Largas colas en grifos, conatos de huelgas, conductores desesperados arruinando sus unidades de trabajo en su afán de poder llevar el sustento diario, amas de casa abrumadas por las alzas abusivas de los balones de gas, especuladores en su salsa. Una gran y terrible verdad se puso de manifiesto: nuestra seguridad energética hace agua y la evidencia ha saltado bruscamente en el peor momento en el que el mundo está pasando una fuerte crisis por el ataque artero contra uno de los países petroleros más importantes del mundo la semana pasada: Irán. Los costos de la crisis del gas, hecha por la impericia de la empresa en su mantenimiento, quiere ser adosada a todos los usuarios, posición deleznable de socializar ese error empresarial con la sociedad. Descarados. Por otro lado, la locura bélica generada la última semana ha provocado un descalabro mundial con un alza descontrolada del barril de petróleo e, indudablemente, nosotros sufriremos las consecuencias, pues nuestro país es importador de este hidrocarburo, el cual va a subir de todas maneras. Como siempre sucede tras cada alza, es bastante difícil que el precio baje a sus precios originales, habida cuenta de que la situación generada por el conflicto en una zona estratégica (Estrecho de Ormuz) está lejos de arreglarse y sus efectos ya son devastadores alrededor del mundo. Basta con ir a cargar el tanque de gasolina para darnos cuenta de todo lo que esto implicará en la cadena de producción y distribución: ¡incremento inflacionario! ¿Racionamiento? Los que vivimos la crisis energética de los 70 recordamos los tres tipos de calcomanías que restringían el uso de un vehículo por un par de días dependiendo el color de la pegatina colocada en el parabrisas. Además, no olvidemos que estamos pasando momentos críticos climáticos como nos lo hacen recordar las lluvias que caen en nuestro país en los últimos días. Sobre piedras, palos. Ahora bien, estamos entrando a las últimas semanas para las elecciones generales. Los candidatos para todos los escaños afinan su narrativa para captar a los millones de indecisos que hay en estos momentos. Uno se pregunta qué impacto han de tener todas estas en las elecciones generales. Sospecho que la presente situación tanto energética como la preventiva ante los fenómenos naturales no están incluidos en los planes de gobierno; si los diversos candidatos de todos los partidos están al tanto de esta complicada coyuntura que estamos todos viviendo y que tiende a agravarse. Pero, en este Congreso plagado de reeleccionistas, la preocupación de estos es más de carácter personal y dudo que tengan la más mínima idea que cómo enfrentar este panorama que es el que van a heredar. Esperemos que, ante la anomalía hecha por el congreso saliente, esta coyuntura no se vuelva la justificación para sacar a cuanto presidente ascienda, para salvar su ineptitud.

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