lunes, 5 de enero de 2009

CINE Y ÓPERA




La ópera nació en el crepúsculo del Renacimiento no sólo
para alcanzar los ideales procedentes del humanismo, que anhelaba
reunir en una misma escena distintas artes, sino también
para dar fluidez narrativa a una música dominada hasta entonces por el contrapunto.
EL MUNDO DE LA MÚSICA

Música, el sonido hecho belleza, una de las artes que ha acompañado a la humanidad desde que lo es como tal. Es una de las artes más misteriosas, pero a la vez más popular, la cual llega a nosotros en forma natural o por la “mano” del hombre. El principio del equilibrio en la armonía ha sido la búsqueda de esta desde hace siglos. Todos los pueblos del mundo, sin excepción, han buscado esa belleza equilibrada, esa homeostasis estética del sonido en los elementos, en la piedra, en la madera, en el cuerpo, en la voz. En la evolución, el hombre ha buscado e intercambiado sobre las propuestas diversas. La música, como todas las artes mayores, ha estado ligada a la divinidad. Los orígenes en el mundo occidental se pierden en la oscuridad de los siglos, documentan los griegos en sus obras teatrales, en sus restos arqueológicos, en su utilería diaria. La historia se quedará con el momento en que el humano entonó una melodía por primera vez (aunque nuestro hablar ya es melodía, pero no tiene el propósito como la música). Los cantos religiosos han quedado como una gran fuente de nuestra evolución histórica. El hombre siempre ha tenido esa sensación de acercarse a lo divino a través del canto, nuestros rezos eran cantos, la eufonía era una forma de agradar a los dioses. Aún lo hacemos.
Bach comenzó, para occidente, con un trabajo más serio en la armonía y contemporáneamente, Europa estaba abriendo un nuevo camino. Las formas musicales llegadas de otros lares como el mundo árabe, enriquecieron inobjetablemente el mundo renacentista. Los viajes eran también para traer miles de ideas nuevas, objetos nuevos, no sólo mercadería. Todos estos elementos permitieron a los europeos experimentar gracias a todo lo nuevo que cayó en sus manos. Y así la música se fue presentando de diversas maneras: el canto se fue manifestando de diversas maneras: de los cantos gregorianos a la monodia; a los madrigales, a la polifonía. Muchos dicen que 1597 es el año en que se inicia los primeros destellos del canto operístico, con una obra llamada La Dafne compuesta por Jacopo Peri, a la cual llamó “fábula dramática”.
Ya más de 400 años tenemos de patrimonio artístico operístico para la humanidad, son miles las obras, algunas de ellas, obras maestras del género, que engalanan los escenarios por todo el mundo. Así, las grandes ciudades y las medianas también siempre se han preocupado por contar con un escenario digno, con el cual la ciudad podía ser considerada como tal. Una teatro de la Ópera. Un sello de distinción. Muchas veces es este el símbolo de ver cómo una autoridad trata a su ciudad y a sus ciudadanos. Con eso pueden sacar la cuenta de cómo está nuestra ciudad.
El cine, como arte joven, ha tenido siempre esa avidez de acercarse a sus hermanas mayores para aprender de ellas. Estas no han sido mezquinas: la música, el teatro, la literatura, la danza, la arquitectura y la pintura han sido pródigas de darles temas, contenidos y técnicas a su hermana menor. De la música, a partir del sonoro, se ha trabajado mucho y mucha de la música descriptiva de los fines del XIX fue llevada al cine sin mucho complejo: tal es el caso de FANTASÍA de Walt Disney, entre muchos intentos de visualizar la música. Mahler y Wagner pensaban en una suerte de arte total, como lo soñaron Rimbaud y Verlaine, Matisse con algunos intentos del color y el volumen; Stravinsky y Nijinsky hacían dupla para proponer un arte más total. El cine fue en un principio ese espacio de ideas integradoras; por eso, es interesante que algunos músicos hayan trabajado en este campo (por ejemplo, Korngold y su estupenda musicalización de la película Robin Hood de los bosques, con Errol Flynt, de Michael Curtiz). También Sarah Bernahdt pasó por las pantallas, y la lista de artistas pertenecientes a otras artes que hicieron cine sería larga de enumerar. Sólo en el canto tenemos a Mario Lanza, Maria Callas, Beniamino Gigli, Anna Moffo, Plácido Domingo, Lucciano Pavarotti, Kiri Te Kanawa, entre muchos otros más.
Estas películas están inspiradas en eventos o personajes cercanos al mundo operístico; o, en su defecto, son óperas llevadas a la pantalla por esos amantes de este quehacer musical y que no han encontrado otro mejor medio de rendirle homenaje que realizando un film que perennice una ópera en escenarios naturales. Después de todo el cine permite masificar ciertas artes que han sido maltratadas por haberlas convertido en elitistas.


CARMEN FRANCESCO ROSSI FRANCIA 1999 Desde los años 80, hubo un buen interés de diversos directores de cine por llevar al celuloide grandes óperas con los mismos cantantes, algunos de ellos maestros especializados en tal ópera o determinando compositor. Así tenemos la interesante propuesta de Joseph Losey con DON GIOVANNI en una impecable interpretación de Ruggero Raimondi como el disoluto y José Van Dam como Leporello; hay muchas más propuestas (se trabaja no solo en actores cantantes, sino en escenografías “naturales”, si cabe el término) y muchas son verdaderas obras de arte (sería interesante ver los escenarios para las óperas de Richard Wagner, sobre todo EL ANILLO DE LOS NIBELUNGOS; aunque en el mudo, el genio de Fritz Lang tuvo una interesante visión durante el Expresionismo alemán). Este trabajo del director italiano Rossi es muy cuidadoso, los escenarios son bellos; ha trabajado, además, con el ballet de Antonio Gades (quien trabajó una versión muy libre de CARMEN del director Carlos Saura en 1986). Los roles estelares están en PLÁCIDO DOMINGO como Don José; JULIA MIGENES-JOHSON como Carmen y el bajo RUGGERO RAIMONDI como Escamillo. Aquí se respeta mucho la idea de Prosper Mérimée de dar ese ambiente exótico a Sevilla, visión de un hombre que salía del romanticismo y entraba al realismo en la Francia del siglo XIX. Es una buena y pulcra propuesta operística. Hay muchas otras buenas propuestas cinematográficas de óperas como las de Jean- Pierre Ponnelle, quien tiene dos buenas puestas en escena de RIGOLETTO (con LUCIANO PAVAROTTI y EDITA GRUBEROVA) y MADAMA BUTTERFLY (con MIRELLA FRENI y PLÁCIDO DOMINGO) Hay otras propuestas como DIE FRAU OHNE SCHATTEN (LA MUJER SIN SOMBRA) con THOMAS MOSER y EVA MARTON, y EUGENE ONEGUIN con STUART BURROWS, JULIA HAMARI y NICOLAI GHIAUROV.

E LA NAVE VA (Y LA NAVE VA) FEDERICO FELLINI ITALIA 1983 El “entierro” de las cenizas de una gran cantante de ópera es la ocasión para reunir a una serie de divos díscolos y caprichosos, así como serie de personajes políticos bizarros, muy bien caracterizados por el mundo felliniano que supo construir nuestro maestro. Es, además, una suerte de homenaje al principio del cine, muchas veces postergado por la excesiva modernidad de los elementos que actualmente lo conforman. La construcción del escenario es evidentemente operística y es la franca intención del director, así como el movimiento de sus actores, a quienes alguna vez los hace cantar en situaciones extremas. Además, a guisa de coro, hay un buen grupo de refugiados (esa característica tan típica en Europa en el siglo XX, desde la primera guerra mundial hasta la de la crisis de los Balcanes) que da cierta razón de ser a lo que acontece en el barco, creando tensiones que se suscitan al hallarse en la misma nave ciudadanos que se han de convertir en enemigos debido al contexto mundial de entonces (albores de la primera guerra mundial).

TROLLFLÖJTEN (LA FLAUTA MÁGICA) INGMAR BERGMAN SUECIA 1975 Una visión muy libre y particular de la ópera de Mozart, cantada en sueco, y que la muestra como originalmente pudo haber sido: un cuento de hadas con algo de esotérico, destinado a divertir al pueblo. Esta ópera, parece ser, tiene una intención popular; para la opinión de José María Triana, esta ópera condensa todo los valores humanos y generales que un carácter sectario no hubiera podido compartir, precisamente por ser sectario. La filosofía sobre la amistad, el verdad y el amor al saber con los pilares que subyacen a lo largo de ella. Es una de las más frecuentemente representadas y tiene arias, dúos, tercetos y coros bellos para todos los timbres de voces. La propuesta escenográfica de Bergman está pensada para un mundo infantil, al cual muchas veces se posterga, dándole al arte una exclusividad para el adulto. Esta visión errada ha hecho que algunos artistas volteen de vez en cuando a los niños, quienes tienen pocos prejuicios para acercarse a una obra maestra, si es que el acercamiento es el adecuado para formar en ellos seres sensibles e inteligentes; es interesante que cada cierto tiempo el adulto artista busca lo que se denomina “naif” (cándido) para presentarlo como una propuesta. En cierta manera, esta propuesta encierra visos de naif, pero también nos muestra en paralelo la vida de los artistas (divos) quienes son seres cotidianos como cualquiera de nosotros.

FARINELLI (FARINELLI, EL CASTRADO) GÉRARD CORBIAU FRANCIA/ BÉLGICA 1994 Corbiau es un director que ama la música y la historia, así como el lenguaje cinematográfico. Este último, en cierta manera, es sometido para los propósitos musicales, la historia y el élan de la creación musical. Su MAESTRO DE MÚSICA con José Van Dam es una bella reflexión y homenaje para aquellos que hacen de la música su vida y buscan sus herederos que continúen con su obra. Su preocupación es la voz, el más bello instrumento musical, y la búsqueda por el timbre, el fraseo, la entonación, el carácter y la tesitura es un largo caminar, tanto para el maestro como para el cantante. FARINELLI es un personaje que existió desde inicios del XVIII, del cual se recuerda su bella voz y su triste historia. Las iglesias solían tener coros y el músico era un personaje importante que percibía buenas rentas. Por ejemplo, Bach buscaba patrones ambiciosos por tener buenos músicos y buenos coros para poder recibir buena paga y poder trabajar en paz. Pero, como siempre suele suceder, el empresario y el arte pocas veces hacen una buena dupla. Por viles intereses (como la iglesia muchísimas veces los tuvo) no dudaban en sacrificar a las personas: en este caso, hasta la mutilación. Farinelli era un niño con bella voz, y en la época qué mejor manera de preservarla que evitar su cambio. La técnica de castración (extirpación de los testículos) era muy frecuente en estos coros (algunos coros tienen ese oscuro pasado como el del Vaticano y el de los Niños Cantores de Viena); muchas familias pobres sacrificaban a sus hijos por una mejoría familiar y un “futuro” para el mismo. La idea del Farinelli (harinero) de la pantalla es un poco ideal; algunos retratos lo pintan muy regordete por el desequilibrio hormonal que se generaba. Carlo Broschi (su verdadero nombre) anduvo por muchas ciudades europeas, sobre todo en Londres (a pedido de Händel) y Madrid. Este film muestra el velado sufrimiento de este contratenor, quien al morir cerró este oscuro ciclo de la cultura europea en cuanto al ámbito musical. Se reportaron varios casos más, pero a mediados del XIX esta costumbre estaba extinta.

LES CHORISTES (LOS COREUTAS) CHRISTOPHE BARRATIER FRANCIA 2004 Esta película tiene tres temas centrales: La infancia, la música y la enseñanza. Todo transcurre en 1949, tras la guerra mundial, en una Francia llena de conflictos sociales y de pobreza, en una correccional donde hay muchos niños huérfanos de guerra, y otros de familias de precaria economía. Se presentan dos antagónicos modos de ver la realidad, y por lo tanto dos visiones de la enseñanza, que permiten comprobar las ventajas del diálogo educativo sobre la imposición del castigo. El educador, Mathieu, es un modelo del educador que intenta llegar a las personas y desde ahí sacar lo mejor de ellas mismas. Para eso emplea la música como elemento desencadenador de la transformación del hombre y del mundo. Por eso, la música ofrece el placer y la disciplina, el orden liberador y mucho más aún, cuando se trabaja en la armonía: el coro. El grupo armónico para la belleza los hace todos valiosos y felices por lograr las metas y ofrecer arte. Esta película es, según su director, algo que siempre le hubiera gustado hacer: motivar en el espectador un cambio por la belleza.

FITZCARRALDO WERNER HERZOG ALEMANIA/PERÚ 1982 Un loco genial, atrapado por la fiebre del caucho en las selvas amazónicas, recala por Iquitos en la selva peruana. Fines del siglo XIX e inicios del XX, el boom cauchero atrae a mucha gente y ciudades que surgieron de la nada, se vuelven donosas y ricas, construyéndose edificios con materiales traídos de todas partes del mundo para poder llevar a cabo las quimeras arrebatas de muchos nuevos ricos. Una gran cantidad de europeos llegan al Brasil y unos cuantos a nuestra selva. Iquitos, un pequeño poblado se ve de pronto abordado por estos caza fortunas, dispuestos a todo, incluso a perder la vida. Fitzcarrald es uno de ellos, pero su sueño no es acumular dinero para morir enterrado con él; su sueño es hacer una ópera en Iquitos, como la que tiene en la actualidad la ciudad de Manaos en Brasil. Años en los que cantantes como Caruso llegaban a pisar su escenario; Fitzcarrald también lo quería para su Iquitos. Hay escenas alucinantes y que emulan lo que fueron esos años en la selva terrible, devoradora de hombres, rica en sueños y dorados. El papel estaba pensado para Mick Jagger, pero no soportó el calor de la ciudad y la jungla, y se despachó dejando todo plantado. Felizmente acepto el reto Klaus Kinsky, quien ya había estado aquí para una película anterior del mismo director: AGUIRRE, EL AZOTE DE DIOS. Lo acompaña Claudia Cardinale.
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