Diciembre 2019. Más 250 mil
vehículos circulan por las mal tenidas calles trujillanas; de estos, casi un 30
% son de servicio público. Un dato interesante es que, por antigüedad, anualmente
unos seis mil vehículos, tanto públicos como privados, deberían estar fuera de
circulación; por una u otra razón, la más de las veces política, estos aún
circulan poniendo en riesgo a la población y haciendo de Trujillo una de las
ciudades peruanas más contaminadas. Ticos, combis, microbuses, colectivos que
han pasado de los 20 años de antigüedad siguen ofreciendo servicio con todo el
peligro que esto significa, adosado actualmente al hecho de ser grandes focos
contaminantes en las últimas semanas. Las horas punta trujillanas están pobladas
de choferes irresponsables, tanto particulares como públicos. Pese a la
restricción se ha visto a una buena cantidad de salvajes al timón de una 4X4.
Mercados, comercio ambulatorio,
basura. La pesadilla trujillana que rebasó el control municipal en las
recientes fiestas de fin de año ha sido otro de los factores que han hecho de
nuestra ciudad un centro de contagio y caos. Infructuosos proyectos de
formalización, estropeados por el populismo y afán electorero, y carencia de
autoridad han hecho que esta anomia socioeconómica haya prosperado en las
últimas décadas. La informalidad campea impunemente; ante esta situación,
incluso negocios formales afectados por esta comenzaron a realizar sus
actividades económicas orientadas hacia esta modalidad. Esta incrementó con la
migración venezolana que vio una forma de subsistencia gracias al descontrol
que les permitía ganar ciertos derechos sobre los sitios ocupados a vista y
paciencia de la pintada autoridad. Ahora, es bastante posible que el segmento microempresarial,
modalidad resaltada como forma de espíritu emprendedor, engrose el número de
personas dedicadas al comercio ambulatorio. Y de este último se desprende otra
gran preocupación: la basura. Su incremento en las últimas semanas se ha dado
por la cantidad de guantes, táper, envases de gaseosas, mascarillas desechados
en cualquier lugar. De volver los mercados, más todo lo anterior nombrado,
¿volverá Trujillo a generar 300 toneladas diarias de desechos?
¿La normalidad significará,
entonces, que se abra nuevamente La Hermelinda, el lugar indicado como uno de
los de mayor contagio en el Perú? ¿Los otros mercados desordenados y caóticos?
Ya hay mucha gente que ve con esperanza su retorno para lo cual surgen todos
los argumentos posibles. Estos espacios son una demostración de una de las famosas
frases del presidente Prado: “En el Perú hay dos tipos de problemas: los que
nunca se arreglan y los que se arreglan solos”. Ante la posición de muchas
personas, no será nada raro que este espacio vuelva a ser lo mismo.
Con la poca capacidad que han
tenido muchas autoridades en nuestra ciudad y Región, y el escaso sentido
cívico de la población; la normalidad promete una pesadilla peor.