jueves, 26 de febrero de 2015

POLLOC Y LOS CARNAVALES CAJAMARQUINOS

La visita a Cajamarca para carnavales es un viaje que he postergado por años. Hasta que por la gestión de César Alva, un buen amigo, y de María Ramos, nuestra incomparable compañera de viajes decidimos ir a Cajamarca para disfrutar de esta gran fiesta popular y bastante masiva. La gente se vuelca a las calles a jugar colectivamente. Aunque algunos de estos juegos no son muy simpáticos cuando recurren a la violencia o fuerzan a otros a jugar con ellos. Además, en los últimos años ha prosperado el uso de materiales que atentan contra las personas y el ornato de la ciudad como es el caso del aceite usado de auto. Muchas veces este caía no solo sobre las personas sino sobre las paredes de un centro histórico que hay que cuidar, ya que frente a diversas crisis económicas que la ciudad está atravesando, el turismo se alza como una buena opción de trabajo más inclusivo y que abarca más cadenas de producción. Pero una ciudad sucia y con las paredes manchadas no es atractiva para el turismo con recursos económicos que buscan paz, aire puro, una simpática ciudad rodeada de verde y un valle que, aunque se está estrechando, sigue siendo atractivo para muchos viajeros.
Nos embarcamos el viernes 13 vía LÍNEA, en el bus de la tarde. El viaje fue muy cómodo, el servicio VIP es de primera y vale la pena volver a hacer ese viaje. Lastimosamente, ya cerca de Cajamarca, por el Gavilán, hubo un accidente. César ya se hallaba en la ciudad. Él había logrado que nos acomodásemos en un hotel en pleno centro de la ciudad: El Cabildo. Por el retraso, intercambiamos mensajes sobre el percance en la ruta. Llegamos una hora después bajo una lluvia relativamente tenue. Buscamos un taxi, pero el tráfico era endemoniado. Cajamarca estaba en la calles, incrementado el número de visitantes que, como nosotros, llegaban en cantidades notables. El bus el que íbamos estaba repleto, la mayoría de cajamarquinos que iban por las fiestas. Instalados en el hotel, salimos a cenar, de ahí a dar una vuelta por la plaza de armas e ir a un pub. Cenamos delicioso en el Querubino, luego vimos las comparsas y bailes que se armaban en plena plaza y otras calles aledañas. La fiesta estaba por todas partes. Y la íbamos a cerrar en un pub que está frente al complejo Belén. En el camino me encontré con varios estudiantes o viejos amigos de Trujillo. Se habían “mudado” para estar en la fiesta de la “carne”: Carne vale, fiesta que termina en miércoles de ceniza para entrar en cuaresma. De la fiesta de la carne pasas a la fiesta del espíritu. En nuestra vuelta, vimos a muchos turistas foráneos ingresando a los ruedos a bailar. Vimos mucha juventud, varios con rostros pintados. Y también muchos con botella en mano. No sé si hubo algún acto de violencia, espero que no. 


Nos fuimos a dormir temprano, ya que al día siguiente quería ir a un lugar del cual había oído tanto y tenía muchas expectativas: Polloc.
Sábado 14 de febrero: el día de la amistad y del amor. Los saludos circularon temprano. A María le gusta husmear por los mercados, así que temprano nos fuimos al mercado que queda en pleno centro. Vimos frutas varias y compró muchos higos, ya que le hacían recordar a su Portugal natal. Vimos quesos (cuándo no en Cajamarca), más frutas, artesanía y embutidos. Quedamos con César en la plaza de armas. Hicimos todos los operativos temprano, ya que hoy llegaba a la ciudad el Rey Momo y todas las comparsas con pintura, polvos, mucha agua. No teníamos mucho ánimo, pero sí queríamos ver. Nos dimos el encuentro y fuimos a la  notable capilla que está al costado de la iglesia de San Francisco: el santuario de Virgen Dolorosa. Es bello el trabajo de piedra esculpida que me hace recordar a las iglesias de Juli en el lago Titicaca. 





Quisimos ingresar al Cuarto del Rescate, pero aún no atendían. Decidimos hacer una transacción con un taxista para que nos lleve hasta Polloc y nos retorne a la ciudad. Todo por 70 soles. Fuimos al hotel a dejar algunas cosas y de ahí partimos a nuestro destino. Luego de cruzar algunos poblados, tomamos la ruta a Celendín, totalmente asfaltada. Casi media hora después llegamos a una zona en que primaba más lo campestre que lo urbano. Se llama el centro poblado El Rosario de Polloc. Y en medio de este lugar, hallamos un santuario de belleza increíble. La belleza te abruma. Este santuario estaba dedicado a un dios del agua en los ritos prehispánicos. Cuando llega la conquista, los extirpadores de idolatrías construyen un santuario, cuyos pocos restos se pueden ver en una zona encapsulada. Pero la fuente de agua, el puquio está ahí desde hace siglos, miles de años. Los curas italianos, que hicieron una notable labor en Áncash, han trasladado su forma de trabajo a esta comunidad que tienen la herencia de trabajar la piedra. Lo ve en las portadas de Belén, San Francisco o la Catedral. Solo es cuestión de despertar lo atávico de un pueblo. Y han organizado talleres para los jóvenes, para que aprendan un oficio y para que nos leguen esta maravilla que es esta iglesia. Tanto la nave principal como el claustro son para detenerse a ver detalle por detalle, el primoroso corte que se les ha hecho a las piedras, al mármol y a todo objeto que han convertido en bellos mosaicos para el deleite de nuestros ojos; explosiones cromáticas que te conmueven sin necesidad de ser religioso, es la emoción estética la que te hace quedar en silencio. No tienen necesidad de poner ese cartel pidiéndolo. Hay trabajos de ebanistería preciosos. Es una visita que no puedes pasar por alto. Lo único que esperamos es que las columnas de madera que están en el claustro también las trabajen. Desentonan con tanto trabajo detallista, paciente, feliz.








Abrumados por la belleza, salimos a dar una vuelta para ver el entorno verde que rodea al santuario. ¡Quién lo imaginara! Lo verde nos calmó un poco, estábamos exaltados con lo que habíamos visto. Decidimos regresar a Cajamarca; a nuestra llegada ya veíamos lo que estaba pasando: varios autos se veían pintados desde Baños del Inca. Y veíamos grupos de personas totalmente pintados llevando agua u otras cosas. A medida que llegábamos a Circunvalación ya el número de pandillas era inmenso. El taxi aún no estaba pintado, pero no escapó de buenos baldazos. Vimos a un policía en moto totalmente pintado.



Decidimos ir al nuevo centro comercial para comprar un cortaviento. El lugar estaba resguardado para evitar el ingreso de las pandillas. Logramos tomar otro taxi, nos fuimos a visitar a los tíos de César. Ayudamos a implementar la Usha, el palo cilulo costero o yunza. De ahí nos fuimos al hotel. Bajamos a almorzar al restaurante Salas (ha cambiado de lugar); una vez culminado el almuerzo, nos dirigimos al Cuarto del Rescate, pendiente de la anterior oportunidad que estuvimos en esta ciudad. Recorrimos las instalaciones, las cuales se han reducido para su preservación. Se han restaurado las pinturas de Sabogal. César nos comentaba que hay el proyecto de expropiar las casas de alrededor para restaurar el espacio original en donde se ubica este monumento histórico. Habría que ver el interesante proyecto. 




A la salida, pudimos ver a muchas personas que iban en pandillas con ganas de ingresar al centro histórico. Las autoridades han tomado una correcta decisión al no permitir estos juegos en este espacio, ya que nadie se hace responsable de los daños infringidos a las paredes de casas, hoteles, iglesias. De querer prosperar en posesionar la ciudad para un cierto tipo de turista, lo que ahora pasa es solo ahuyentarlo. Deben sacar los juegos de la plaza y llevarlos a un campo abierto como lo hacen, por primera vez, con el desfile de autos y comparsas. Continuamos nuestra visita, bajo una fuerte lluvia, al Complejo Belén. Como la vez pasada, al visitar este complejo monumental, un aguacero nos acompañó. Vimos una interesante exposición de fotografías alusivas al carnaval. El cansancio nos ganaba, así que nos fuimos a descansar.


Fuimos a cenar a nuestro tradicional lugar y de ahí, al Arlequín, otro simpático pub donde nos encontramos con los amigos de César y otros de Trujillo. Fue una larga noche de risa y diversión. El rey Momo ya estaba en la ciudad.


lunes, 23 de febrero de 2015

UNA VISITA A LA DAMA DE CAO Y A LA IGLESIA DOMINICA DE CHICAMA

El 29 de marzo del año pasado (2014), gracias a la iniciativa de Gilberth García, operador turístico, y en coordinación con la Fundación Wiese y el proyecto arqueológico el Brujo, dirigido por el arqueólogo Régulo Franco (http://www.fundacionwiese.com/patrimonio-cultural/el-brujo-huaca-cao/la-senora-de-cao.html), un grupo de personas ligadas al mundo de la educación trujillana hizo un viaje de todo el día a las instalaciones del conjunto monumental  (huaca, restos hispánicos) y el museo de sitio; además tuvimos la oportunidad de ver el trabajo en conjunto que se hace con la población de Magdalena de Cao para poder ofrecer servicios de calidad al turista nacional e internacional que llega al sitio arqueológico y que atraviesa esta pequeña ciudad. Anteriormente los visitantes iban al destino y retornaban sin percatarse de la historia y vida de esta población, la cual se ha trabajado por año con gente del grupo MINKA. En algunas visitas que hemos hecho sucesivamente al conjunto arqueológico CARAL, había visto los cambios notables que se hacen, pero que demandan diversas formas de inclusión social con los pobladores (un problema que se está abordando en Moche y las huacas de la zona) así como cambios de actitud de los pobladores que quieren solucionar sus vidas con la famosa costumbre paternalista que confunde a muchas entidades con la mal entendida Responsabilidad Social y las acciones de asistencialismo que se suelen ejecutar, equivocando limosna, dádivas o regalos con trabajo de RS. La población afectada debe experimentar un cambio que conduzca a cambiar ciertos hábitos en el desarrollo de sus actividades para mejorar la producción de objetos o mejora de servicios que pueden ofrecer a un público distinto al que solían tener. Así pues, nosotros, el grupo de casi 30 personas, íbamos a hacer los catalizadores de las diversas actividades que se han ido desarrollando en torno a este patrimonio arqueológico: arqueología, historia, sociedad, turismo, artesanía, gastronomía, hotelería; diversas ramas de la ciencia y del bienestar se han conjugado para ofrecer un producto y, como dicen ahora, una marca. Salimos en un bus en el cual nos acomodamos todos los asistentes, más personas ligadas al proyecto arqueológico. Nos acompañaba en este viaje, Iván La Riva, incansable viajero y narrador muy entretenido de nuestra historia regional. En el camino pudimos recibir una clase sobre la importancia del Cerro Campana, el cual se encuentra bastante amenazado por los intereses de Chavimochic. Justo por la fecha, el tema del Cerro había salido a la luz a raíz de una venta de terrenos en zonas que estaban en discusión su intangibilidad. Me parece que a la fecha este asunto no está del todo claro sobre el futuro de este lugar no solo de importancia ecológica, sino arqueológica e histórica. Lastimosamente, y como me lo comentaron algunas personas que están trabajando en esto, se han hallado algunas vetas de oro y eso puede significar su final como santuario.



Sigamos con nuestro viaje. Iván nos señaló los lugares que significaron la caída del imperio Chimú, ya que con esos sucesos, la ciudadela Chan Chan fue ocupada por la expansión inca.  La zona se llama Chiquitoy viejo o Chiqtoy. Las ruinas las recuerdo cuando íbamos a la playa en los 80 por esta ruta de entrada desde la Panamericana. Anteriormente, en una visita que hicimos con estudiantes de la universidad en la que laboro, habíamos tomado una ruta que bordeaba el mar desde Huanchaco. Esta vía es mucho más corta y atraviesa Santiago de Cao. Reduces los casi 60 kilómetros de distancia y la hora que te toma en llegar a este destino. Lastimosamente y por razones de preservación de los huachaques y totorales, no se ha asfaltado la misma. Pero sería una buena alternativa si la carretera se hiciera, en ese tramo, sobre el tablazo. Hay proyectos y proyectos. Así que tomamos la Panamericana, la cual están en proceso de ampliación. Espero que estos cambios atenúen el pesado tráfico que hay hacia el valle (también cargado de permanentes accidentes, varios fatales). La entrada, desde Chocope, hacia Magdalena ha mejorado considerablemente. Hay una mejora en la señalización de la que solía tener y ahora ya estás seguro de tu camino. Años pasados accedíamos al lugar por “acción divina”. Las veces que veníamos por el mar, al cruzar los cañaverales no tenías mucha certeza de tu destino. Pero ahora ya hay una mejor señalética y todo se halla, desde Chocope, asfaltado.
Nos dirigimos hacia nuestros objetivos iniciales: huaca y museo. Como el grupo era relativamente grande, teníamos que ir a cierto ritmo. Hubo una presentación inicial a cargo de Régulo y luego nos dirigimos hacia el conjunto arqueológico. Recibimos las primeras indicaciones en la plaza principal o ceremonial y luego visitamos algunos pasadizos que suelen permanecer cerrado a las visitas regulares. Se puede apreciar las técnicas de construcción y el carácter religioso del inmueble. Pudimos ver más de cerca el nivel que representa un desfile de los sacrificados, quienes desnudos son llevados al sacrificio; y en el segundo nivel, a los danzantes. Hay además todo un mural en alto relieve cromático muy parecido al de la Huaca de la Luna, cerca de Trujillo.




Hay algunas galerías que no han sido del todo abiertas y que son más fascinante de lo que solemos visitar. El cuidado de los muros es vital para evitar que la erosión del viento marítimo vaya deteriorando las paredes recientemente restauradas. Igual está pasando con el gran techo metálico cuya lona ya está muy deteriorada. El coste de la restauración es alto y se puede lograr si el monumento tiene una vida turística activa.  Ya se estaban empezando las restauraciones de las ruinas hispánicas que, en contraste con las precolombinas, se hallan más dañadas. Aquí hubo un pequeño poblado de origen español y una iglesia, también dominica, cuyas ruinas ahora están restaurando. La iglesia, como parte del proceso de extirpación de idolatrías, se construyó en una zona de adoración prehispánica. Desde la parte superior de la huaca, ves el valle, el mar y los otros complejos arqueológicos, algunos lamentablemente dañados como Huaca Rajada o Cortada (el nombre lo dice todo). Además puedes contemplar uno de los sitios más antiguos del Perú: Huaca Prieta. Todo apunta a que esta zona ha sufrido serios embates de los efectos de los Niños de los siglos pasados (y una seria advertencia si amenazase otro igual como del 25 o del 82-83, e incluso el del 97-98). Hay que reforzar y proteger lo hallado, sino acabaría como otra ruina más. El museo es pequeño, pero su contenido es notable, fuera del trabajo museístico hecho con una profusa y amena información, recursos tecnológicos bien empleados y los tesoros que son presentados en su colección. Hay toda una discusión entre paisajistas, arquitectos, restauradores e historiadores sobre el uso de materiales para su construcción, así como su locación. Sin embargo, el interior es bastante ventilado, aunque es recomendable no tener mucha gente en tu visita. Un contraste irónico. El plato de fondo es la dama de Cao, una sacerdotisa que murió muy joven por fiebres puerperales, posiblemente. Murió, según datos, hace 1800 años, casi siglo II o III de nuestra era y pertenece a la cultura moche. Fue una autoridad religiosa, casi divinizada, y con ella se rompió el mito de una sociedad teocrática gobernada solo por hombres. Lo interesante es ver sus brazos que aún muestran las pinturas que se hallaban en su piel. La sequedad del clima ha permitido que estas características se hayan preservado por siglos. La cámara  en la que descansan sus restos está climatizada. Además la luz es tenue para que no dañe las pigmentaciones que han sobrevivido a siglos.




Una vez concluida la visita al sitio arqueológico y el museo, hay una nueva propuesta que se quiere incluir como un producto más para visitar: turismo mágico. Para esto, se ha acondicionado espacios y un camino que conducen a un pozo de agua de excavación prehispánica. Aquí todo apunta que se realizaban ritos sobre en una zona identificada con la chamanería y la brujería. No en vano se llama huaca El brujo. Los ritos del agua son muy importantes para una sociedad que dependió mucho de ella y que padeció por ella. El Niño es un conjunto de fenómenos climáticos que afectan la distribución del agua; en algunas partes caen lluvias torrenciales incontrolables, en otras las sequías causan hambrunas. Se ha adecuado un descanso para aquellos que esperan su turno para el rito, acompañado de un sanador chamán.





Una vez culminada la extensa visita y con un hambre de lobos, nos dirigimos hacia Magdalena. Ahí nos distribuimos para almorzar. Hicimos un alto en su simpática plaza principal, la cual luce muy cuidada y restaurada en algunas de sus calles con empedrado. Hay muchas cosas pendientes por mejorar, incrementar la calidad de los servicios y estar listos para poder atender a grandes grupos e incrementar su oferta en el menú. Igual como suelen presentar las botellas para la chicha “mellicera” como la llaman. Por lo  menos estandarizar el tamaño. Por el tiempo, no pudimos quedarnos a ver la artesanía, la cual ha mejorado considerablemente.
Ya ajustado nuestro horario, salimos con retorno a Trujillo, pero a la altura y ante la sugerencia de varias personas, entramos a  ver la pequeña iglesia de Santo Domingo en el poblado de Chicama. Es una iglesia pequeña, que fue administrada por los dominicos (obvio) y, pese a ser reconocido como un monumento histórico en 1974, poco se ha hecho para impedir su acentuado deterioro. En 2010, cayó parte de su pared y no vemos techo en la actualidad.






El interior del convento está vacío. Imagino que igual ha de estar el claustro. Lo que sí sigue activo es el cementerio que se ubica a la izquierda de la entrada del convento. Chicama es un poblado que data del siglo XVI y fue fundado por Diego de Mora. Era una suerte de pascana para los viajeros. Esta iglesia era para adoctrinar en una zona tan poblada como lo era este valle, el de CHACMA. Interesante datos hallados en el ensayo de Susan Ramírez (http://www.ifeanet.org/publicaciones/boletines/24%282%29/245.pdf) para complementar la lectura; en el texto se habla de que este lugar ya estaba dominado por Diego de Mora desde antes de 1558 y creó el primer ingenio azucarero del Perú, el cual fue dirigido por su viuda, Ana de Pizarro.

Luego de la breve visita, regresamos a Trujillo, llegando a las 5 de la tarde. Intensa jornada.