sábado, 29 de noviembre de 2008

SECHURA 1




16 de noviembre. Un domingo caluroso en la cálida Piura. El día anterior habíamos comido con mucha fruición todo lo que el mar piurano da a sus ciudadanos y visitantes; la movida noche del sábado no nos impidió levantarnos tempramo para hacer una visita a un lugar que había visitado hacía 23 años: SECHURA. Muchas personas refieren este nombre con un desierto, el más extenso del Perú; otros lo refieren con el gran potencial que esta zona va a tener no sólo para la región sino para todo el país: la riqueza de los fosfatos. Pero pocos vinculan este nombre con una joya que se halla en el medio del desierto cual atalaya: la iglesia de San Martín de Tours. Esta gran edificación puede descollar desde cualquier punto y es una gran referencia (y alivio, si vienes en micro) cuando inicias tu travesía desde Piura.
Piura es una ciudad que carece de servicios que hagan agradable la permanencia a un turista que quiera información al paso. La Oficina de Turismo que está en la Plaza de Armas deja de funcionar cuando tienen una parada cívico-militar: simple y llanamente no puedes pasar y esos eventos duran la penuria de una hora con los pobres chiquillos desfalleciendo por el intenso calor. Pese a esa situación, no nos amedrentamos y decidimos preguntar en agencias de viaje ; no había ninguna abierta y los hoteles no tienen mucha información sobre algunos servicios que puedan prestar a un turista que quiera ir a este lugar. Pero no cejamos en nuestra terca decisión de ir y fuimos a tomar un servicio de transporte público (que es privado) y viajamos en unas condiciones bastante tercermundistas que me hacían recordar esos viajes por pequeñas y perdidas ciudades hindúes. El dichoso micro sonaba (y olía) de manera muy rara y temíamos algún discreto percance, como que lo hubo: parte del cartel de la empresa que estaba en el techo del micro voló. Nos causó un buen susto. En fin; ya estábamos en el bus y a seguir remando. El viaje por el Bajo Piura es impresionante, vas descubriendo pequeñas ciudades que las recuerdo pobres y semiderruidas (la primera vez fui a los 3 años del Niño del 82-83), ahora pujantes y grandes; y un valle feraz, verde, con palmeras por todas partes. Ciudades como La Unión, Vize, El Arenal, iban apareciendo en la ruta. El día anterior Claudia, una amiga de Piura, contaba cómo se iba a transformar todo esto a raíz de la nueva industria fosfatera; espero que sea para bien.
Pero el calor no dejaba de molestarnos; la precaria ventanilla dejaba ingresar un poco de aire, ya estábamos amodorrados; de pronto, como agujas enhiestas ves a los lejos las dos torres de la iglesia. Ya casi estábamos en nuestro objetivo; la carretera sinuosa era devorada por el micro y la imagen era cada vez más clara y grande. En cuanto entramos a los primeros barrios de la ciudad, algunos pasajeros comenzaron a descender. Faltaba poco, el bus dobló por un malecón y nos topamos con el mercado. Un poco desconcertados, preguntamos al chofer dónde estaba la catedral, nuestro objetivo; nos dijo que nos quedáramos un rato para acercarnos un poco más y luego nos indicó dónde descender y caminar; ya estábamos casi en nuestra meta.
Bajamos en una esquina a no poca distancia de la iglesia, la cual ya era bastante visible para nosotros. Bajo el agobiante calor (era casi mediodía) marchamos a nuestro objetivo. Al comenzar nuestra marcha, vemos una oficina de Manpower, la cual está reclutando a varios sechuranos que han de trabajar en el proyecto Vale Do Sol (¿es así?) que cambiará todo el panorama de Sechura.
Seguimos la marcha y llegamos a un costado de la monumental iglesia; como era domingo, estaba abierta y nos enrumbamos. Sólo el hecho de estar frente al frontis de la misma ya es de por sí toda una experiencia. El interior luce un poco descuidado, pero se ve que fue toda una magnífica iglesia, como lo demuestra el fino estucado que tiene, las imágenes que aún quedan y en sí la magnífica construcción que es. Logramos subir al campanario para ver el juego de campanas que según nos dijo nuestro guía su sonido es fácilmente perceptible a la distancia. Además en una zona tan tranquila, su sonido debe ser oídos por todos, salvo los momentos en que las estridentes fiestas populares con todos sus parlantes "a todo meter" acallan a las campanas.

La visita concluyó con una visita al pequeño balneario que está cerca a Sechura, al cual llegamos con un mototaxi y vimos algunos oasis en el camino.

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