miércoles, 5 de noviembre de 2008

LOS AÑOS 60



Great nonsense has been spoken of that time.
But I can tell you saw then
A terrible darkness on the face of men,
His last astonishment, and now that I´m
Old I behold it as a young man yet.
None of us now knows wht it means,
But to this day our loves and disciplines,
Work there and watch. We do not forget.
JOHN BERRYMAN, THE DISCIPLE



Ya casi 40 años nos alejan de una de las décadas más apasionantes de la humanidad en su conjunto: la de los 60. Un intenso periodo en el cual se han de gestar los cambios de la nueva era, la búsqueda de los derechos humanos individuales y colectivos (sobre todo igualdad racial y de género), la revolución sexual con la aparición de la píldora, el desarrollo de la ciencia en cuanto a las comunicaciones y transporte (la primera transmisión vía satélite fue cuando un ser humano puso por primera vez su pie sobre la luna, allá en 1969); la década del aggiornamento de la iglesia católica tras el Segundo Concilio Vaticano. La minifalda y los colores chillones eran el abierto desafío de los jóvenes de entonces, quienes oían a los Beatles o los Rolling Stones. Década que se inició con un leve deshielo entre las grandes potencias de entonces (EEUU. y la URSS.), encabezadas por líderes que querían, quizá, una nueva sociedad mundial: Kennedy y Kruschov, respectivamente. Uno cayó bajo las balas, otro fue silenciosamente desplazado y acabó sus días en una Dacha, una típica casa de campo rusa. En otro lado del planeta, Mao empezó su turbulenta Revolución Cultural, periodo que ahora sus cineastas abordan con un agudo interés. Su prédica va a entrar en los salones de clases universitarios y hará estallar a partir de 1967 una serie de revueltas en pro de la modernización de la sociedad y el poder. Su punto culminante es el Mayo del 68, cuando por unos días la Imaginación estuvo en el poder. Esto va a precipitar la caída de aquel que representaba el antiguo orden: Charles De Gaulle. África iniciaba su lento y duro camino hacia la independencia; algunos países la obtuvieron de manera pacífica, otros como el Congo belga (actualmente Zaire) tuvo dolorosos baños de sangre con la misma muerte de su líder, Patricio Lumumba; lo mismo le sucedió a la Argelia de Ben Bella por parte de Francia. En América Latina tanto la Guerra Fría como lo sucedido en las aulas universitarias se van a trasladar a las calles de Buenos Aires, Santiago, Brasilia, México o Lima; algunos países van a caer en manos de dictaduras militares o civiles, tales como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú y Uruguay, con diferentes consecuencias; el primero en ser derrocado va a ser João Kubitschek en Brasil, quien intentó modernizar el país y dar más atención a los desposeídos; esta situación en Latinoamérica se va a ensombrecer a los inicios de los 70, cuando en Chile se trunque el primer gobierno socialista de Salvador Allende, elegido por el pueblo (Pinochet, 1973). La América latina luchaba por su espacio bajo el sol, y muchos optaron por métodos radicales, siguiendo el estilo de Cuba con Fidel Castro; la presencia y admiración de un hombre como el Che Guevara han quedado en el imaginario colectivo de la sociedad latinoamericana, a pesar que se lo quiera negar. Pero las marcadas secuelas de la Guerra Fría se van a centrar en ciertas regiones del planeta, siendo las más convulsivas Medio Oriente (Israel y sus vecinos) e Indochina, sobre todo, Vietnam.
La sociedad norteamericana venía de una década de bonanza económica tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial, toda una gran potencia militar y con un estilo de vida patrón que va a ser modelo difundido por sus medios de comunicación; además es una década de dirigentes paranoicos que veían en todo y en todos el peligro rojo. Cuando EEUU reemplaza a Francia en el conflicto del Lejano Oriente, encontró su talón de Aquiles. Luego de una dolorosa separación de la península coreana para contener la marea roja, los gobernantes norteamericanos se sienten en la obligación y en la ocasión (por supuesto) de convertirse en el adalid de la democracia y los derechos de los pueblos. Kennedy quiso arreglar los problemas tanto internos como externos, sea los derechos civiles de la minoría negra, así como salir paulatinamente de Vietnam, Camboya y Laos; el problema de Cuba puso en alerta a la maquinaria militar norteamericana y esa sensación de invulnerabilidad se vio profundamente afectada. Los conservadores y paranoicos no van a escatimar en enviar a muchos de sus jóvenes a ser masacrados, muertos o mutilados en Vietnam. Así la intelectualidad norteamericana, las aulas universitarias, sobre todo Berkeley con pensadores como Henry Marcuse, se pondrán de pie para cuestionar al sistema: el Black Power surgirá como parte de esta coyuntura y no solo Martin Luther King, Malcom X o Angela Davis se harán conocidos, sino también esa multitud de hombres y mujeres negros que levantarán su puño para mostrar ese poder; las imágenes de los atletas negros vencedores de las pruebas de 100 ó 200 metros planos en las Olimpiadas de México en 1968 hablan por sí solas. Y en San Francisco surge uno de los movimientos sociales más interesantes de las últimas décadas: los hippies, el poder de las flores. De pronto el stablishment se ve fuertemente cuestionado, las calles son ganadas por jóvenes antibeligerantes, desafiantes al sistema, con un culto al amor libre, al consumo de drogas psicodélicas, a una moda libre, estridente, con una música que saca de quicio a los mayores: el rock.
El arte, en este fascinante contexto, no podía estar exento; los bruscos cambios sociales se ven en la plástica con Lichtenstein, con Warhol; el teatro llama al happening; el rock accede al clásico que ya venía desde Stockhausen y recae en sofisticaciones de Yes o Pink Floyd en Inglaterra; en la sociedad norteamericana grupos emergentes como Creedence Clearwater Revival, Santana, The Doors, Allman Brothers, The Who o America llevaban adelante el mensaje crítico del momento que había inaugurado Bob Dylan con sus canciones The Times they are changig´ o Blowin´ in the wind ; ya Calder creaba sus esculturas movibles y la literatura rescataba a sus malditos como Bukowsky o Salinger, vejados una década anterior; Ferlinghetti, Ginsberg seguían a Jack Kerouac…Norteamérica es un volcán en creación permanente.
¿Y el cine? El arte masiva va a tener también grandes cambios; la década anterior la cinematografía era reina y señora del escenario; mas, a fines de los 50 aparece una pantalla pequeña que será un desafío en los 60: la televisión. Este medio comunicativo cambiará los gustos del gran público tanto en forma como en contenido. La grandiosidad de escenarios de los filmes de los 50 van a pasar a escenarios simples e incluso de pocos planos y rápidos como exigía la televisión; y las tramas demandan ahora personajes más sencillos y desarrollos más simples. Los clásicos directores de cine son reemplazados por un grupo de directores independientes, jóvenes, algunos de ellos venidos del teatro, con presupuestos bajos, con actores desconocidos.


BUTCH CASSIDY AND THE SUNDANCE KID 1969 GEORGE ROY HILL Cuando todo parecía que el western estaba en franca decadencia, llega este film que refresca el género y catapulta a esta dupla (PAUL NEWMAN y ROBERT REDFORD) como una pareja singular y violenta, del medio Oeste, la propuesta es interesante, con datos históricos reales, pero con ciertos elementos anacrónicos empleados con un buen humor, que da un buen respiro a este género. La canción central de Burt Bacharach, “Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza”, popularizó más esta película. Acompañan a esta dupla la actriz Katharina Ross. Según la historia esta dupla de bribones terminó sus días en Bolivia.

THE GRADUATE (EL GRADUADO) 1967 MIKE NICHOLS Este es un verdadero retrato de los conflictos generacionales acertadamente mostrado en esta película, y es un clásico de los 60, con la música de Simon and Garfunkel, con canciones que se volvieron todo un icono musical como El Sonido del Silencio. Un recién graduado, Benjamín (Dustin Hoffman), en agasajado hasta el hartazgo por sus padres, quienes no respetan sus indecisiones y las crisis de un recién egresado; es abordado y seducido por una señora, amiga de sus padres, la Sra. Robinson (Anne Bancroft), la pronta llegada de su hija (Katharina Ross) cambia los planes; una estrategia para demoler amistades falla y los objetivos no son logrados. Film entrañable y de necesaria visión para entender esta loca década.

EASY RIDER (BUSCO MI DESTINO) 1969 DENNIS HOOPER Es un verdadero río-documento de ese espíritu de libertad que recorría a la sociedad norteamericana. Dos hippies (el mismo Hooper y Peter Fonda) han amasado cierta cantidad de dinero vendiendo droga, y así deciden con sus motos enrumbar hacia Nueva Orleáns para ver los carnavales. En su viaje atraviesan ese gran país, inmenso en extensión y geografía humana como son los Estados Unidos; las escenas del Monument Valley, antes inmortalizado por John Ford, son emocionantes, así como ese acercamiento a las minorías y a entender ese mundo muchas veces marginado por el sistema. Pero también se van a encontrar con fuertes manifestaciones de intolerancia que en cierta manera caracteriza a un buen sector de la sociedad estadounidense, así es como se presagia el fin.

THE WILD BUNCH (LA PANDILLA SALVAJE) 1969 SAM PECKINPAH Uno de los filmes más violentos rodados en el western, una nueva visión del héroe en esta sociedad cambiante, es también una suerte de destrucción de cierta inocencia al verse frente a situaciones en las cuales tiene que decidir entre la lealtad a sus amigos o a sus principios. Hecha con poco presupuesto, utilizó sobre todo recursos de cámara o montaje más que escenarios u otros elementos que hubieren demandado un desorbitado presupuesto. Los tiempos cambian. También es la oportunidad de viejas glorias del cine que van viendo el ocaso de su estrellato como es el caso de William Holden, a quien lo acompañan Ernenst Borgnine, Warren Oates, Ben Jonson y Emilio “Indio” Fernández.

THE PARTY (LA FIESTA INOLVIDABLE) 1968 BLAKE EDWARDS Este es un film disparatado con el que cerramos este ciclo; una comedia con muchos gags (parece una película de Jacques Tati) que depende mucho de la capacidad de observación que tiene el espectador a través de la cámara. La presencia de un actor como Peter Sellers, como un desfachatado actor hindú, nos asegura una fiesta ciertamente inolvidable, en la que se sucederán escena tras escena a cual más disparatada, con una velada crítica al tufillo del Hollywood.
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