viernes, 28 de noviembre de 2008

LA NAVIDAD COMO LEIT MOTIV



Para el discurso cinematográfico y para las artes, en general, la fuente de inspiración está en la consecución de un objeto que provoque sorpresa o desequilibrio, y un artista atento a ese objeto o momento. Así, el creador tiene en su torno un sinfín de leit motiv que se pueden convertir en su elemento motivador.

Uno de esos momentos que pueden convertirse en tal es la fiesta religiosa: cualquiera de ellas es el sincretismo de diversos sueños, traumas e interpretaciones de nuestro mundo, tanto físico como virtual, ideal. Y una de las fiestas que más carga tiene al respecto es la navidad, la natalidad, el dar un hijo, el repetir el ciclo de la reproducción como una perpetuación de nuestra especie.

Difícil en nuestro mundo actual no percibir la navidad; sin embargo, es poco conocida como tal en sus orígenes y la fecha misma no figura en la Biblia, salvo por referencias astrológicas que corresponden al mundo hebreo y su entorno. Desde su institucionalización como fiesta religiosa, otras realidades paganas se han ido “acoplando” a esta fiesta; recuerdo mucho en mi niñez, las navidades eran más a la usanza española que la actual, muy norteamericana; esta, a su vez, viene de las tradiciones inglesas y holandesas, que, además, vienen de las antiguas tradiciones celtas y nórdicas. En mi niñez, Jesús era el niño Manuelito, de Inmanu-el, el enviado de Dios. Ese vínculo de carnalidad le confería un poder especial, y a él se le dedicaba los cantos de los antiguos pobladores de las villas: el villancico. El Siglo de Oro español se ve plagado de escritores que produjeron prolíficamente villancicos, siendo los de Quevedo los más populares y aún hoy cantamos de él “Sopa le dieron al Niño, no se la quiso tomar.” Del acerbo peruano, los villancicos de la colonia llegaron hasta los 60 y fueron muchos rescatados por grupos corales y se volvieron, incluso, política de estado bajo el gobierno de Velasco, quien quería contrarrestar la rápida aculturación de la población peruana ante la contundente influencia de la cultura norteamericana.

El cristianismo católico ha dado muestras a lo largo de su historia de una excelente capacidad de asimilación en las comunidades en las que se implantaba. La navidad sajona protestante es más intolerante al hecho, pese a que sus orígenes son tan paganos como las católicas.

Algunos de los filmes de este ciclo servirán para explicar más detalles al respecto.

¡QUÉ BELLO ES VIVIR! FRANK CAPRA (1946) Quizá una de las más bellas películas inspiradas en la Navidad. Además fue uno de los filmes que irónicamente le trajo más problemas a nuestro director, que pasó a engrosar la lista negra de intelectuales y artistas norteamericanos acusados de comunistas o simpatizantes rojos. Capra nos muestra, a través de la vida del personaje encarnado por James Stewart, una feroz crítica al capitalismo inhumano, insensible, que impera en la actualidad; aquí no tiene ninguna concesión con el capitalista negrero, explotador, metalizado. Y es precisamente en esta fiesta, la cual tristemente es todo un derroche de consumismo y angustia, en la que debemos recordar lo más valioso de cada uno de nosotros: nuestra vida. Y todo lo que ella significa para los otros, tus padres, hermanos, amigos, tu sociedad; tus oportunidades así como tus fracasos, conflictos, todo aquello por lo que te hace único. Sencillamente bella.

EL RUISEÑOR DEL EMPERADOR DE LA CHINA JIRI TRNKA (1949) es una bella película de marionetas de este famoso director checo, un genio en estas artes. El famoso cuento de H. C. ANDERSEN se transforma en una bella obra cinematográfica que va a captar la atención de cualquier amante del cine, porque en realidad para un director como él, el teatro de marionetas adquiere la categoría de arte mayor. Todo un deleite. Esta película es una gran sucesión de fotografías, reunidas en un montaje increíble, todo un excelente trabajo para la época. La narración corre a cargo de Boris Karloff (la versión en francés la hizo Jean Cocteau, gran amante de los cuentos de hadas)

NOS ENCONTRAREMOS EN SAN LUIS VICENTE MINNELLI (1944) Es uno de los mejores trabajos de este director, especialista en musicales, con la que iba a convertirse en su esposa, Judy Garland. Una típica familia de Missouri, precisamente de la ciudad de St. Louis, que se va a ver pronto en la disyuntiva de emigrar a Nueva York, por el trabajo del padre; el alma de la familia cambia y durante las fiestas navideñas ocurre una sorpresa. Es una película de buen color, buena música y nos muestra la bella voz de la Garland, la cual ya oímos en la película EL MAGO DE OZ.

EL ÚLTIMO FRIEDRICH MURNAU (1924) Quizá una de las películas más extremas, circunscrita al movimiento Expresionista alemán, con Emil Jannings en un rol de portero que nos invita a la lástima. Ya viejo él, su función en el mundo laboral se acabó y va a ser despedido dramáticamente. No debemos olvidar que la Alemania de esa época vivía lo que nuestro país ya arrastra por años, un masivo desempleo y los más débiles y pobres eran los que sufrían las más graves consecuencias (¿no les parece muy parecido a la realidad peruana?) En esa época previa al gran crack capitalista, la sociedad alemana hubiera entrado en una gran depresión si no se hubiere agregado el final que lleva; es por eso que otras llaman a este film “LA ÚLTIMA CARCAJADA” en alusión de quien ríe último, ríe mejor. Ojalá fuese así la vida.

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACK HENRY SELICK (1994) Aunque dirigida por Selick, el mérito es de TIM BURTON, que la soñó por mucho tiempo. Como toda fiesta de origen religioso sincrético conlleva muchas tradiciones y este film está plagado de tradiciones nórdicas, como la famosa fiesta de las luces (el árbol de navidad es una tradición muy antigua de origen remoto pre-cristiano). En la tradición nórdica casi una semana y media antes de navidad se lleva a cabo la fiesta de las luces, incluso las jóvenes doncellas solían llevar velas en la cabeza para dar paso a la luminosidad preparándose para los largos noches invernales, sobre todo la del 21 de diciembre, considerada la noche más larga. Casi coincide en 40 días la distancia entre la Noche de Brujas con la fiesta de Lucía; como los calendarios religiosos son movibles quizá la Navidad bien hubiera caído un 17 ó 18 de diciembre; a más tardar 21. Equidistante a la relación CARNAVAL y PASCUA DE RESURECCIÓN; aquí no tenemos una Doña Cuaresma, pero los horrores de la Noche de Brujas se amainan con los regalos y el mensaje de amor de la Natalidad. Aunque dichos elementos religiosos no se expliquen, están tácitamente dichos a lo largo de los personajes y la trama presentada en esta fantasía visual, y un llamado al orden a través del amor.
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