viernes, 28 de noviembre de 2008

DER LEHRER BILLY WILDER




“Hola, soy Dios. No debiste haber dicho eso anoche.
La gente se santigua al verme en la calle”

Respuesta de B. Wilder a Fernando Trueba, Diccionario del Cine



Quizá uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos, este maestro austriaco dio a la cinematografía películas y personajes notables tanto en el mundo de la comedia como en el drama. Dejó brillantes libretos, agudos diálogos y frases inmortales que ya son parte del patrimonio intelectual y artístico de la humanidad. Nació en Sucha (Austria) en 1906; el avance del nazismo lo hizo huir de su patria, ya que era judío. Alguna alma avezada había tratado de burlarse de él en su condición, pidiéndole hacer un film de la historia de Jesús; Wilder le propuso al actor sarcástico de marcada simpatía nazista que hiciera este (el actor) el papel de Jesús, pero que los clavos iban a ser verdaderos. Obligado al destierro, emigró hacia los Estados Unidos para hacer su carrera (como le pasó a Marlene Dietrich, Conradt Veidt, Peter Lorre y otros actores alemanes o germano parlantes). Agudo para ver la sociedad que lo acogió, fue un sable en la crítica de todos los aspectos de la vida de Norteamérica, sobre todo con el cine, actividad que es arte y, a la vez, una industria implacable y sórdida. Se inició en los estudios de la Paramount y fue testigo de muchos acontecimientos que lo han de marcar: la derrota de Alemania, el ascenso poderoso de los Estados Unidos y el desencanto de su sociedad tras la culminación de la guerra. Muchos artistas que trabajaron con él opinaban sobre su espíritu ácido, habida cuenta que dos de sus mejores filmes desnudaron la ingratitud de Hollywood, que vive de actores en primeros planos y que luego los desecha por estar viejos. Estos filmes bien pudieron ser casi documentales y los nombres no tenían necesidad de ser cambiados. Wilder sabía en lo que estaba, por eso no le preocupaban los premios y esas otras avituallas que este mundo suele ofrecer.
Supo trabajar con sus actores, se rodeó de divas y con ellas hizo películas geniales; tan agudo como era, logró evadir la censura de la mojigata sociedad norteamericana y expuso temas de manera sutil y graciosa. No era muy experto en la escritura del idioma inglés, es por eso que solía emplear a los mejores guionistas de cine como una suerte de secretarias e interlocutores de sus ideas, tal como lo sentían George Axerold o A. L. Diamond; este último decía que era una secretaria de 150 mil dólares, una ironía para reflejar el trabajo de locomotora que tenían con él. Pero, lo que pudo haber sido un trabajo desbordado, en sus manos el trabajo fue objetivo, pulcro, sin excesos; trazaba sus reglas claramente e invitaba a los que trabajaban con él a seguirlas, pese a que gustaba la fricción con sus colaboradores; así podía conocer otras perspectivas, otros puntos de vista. Por eso, estuvo siempre en la cumbre de la cinematografía mundial. Un paradigma.

Cuando Fernando Trueba recibió el Oscar por su film Belle Epoque, él mismo declaraba no creer en una divinidad, mas sí en Billy Wilder. Este recibió esas declaraciones con mucha simpatía y muchas personas ligadas al cine estuvieron de acuerdo en eso. Wilder nos dejó a los 95 años en el 2002 y su legado es de visión obligatoria para todo aquel que quiere hacer cine: planos, fotografía, script, manejo de actores. En fin, un maestro, ein Lehrer.

He aquí algunos de sus grandes filmes


SOME LIKE IT HOT (UNA EVA Y DOS ADANES) (1959) Una de las películas más brillantes de todos los tiempos, con diálogos agudos y con las actuaciones geniales de Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis. Años de la gran depresión norteamericana, con una sociedad habituada al mundo gansteril, un par de músicos es testigo de una masacre, la masacre de San Valentín, por un ajuste de cuentas; este par debe huir para salvar el pellejo y se enrolan en una banda de mujeres músicas, en camino a Florida para tocar en hoteles de viejos ricachones. Escena tras escena, los diálogos son exorbitantes y las situaciones ridículas y geniales. El mundo travestido presentado por Wilder no es censurado, pese a la reticencia de la sociedad de entonces frente a estos temas. Con el guión A. L. Diamond, la película es una arma inteligente de crítica de la moral ambigua de la sociedad americana: cierra el film, la frase más famosa de la historia del cine: “nadie es perfecto”. En realidad, la película es perfecta.


THE PRIVATE LIFE OF SHERLOCK HOLMES (LA VIDA ÍNTIMA DE SHERLOCK HOLMES) (1970) ¿Qué no se ha sospechado sobre este personaje creado por el literato inglés Conan Doyle? La bizarra relación con su secretario Watson (Colin Brakely), como su secretario, confidente, amigo, lleva a Wilder (escribió el guión, además) crear esta película con una serie de intrigas y suposiciones sobre la vida privada de este famoso detective (Robert Stephens), quien fue tan conocido en el mundo extraliterario a tal grado que se pensaba que era un personaje real. Cuenta la historia que la misma Scotland Yard le encargó resolver ciertos casos irresueltos, le pedían consultas e incluso se enviaban cartas a la supuesta casa de ambos amigos en Baker Street. Con este gran antecedente, se recrea estas hipotéticas historias, todas pícaras, pero encerradas en la lógica de Doyle para darnos su credibilidad. En las diversas situaciones, los dardos aleves contra la sociedad victoriana son lanzados con mucha sutileza, así como la insinuación sobre la supuesta relación homosexual entre ambos amigos.

IRMA, LA DOUCE (IRMA LA DULCE) (1963) Una simpática comedia ambientada en París, una prostituta (Shirley MacLaine) ejerce su oficio diariamente por las calles, topándose con todo tipo de clientes. Protegida por su chulo vividor, un día conoce a Néstor (Jack Lemmon), un simpático policía recto con la ley, lo cual lo lleva a tener una serie de problemas. Por hacer una redada, lleva a prisión a Irma, Néstor no sabe que todo está apañado. Lo que podría haber sido una fuerte decepción, se convierte para Néstor la oportunidad de conocer más a fondo a Irma. Diversas situaciones ridículas le hacen perder el puesto, pero al final queda con su chica. Wilder trabajó bien con esta dúo y explotó el espíritu cómico de Jack Lemmon.

SUNSET BOULEVARD (EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES) (1950) Este es el film más cruel, pero real del mundo de Hollywood; sobre éste se ha escrito tantos ensayos y todos concuerdan que es una de las obras capitales de nuestro Director. El trabajo de Gloria Swanson es impactante y en cierta manera es su propio retrato. La decadencia se ve en su rostro, sus gestos, y el mundo de sus acompañantes; vemos a un Búster Keaton, viejo, consumido por el alcohol, rememorando los buenos viejos tiempos. Y el increíble papel de Erich von Stroheim, como el esposo chofer de Norma Desmond, es conmovedor y terrible. Y el papel de William Holden, de gigoló pelele, quien con su narración en off nos va contando este drama. Sin duda, el lado oscuro del mundillo hollywoodense. Obligada.

WITNESS FOR PROSECUTION (TESTIGO DE CARGO) (1957) Un día Wilder dijo querer hacer un film mejor que los de Hitchcock y llevó a cabo esta interesante obra, trabajando con dos grandes del cine como lo fueron Marlene Dietrich y el soberbio Charles Laughton, quien encarna a un abogado agudo, mordaz. Sir Wilfrid Robarts, nuestro abogado, decide tomar el caso sobre un asesinato de una mujer mayor solitaria. El principal culpado es un inventor mediocre, sobre el cual recae todas las sospechas, incluso su esposa ha declarado contra él. Esta obra de Agatha Christie es repotenciada por el genio de Wilder, le pone diálogos agudos para desnudar la verdad de los hechos. Un buen ejercicio mental.

THE APARMENT (EL DEPARTAMENTO) (1960) Una estupenda comedia en la que se critica la consabida lealtad corporativa, la cual obliga a la gente a ser leal a causas ridículas, injustas o improcedentes. Un empleado de una compañía de seguros (Jack Lemmon) se vuelve un alcahuete de sus superiores, incluido su jefe (Fred MacMurray), prestándoles su departamento para sus infidelidades y sus escapadas. Así, su departamento va a ser el escenario de la conquista de la chica que ama secretamente, una ascensorista (Shirley MacLaine). Esta es seducida precisamente por el jefe y ella intenta suicidarse en el mismo departamento. El pobre empleado busca consejo y su vecino (Jack Kruschen) le sugiere frenar estos abusos y enfrentarse a sus superiores. Ácida, y hasta un poco pesimista, es un buen estudio del mundo laboral en la sordidez de las relaciones verticales, la sumisión y el abuso.

KISS ME, STUPID (BÉSAME, TONTO) (1964) Una mordaz comedia que critica la monogamia falsa y las vacías relaciones de las parejas de casados. Un profesor de piano (Ray Waltson), con el fin de congraciarse con un cantante de moda (Dean Martin), contrata a una prostituta y la hace pasar por su esposa y se la ofrece al cantante con el fin de lograr favores económicos del cantante. Para lograr su objetivo, se deshace de su verdadera esposa (Kim Novak) con una serie de tretas. Esta se emborracha y se queda a dormir, por accidente, en el cuarto de la prostituta Polly; todo esto genera una serie de malas interpretaciones cómicas. La película generó cierto escándalo sobre todo entre los moralistas por el trato de la pareja, por las intenciones oscuras de los hombres y la ambigua visión que estos tienen sobre la mujer ideal: mitad puta, mitad esposa.


LA COMEZÓN DEL SÉPTIMO AÑO (THE SEVEN YEAR ITCH) (1963) El maestro trabajó dos buenas comedias con Marilyn Monroe, la bomba rubia, de la cual una toma de esta película, la de la falda volátil, se volvió todo un icono. Wilder fue en gran director que sabía explotar las cualidades de sus actores; MM era todo un sex simbol y sacó a relucir toda esa carga erótica y esa aura de ingenuidad que hacía derretir a los rivales del sexo opuesto. Todo ocurre en Nueva York, durante un verano ardiente y nuestra voluptuosa actriz se vuelve toda una tentación para cientos de hombres neoyorquinos que deben quedarse en la ciudad mientras sus familias toman largas vacaciones. Y la MM vive solo un piso arriba…
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