domingo, 10 de diciembre de 2017

LOS FINOS TENTÁCULOS DE ODEBRECHT (ARTÍCULO PARCIALMENTE REPRODUCIDO EN DIARIO LA INDUSTRIA DE TRUJILLO 10 DICIEMBRE)

El principal acontecimiento de esta semana en nuestro país es, sin duda, la decisión del Poder Judicial, por orden del Juez Richard Concepción Carhuancho, de enviar a prisión preventiva por 18 meses a los empresarios José Graña, ex presidente de Graña y Montero; Fernando Martín Gonzalo Camet Piccone, presidente de JJ Camet Contratistas Generales; y José Fernando Castillo Dibós, director gerente general de ICCGSA, por el delito de colusión y lavado de activos, delito que también se le imputa a Hernando Graña Acuña,  ex director de Graña y Montero. Además, arresto domiciliario para Gonzalo Ferraro Rey, quien fuera gerente de Infraestructura de la misma empresa. Esta acción ha sorprendido a la sociedad peruana que ha visto a casi todas sus tiendas políticas golpeadas por el coletazo de la corrupción, hábito casi institucionalizado por esta empresa brasileña en todos, parece ser, los países donde esta gran multinacional se enraizó, tendiendo sus tentáculos en los mundos económico y político de las sociedades que la acogieron. La peruana no ha sido la excepción. En nuestro país tiene larga data, pues se remonta a la época de Morales Bermúdez, la segunda fase del gobierno militar y que operó en el proyecto de irrigación Chavimochic hasta nuestros días desde el primer gobierno de Alan García Pérez.
Los gobiernos de la década en la que se identifica las acciones corruptas (Toledo, AGP, Ollanta) están bajo sospecha. Pero es de temerse que estos hábitos han sido frecuentes en su largo accionar por nuestros países, regiones, ciudades hasta caseríos. Una de la forma más frecuente que aplicó esta empresa (se ha visto lo mismo en Brasil y Colombia) es la de participar a ganador, dirigiendo fuertes cantidades de dinero a candidatos presidenciales (¿solamente?) en las contiendas electorales de nuestros países. La evidencia estalló cuando se comenzaron a revisar las agendas de Marcelo Odebrecht; mientras las agendas de Nadine la condenaron, las de Marcelo condenan a otros u otras. Nada está dicho o cerrado.  La magullada justicia peruana, dirigida por acciones hechas en el exterior, es toda una rémora con los datos surgidos en dicha agenda. Dos peces gordos están pasando por agua tibia. La justicia peruana sigue a pie juntillas el asunto de Humala y su esposa, y ahora Susana Villarán. Pero, el nombre de la lideresa de FP está aún latente en la opinión pública. Parece que la justicia peruana tiene problemas semánticos con nombres o siglas; o demasiados intereses poderosos que la amedrentan.
Los líderes políticos están callados. El mundo empresarial también. Los sucesos de esta semana habrán puesto a todos en estado de alerta. Chavimochic es una megaobra que ha abierto un cúmulo de sospechas. Odebrecht, sus subsidiarias y sus socias han entrado por todos los campos. Están en todas partes: ciudades, caseríos, poblados. La pregunta que uno se hace es cuánto esta empresa y sus socias han corrompido más nuestra sociedad, la que viene bastante maltrecha desde el Fujimorato y el crecimiento del narcotráfico. Hay que ver qué hacen algunos congresistas que quieren cambiar las reglas de transparencia en los partidos, acciones que permitirían que tipos de empresas como Odebrecht (no es la única), como el narcotráfico accedan a más canales de poder en la sociedad peruana. Parafraseando a González Prada, aquí donde se pone el dedo, salta la pus hasta el techo.

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