lunes, 20 de octubre de 2008

El ESPLENDOR DEL CINE MUDO




Quizá el desarrollo de la técnica en el arte cinematográfico creado por los hermanos Lumière en el siglo XIX hasta el día de hoy, ha sido uno de los más arrolladores y deslumbrantes, que ha hecho que los primeros trabajos fascinantes del cine sean vistos en la actualidad con poco interés y, por qué no decirlo, con burla; es como si un pintor viera a Botticelli como un pintor de técnica rudimentaria y pobre. Soberbia contemporánea que se va desgastando cuando vemos que los avances que nos sorprenden hoy, serán el pan de cada día del futuro. Ahí no está el arte. Pero el cine es arte.
Como experiencia personal, puedo comentar una clase con alumnos de cuarto año de secundaria, quienes vieron conmigo una película de cierta factura y gran despliegue de recursos técnicos (quizá de la maquinaria spielbergriana) y comenté que íbamos a ver en la siguiente sesión una película de Chaplin; la reacción fue sintomática: rechazo a la idea de ver una película que tenía mucho más allá de 30 años; muda, peor. Mas, cuando comenzó la proyección y avanzaba la película, uno a uno de los alumnos era cautivado por las escenas del claun Chaplin: gags que hacían reír al más reticente. Hacia el final de la proyección, unánimemente todos reconocieron que esa película era “maldita” (según la acepción que los jóvenes de hoy le dan a dicha palabra). No en vano TIEMPOS MODERNOS es un clásico.... y los clásicos nunca envejecen. Chaplin hizo esta película tercamente en un contexto en el cual el sonoro iba desplazando al cine mudo. Años después, en los 70, Mel Brooks hará una divertida comedia muda en la que única palabra dicha fue no, dicha nada más y nada menos que por Marcel Marceau, el maestro del mimo.
El cine mudo es una obra realizada por hombres y mujeres que apostaron por este nuevo arte, el cual utilizaba la imagen en movimiento - Cine (movimiento, cinética) y grafos (imagen) -; no hacía mucho que los daguerrotipos habían maravillado al europeo, cuando la primera proyección aquel 28 de diciembre de 1895 iba a deslumbrar mucho más a la humanidad. Los primeros 35 espectadores en aquel teatro en el Boulevard des Capuchines se encargaron de pregonar por todas partes este nuevo milagro; se proyectaron 10 cintas de 16 metros cada una, y la que más impacto fue L´arrive d´un train que causó cierto pánico entre el reducido público, quienes huyeron ante la posible embestida de la locomotora. Así cuentan.
Los mismos hermanos Lumière no estaban tan convencidos del potencial que este nuevo descubrimiento iba a acarrear al hombre moderno; recuerden la escena de Drácula de Ford Coppola cuando Vlad –Gary Oldman- y Mina –Winona Ryder- van al teatro para ver esas maravillosas escenas de las primeras películas que se difundían por toda Europa. Uno de esos tanto curiosos que llegaron a ver estas asombrosas maravillas que rondaban por el Continente, va a ser George Méliès, quien va a encontrar en este descubrimiento, un extraordinario potencial; y gracias a él, es que el cine se vuelve espectáculo, e incluso él construye el primer estudio en el Jardín de Montrueil – sous bois, allá por 1896, de donde sacó para el mundo sus obras maestras: Viaje a la luna (Le voyage dans la lune) , 20000 leguas de viaje submarino (Vingt milles lieues sous les mers ) y sobre todo Coronación del rey de Inglaterra Eduardo VII (Le couronnement d´Éduouard VII d´Anglaterre). En esta última, Méliès se preocupó por hacer una reconstrucción de la Abadía de Westminster en su pequeño estudio. El cine como espectáculo había empezado. Irónicamente, el transformador de este bello arte va a morir casi en la inopia total en un sanatorio en 1938.
En junio de 1897, un incendio en el Bazar de la Caridad en París puso en peligro el nuevo arte; hubo 125 víctimas. La reacción fue dramática pues el material era bastante inflamable (¿recuerdan Cinema Paradiso?) y muchos inversionistas se volvieron escépticos con el futuro de este arte naciente. Felizmente la Exposición Internacional de Paris de fines de siglo consagró su fama y su futuro, por supuesto.
Pero nuevas vías se iban a ir abriendo para el cine: Lenin había visto ya en el cine un tremendo potencial que iba a convertir al cine en el arte de las masas; y no se equivocó. Bajo esta perspectiva podemos ahora entender por qué muchos gobiernos de países contrarios a la ideología del régimen soviético de entonces prohibieron por años la película Potiomkin; en el Perú se pudo ver por primera vez en público en 1975, bajo el gobierno de Velasco. La película es de 1925 y se proyectó en muchos países de manera clandestina (también en el Perú durante los gobiernos diversos de postguerra, sobre todo en el gobierno de Odría – Esparza Zañartu; o durante las recias campañas de la guerrilla en la Sierra Central y Sur de nuestro país).
Ya hay varias películas que han sido rescatadas del olvido; pero Potiomkin puede encontrarse en cualquier cinemateca y ahora, gracias a los nuevos avances, muchas de éstas ya pueden ser coleccionadas. Ventajas del mundo consumista.
El cine mudo presentó todas las vertientes que el cine actual, sus diversos géneros y con películas que de una manera u otra se pueden considerar hitos dentro del cine; tanto así que las películas modernas y los grandes directores vuelven a ellas como volver a las raíces. Si uno ha visto bastante cine, se percatará que hay un sinfín de recursos ya planteados en muchas de los filmes presentados en este artículo.



Zemlya (TIERRA) es una bella película del director ruso Alexander Dojvenko (1930) una suerte de documental que nos muestra la fuerza vital de la vida campesina. La trama se basa en un crimen contra un dirigente campesino por parte de un terrateniente y por este incidente nos va describiendo la vitalidad en el mundo rural; la inyección de vida que se va gestando en la tierra cuando la siembra, la fuerza de la lluvia sobre las cosas; y el tránsito de la muerte, aceptada con menos drama que los hombres citadinos. Además permite establecer un vínculo íntimo entre la escena y el actor o actores que la realizaban. En realidad, la película sobrepasa el quedarse en un mero panfleto político y se convierte en poesía pura. Este filme sirvió como modelo a muchas otras más, en cuanto al manejo técnico de las imágenes como la presentación misma del tema.

Sunrise (AMANECE) Obra cumbre del director F. Murnau (1927), quien fue atraído por el canto de sirena hollywoodense. Basada en una historia de amor alemana, construye una intensa relación amorosa entre dos personas sencillas del campo que ven de pronto invadida su vida por una mujer de la ciudad, seductora y atractiva, él decide eliminar a su mujer y pronto cae en la cuenta de su absurdo proceder y la invita a la ciudad para disipar el mal momento; la escena en la que ambos caminan unidos por las calles de la urbe es un extraordinario trabajo de cámara y el manejo de luz, con un dominio de escena nunca visto y que sirvió de ejemplo para los directores posteriores. El trabajo no termina ahí, usó los planos para destacar las emociones de los autores (no nos olvidemos que es cine mudo y que debe recurrir a otros medios para hacer claro su mensaje). Además empleó la cámara como una forma de observación del actor haciendo tangible la idea narrativa de Joyce en el cine. Es también magistral la actuación de Janet Gaynor, quien recibió el primer Oscar como mejor actriz. Lástima que la “luna de miel” vivida entre el director y la productora Fox se derrumbara pronto y prácticamente truncara una brillante carrera como la de Murnau


La passion de Jeanne D´Arc (LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO) de Carl Dreyer, (1928) es una obra maestra de todos los tiempos. La actuación de Maria Falconetti es extraordinaria y exigió tanto de ella que terminó en un sanatorio. Es una película que inicia el fin del cine silente, ya que sus imágenes son tan poderosas que necesitan la palabra para la redondez del mensaje. Intensos primeros planos que muestran rostros en toda sus dimensiones, arrugas, verrugas, pelos; no escapa nada a la cámara, puesto que tiene que mostrar al público todo un proceso psicológico tanto de Juana de Arco, como los de sus jueces (entre los que figura el gran artista Antonin Artaud). Según Kobal, estamos ante una sinfonía de rostros. Y es cierto, la película discurre en tomas de dichos rostros desde diferentes ángulos. Es una obra de imprescindible visión. La fotografía de Rudolph Maté ayudó en esto, explotó el color claro de los fondos para no permitir que no haya ningún elemento de distracción y centrar nuestra visión en el /los rostro(s) enfocados en esos momentos. Si alguien duda de la espiritualidad, creo que la visión de este filme le hará cambiar de opinión. Por cierto, es uno de los filmes más conmovedores de todos los tiempos.


Nosferatu de Friedrich Murnau, (1922), es con El museo de las figuras de cera, una de las obras cumbres del cine de horror fantástico de todos los tiempos. No sólo el tema es de por sí alucinante, sino que se encontró en Max Schreck quizá el actor más representativo de todos aquellos que han encarnado alguna vez al Conde Vlad. Su figura pálida, delgada y bizarra lo hacen el Drácula más espectacular que haya conocido el cine; y esto ha originado mitos como que dicho personaje era en realidad un vampiro al cual se le otorgaba una víctima, diariamente, para saciar su hambre. El trabajo de sombras, espacios abiertos, los contrastes de claro-oscuro/ luz-sombra hacen de esta película una interesante búsqueda de la luz. Los numerosos remakes de este tema no hacen sino corroborar el espíritu mórbido del humano y su insaciable búsqueda por el amor y la eternidad. Nosferatu no es el monstruo seductor que caracteriza Bela Lugosi o la versión más sofisticada de un Gary Oldman; es la expresión del terror puro, despiadado pero cae bajo las tretas de Ellen para ser exterminado; triunfa el amor, pero Ellen se sacrifica por su amado Hutter. Los surrealistas llamaron a esta obra, el amor loco. Y lo logra gracias al excelente trabajo de cámaras que crean el efecto de pesadillas y visiones (fue toda una revolución técnica del cine). Además, en cierta manera, tanto Hutter como Nosferatu son las partes complementarias del alma humana.

The Kid (EL PIBE) Si alguien cree que el melodrama no puede dar alguna obra maestra, uno tiene que ver este filme de Charles Chaplin (1921). Con la extraordinaria actuación de un niño genio, Jackie Coogan, un culebrón se eleva a la categoría de obra maestra de las emociones humanas; con una historia tan sencilla, de un niño abandonado y un desempleado se suceden una serie de escenas que nos van conmoviendo. Es que en manos de un genio como Chaplin, cualquier cosa cotidiana solía brillar en la pantalla. Nuestro director tenía un excelente poder de observación y hacía de lo más trivial algo hilarante. Arrastró al cine no sólo a la diversión sino a una visión de la cruda realidad, tanto así que con el tiempo le fue acarreando problemas con los productores y el sistema; hasta que tuvo que irse del país que en un principio lo adoptó


Diccionaire des Films – Bérnand Rapp, Jean-Claude Lamy, LAROUSSE, 1995.

Las 100 mejores Películas, John Kobal, ALIANZA EDITORIAL, 4ta edición, 1995.

Historia Ilustrada del Cine, René Jeanne, Charles Ford. ALIANZA EDITORIAL, 1er tomo, 1981.

Historia del Cine Mundial, Georges Sadoul. SIGLO XXI EDITORES. 5ta edición, 1980
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