La última semana fue terreno movedizo para el
gobierno actual. Una serie de eventos y las respuestas a los mismos han
acentuado esa sensación de improvisación y subordinación que están marcando el
camino que este régimen se está trazando. El reciclaje de muchos “nuevos
funcionarios” dentro de ministerios u oficinas públicas ha sido un permanente
cuestionamiento a esta gestión, siendo el caso más sonado el del Rafael
Belaunde, quien ha realizado un torpe manejo ministerial con el oscuro caso
sangriento trujillano. Tras el incidente del 30 agosto, una consecuencia relativamente
inmediata, pero tardía, fue la salida del inefable teniente general Óscar
Arriola; pero hay mucho pan por rebanar, pues lejos de aclararse, han ido
surgiendo cada vez más evidencias del poder que tiene el crimen organizado y la
minería ilegal, pesadillas de nuestra sociedad. Las múltiples contradicciones
ministeriales (MININ y MIDEF) y los destapes de muchos medios de prensa
generaron indignación en la ciudadanía, situación que obligó a que Keiko salga
a respaldar a Belaunde. Un verdadero fiasco y justificada zozobra social. Otro
suceso que deja mal parada a Fujimori es la reciente visita de Marco Rubio a
nuestro país, agenda que ha sido prácticamente dictada por el actual embajador
norteamericano que actúa como un ministro más dentro de este régimen. Rubio
visitó tres países sudamericanos en medio de la tormenta CERIMEDOGATE que está
causando verdaderos dolores de cabeza en Bolivia, Chile, Argentina y, parece,
Perú. Esto va para más. Sigamos con Rubio: el anuncio de nuestra dudosa participación
en el Escudo de las Américas no le correspondió a Keiko, en su calidad de
presidente, sino a Rubio, quien, en un editorial, previo a su visita, en un
diario nacional redactó un largo artículo sobre nuestra participación en esa
alianza. Agreguemos a ello, la actitud un tanto servil de Carlos Espá, quien se
ha deshecho en elogios a su antiguo jefe (trabajó para embajada estadounidense
por 15 años) y no ha sido muy claro en cuanto su posición ante nuestro mayor
socio comercial y gran inversor en la infraestructura peruana: China. A esto
hay que agregar la estrategia punitiva de los aranceles que aplica EE.UU. a
nuestros principales productos de exportación como cobre, arándanos y prendas
de algodón La diferencia del comercio del Perú con ambos países es abismal;
China nos compra un tercio de lo que nosotros producimos. Sería muy
contraproducente postergar este sólido ingreso económico a nuestra sociedad por
el comportamiento sesgado del personaje que ocupa nuestra Cancillería. Cabe
agregar que la política extractiva, política errática cuestionada por varios
estrategas geopolíticos y económicos, es la que prima en nuestra actividad
económica (minería, pesca, agricultura) en general que lleva poco valor
agregado y que podría generar más dividendos a nuestra economía de haber estrategias
para una producción más sofisticada y diversificada.
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