

Domingo 28 de junio. Tras la
experiencia de Sechín siendo visitado con el transporte público para ver los
servicios que debe tomar una persona que quiera desplazarse de manera económica
para hacer turismo en nuestra región y el país, decidimos Alfredo y yo ir a
Puerto Malabrigo, lugar al cual había ido anteriormente con mi auto
recientemente. La idea era poder conocer las facilidades que puedes tener de
manera económica para acceder a muchos lugares con potencial turístico. Y Puerto
Malabrigo era uno de esos. La primera vez que estuve en este puerto fue en 1974
cuando vine con Carlos Miranda, un amigo de colegio que se había instalado en
Trujillo en una familia de aquí. Fuimos a ver una fábrica de harina de pescado
que comenzaron a crecer en la zona (en la actualidad hay algunas que vimos en
mi anterior visita). Otras veces fui para disfrutar de la playa en los 8,
cuando íbamos en tropa familiar. Y luego ya este siglo fui con algunos amigos y
Maria quien, como arquitecta, quería ver la arquitectura de la zona de clara
influencia alemana, pues era parte del circuito de producción y distribución de
Casagrande que usaba este muelle para la exportación de azúcar. En esa visita
pudimos ver cómo la influencia alemana se puede ver en diversas edificaciones
como las estaciones de Pacasmayo y la de Puerto Malabrigo. Esta es mi crónica
de viaje de esa visita: https://elrincondeschultz.blogspot.com/2015/02/pacasmayo-san-pedro-de-lloc-y-puerto.html.
También hay que leer el interesante libro La política británica en la Guerra
del Pacífico de Enrique Amayo (https://www.gbv.de/dms/sub-hamburg/042748240.pdf),
quien nos describe todo el movimiento realizado, de manera competitiva, entre
el Imperio Británico y el naciente Imperio Alemán por adueñarse de recursos básicos
en Sudamérica, razón por la cual una familia de origen alemán, los
Gildemeister, iba a ser la propietaria de este gran ingenio azucarero. Quizás
por razones del destino, Casagrande pudiese haber caído en manos británicas. Cosas
de la historia.
Volvamos a nuestro itinerario. Con un taxi nos
fuimos al Óvalo Larco a tomar un bus que va en dirección de Paiján y Puerto
Chicama (así se lo conoce más). Aunque no es su paradero inicial, sí va relativamente
vacío. Además, como era domingo, no había mucha gente. Todavía. A medida que
iba yendo por la Av. América, más gente iba subiendo y cuando tomamos la Av.
Túpac Amaru o José Condorcanqui desde el Óvalo Mochica. Nos iba a tomar un poco
más de una hora en llegar a nuestro destino, pues se iba a detener en ciertos
lugares a subir o bajar pasajeros (https://www.google.com/maps/dir/Emtrafesa+-+Agencia+%C3%93valo+Mochica,+Av.+Pablo+Casals+105,+Trujillo+13011/Puerto+Malabrigo/@-8.0757242,-79.0571194,4859m/data=!3m1!1e3!4m14!4m13!1m5!1m1!1s0x91ad3deb2bc87bcb:0xe13a1773808dc04!2m2!1d-79.0388412!2d-8.094563!1m5!1m1!1s0x9052aa4d8ce0d5ed:0x9899f81acf47dbda!2m2!1d-79.4338188!2d-7.7001724!3e0?authuser=0&entry=ttu&g_ep=EgoyMDI2MDYyOS4wIKXMDSoASAFQAw%3D%3D).
La parada más larga fue en Paiján, donde descendió la mayoría de pasajeros. Seguimos
nuestra trayectoria ya hasta nuestro destino final, el último paradero, el cual
no está muy lejos de nuestro objetivo de viaje: el muelle de Malabrigo y los restos
de la estación de carga del lugar. Al llegar, cada uno hizo lo que quería
hacer: Alfredo, grabar su video; yo, hacer fotografía de lugares interesantes. Así
pues, di una vuelta más extensa de los espacios en los cuales se encontraban los
almacenes, los espacios de descarga, los talleres donde se reparaban y
alistaban las locomotoras o los vagones carga.

Históricamente, este territorio tiene
una larga ocupación humana desde tiempos precolombinos como lo indica estos
textos: https://www.elbrujo.pe/blog/territorio-y-sociedad-indigena-en-el-valle-de-chicama-del-siglo-xvi#.
Como se indica en el texto, “[..] la comunidad indígena de Malabrigo
continuó realizando sus actividades económicas tradicionales como la pesca, la
explotación de sal, el salado de pescado y el intercambio de este recurso
marino por productos agrícolas, dado que no poseían tierras que cultivar. Al
sur, las reducciones de Cao y Santiago estaban habitadas por familias de
campesinos y presumiblemente también de pescadores que aprovechaban el amplio
litoral. Por otro lado, los pueblos de tierra adentro como Chocope era el lugar
de vivienda de los agricultores, quienes progresivamente incorporaron el
cultivo masivo de plantas foráneas como el trigo y, por supuesto, la caña de
azúcar. [..]”. Luego, ya en época de la república, tenemos otra historia interesante:
“[..] Conocido como Mamape hasta 1830 aproximadamente, adopta el nombre de
Puerto Malabrigo cuando una embarcación que hacía el trayecto Colombia - Panamá
encalla en la isla Macabí y naufraga debido a la fuerte tempestad nocturna. Los
tripulantes que en primer momento intentaron nadar hasta la orilla fueron
rescatados al día siguiente por nativos del lugar, quienes los condujeron a la
playa de “La Punta”. Entre los náufragos
estaba un español de origen barcelonés de apellido Malabrigo el cual contrajo
matrimonio con una lugareña y juntos abrieron un restaurante que llamaron
“Malabrigo”, este restaurante fue muy concurrido por los pobladores del Valle
Chicama; tanto fue la influencia que no se decía vamos a Mamape, sino vamos a Malabrigo,
así se quedó con ese nombre. El nombre de Malabrigo duró hasta 1915, año en que
fue reemplazado por el de Puerto Chicama, debido a una serie de cambios que el
gobierno de la época introduce, entre ellos concede a la Hacienda Casagrande el
derecho de construir servicios, libertad de importar y exportar mercaderías y
sus azúcares, construir una vía férrea que conecte Malabrigo con Casa Grande,
entre otros. [..] (https://www.academia.edu/23885634/Malabrigo_Puerto_Chicama).
Fue, pues, a finales del siglo XIX e inicios del XX fue el esplendor de este
lugar. Ingentes cantidades de azúcar era exportada y diversos productos importados
llegaban a este sitio. La edificación del complejo aduanero es muy parecida al
de Pacasmayo: estilo alemán. Al llegar al lugar luego de una breve marcha nos
dirigimos a esos abandonados almacenes en el que se aún maquinaria abandonada.
Recuerdo cuando estuve en Eten una oportunidad, tuvimos la oportunidad de visitar
un parque ferroviario con muchas locomotoras y vagones abandonados. Estaban tratando
de hacer un parque temático en el lugar y era muy interesante. Eten tiene un puerto
muy atractivo y llegar con el tren hasta sus instalaciones debió haber sido un
espectáculo fascinante. Sólo queda el muelle como un recuerdo de su esplendor también.
Aquí está mi crónica que narra esa visita a este interesante lugar en Eten en
noviembre del 2014 (https://elrincondeschultz.blogspot.com/2015/01/cronicas-lambayecanas-2-el-ferrocarril.html).
Con la familia Gildemeister Casagrande llegó a ser una de las mayores
productoras de azúcar del mundo y usaba este muelle para su exportación. El
complejo constaba del Muelle aún en uso, pero que está bastante deteriorado y
algunas partes cuenta con algunas reparaciones bastante cuestionadas: el muelle
tiene varios rieles, algunos vagones de carga y maquinaria para descarga; este
fue construido por el ingeniero alemán Helmuth Bolzmann en 1917. Desde allí
operaban locomotoras a vapor que transportaban los sacos de azúcar por rieles
desde las fábricas de los valles hasta las bodegas frente al mar, donde los
enormes barcos los esperaban.
Se contaba con un ferrocarril que traía y transportaba
principalmente azúcar a los almacenes de Acopio, donde se guardaba el azúcar
antes de ser exportada. Actualmente, algunos de estos restos arquitectónicos
aún se pueden observar en el balneario, pero están es estado de total abandono
e, incluso, se ha cometido un pillaje y pintan sus paredes o las locomotoras.
Cuando visité el lugar en 2014, varias locomotoras estaban protegidas con un
plástico, ahora está todo el material expuesto. Una pena. Lo que sí es que se
ha catalogado todo lo que queda de maquinaria. Ojalá haya algún plan para mantener
este patrimonio. Mientras esperaba a Alfredo que terminara de filmar su
material, fui bordeando los almacenes hasta ver a lo lejos los restos de un
cementerio antiguo, el cual ha caído en desuso. Aquí hay unos cuantos datos
más: https://www.facebook.com/historiadecasagrande/posts/puerto-malabrigo-y-linea-ferrea-casa-grande-cuando-era-administrada-por-los-gild/122102155112639926/.
Actualmente se usa otro que no se halla lejos del antiguo (https://www.google.com/maps/place/Cementerio+de+Malabrigo/@-7.6994216,-79.4315211,362m/data=!3m1!1e3!4m6!3m5!1s0x9052abac9d000001:0xa186eb1040a92654!8m2!3d-7.6992712!4d-79.431181!16s%2Fg%2F11y7cl4gtq?hl=es&entry=ttu&g_ep=EgoyMDI2MDYyOS4wIKXMDSoASAFQAw%3D%3D).
El cementerio tiene muchas tumbas abandonadas, algunas colapsadas; incluso en
un mausoleo bastante antiguo parecía tener un ocupante nocturno, pues había un
colchón y ropa vieja. Como dice Bécquer, “qué solos se quedan los muertos”.
Luego de ver algunos detalles más, decidí retornar
para irnos ya al muelle. Lo que vimos sí fue un poco preocupante: muchas aves
guaneras, sobre todo pelícanos, sobre el muelle. Espero que no sea un mal
síntoma, pues cuando veías muchas de estas aves muy cerca de los puertos de
pesca es un indicio de escasez de peces por los cambios de clima. Se anuncia un
Fenómeno del Niño bastante fuerte y ver estas aves me parece un mal presagio;
no por ellas, sino por lo que significa. Espero estar equivocado.
Una vez
culminada nuestra visita a este complejo añejo nos fuimos a almorzar a uno de
los numerosos restaurantes que hay. Lo malo es que te sirven la comida un poco
picante, algo que ya no puedo disfrutar como antes. Pero no dejaba de estar rico,
fuera del hecho de que era ya las dos de la tarde y el hambre apretaba. Una vez
satisfecho nuestro apetito, nos fuimos a tomar las últimas fotos al malecón
recordando las veces que estuve en este lugar y haber comido en un restaurante
(el único) de un señor que se hacía llamar El Hombre. Comimos unos cangrejos
reventados con sabor a cielo. Esos años. Nos fuimos al paradero inicial de los
buses en la calle Tarapacá con Alfonso Ugarte para iniciar nuestro retorno que
duró un poco más de una hora. La brisa marina y la caminata fueron lo suficientemente
contundente para tomar un buen descanso, una siesta que no fue perturbada por
el movimiento del bus. Llegamos a Trujillo casi a las 5 PM. Una buena visita a
este sitio con mucho potencial. A ver quién le pone el cascabel al gato.


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