Datos personales

Trujillo, La Libertad, Peru
Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal

martes, 16 de octubre de 2018

CERRO CAMPANA, CERRO SI-PONG: GRAN FUTURO TURÍSTICO PARA LA LIBERTAD




8 de setiembre ha sido un día muy grato para un buen grupo de personas que tuvimos la idea de visitar finalmente el cerro Campana. En realidad, nuestra visita no era para escalar este gran accidente geográfico que identifica el paisaje de la ciudad de Trujillo, sino conocer los vestigios dejados durante siglos por antiguos moradores o visitantes de esta zona y su trato con el cerro considerado como un padre tutelar, gran Apu o zona de recursos naturales; además, conocer una interesante flora y fauna que corresponde a una zona de nieblas y de lomas. Zonas como estas se encuentran en Lima (Lachay) y Arequipa (Atiquipa). Sobre el cerro Campana o Sipón se han escrito diversas investigaciones científicas en el área de la Biología, Botánica, Zoología, geografía y arqueología. Todas investigaciones apuntan a que esta zona se convierta en una gran reserva o parque, un área intangible, acciones promovidas por diversas personas e instituciones. Estas acciones han tenido avances, pero así también como retrocesos de índole político, empañado por intereses económicos que ven a este cerro más como un “estorbo” que una gran oportunidad, como la que muchas personas ligadas a la actividad turística plantean. La visita era para conocer una pequeña porción del potencial que encierra este espacio, rico en geografía, historia y naturaleza. Conviene leer este pequeño texto para ir con una idea de lo que uno va a encontrar en el lugar (file:///C:/Users/Gerardo/Downloads/Rodriguez.etalCerroCampana.pdf).






Gracias a la iniciativa de Juany Solís, una buena amiga, a cargo de la ONG Otra Cosa, se armó un grupo de personas (mayormente mujeres) para hacer el periplo con la guía de Percy Valladares, hombre dedicado fehacientemente a proteger este patrimonio. Percy ha recorrido este espacio desde su niñez y ha sido testigo de los cambios que ha sufrido este espacio. También es testigo de la indolencia política de pequeños y grandes, de huanchaqueros y foráneos, de no tomar en cuenta este lugar, incluso apoyando veladamente acciones ilícitas como invasiones de tierras, tanto a esta área como a la zona aledaña que conforma una integridad: los totorales de Huanchaco.
Nuestra actividad empezó temprano. María y yo recogimos a Wendy y Mirian, profesoras del Fleming, quienes también se unieron a esta expedición. Nos dirigimos a Huanchaco a buscar a Sophia y Juany. Pensaba dejar mi auto en casa de Juany, pero se complicaron las cosas. Al final, dejamos el auto en el local de Otra Cosa. Íbamos ya retrasados por este impase, habida cuenta de que Huanchaco tiene muchas calles cerradas por los cambios de desagüe que se hacen desordenadamente generando el caos vehicular. La idea era salir a las 7 am. Todo el trajín nos tomó una hora. Salimos, pues, con una hora de retraso y eso nos iba a generar ciertas incomodidades a final de cuentas. Nos dirigimos hacia una zona por una ruta no pavimentada que lleva cerca de terrenos que han sido cercados. Percy nos explicaba que eran acciones ilícitas y que muchos dueños emplean sucias estrategias como la de ir agrandando sus propiedades con desplazamiento sigiloso de los cercos. Vimos una que ahora encierra una antena de telefonía inactiva. La zona ocupa territorio arqueológico e, incluso, corta tramos del Camino Inca. Esta zona es disputada con Chavimochic, larga historia que generó un enfrentamiento contra un congresista que quiso actuar de buena fe y halló voces de protestas y desacuerdos entre varios empresarios. Comenzamos la caminata en forma paralela a una valla. Nos fuimos adentrando por el arenal, cuando nos encontramos con algo de vegetación y algunas zonas rocosas, con mucho liquen. Bastante humedad. Felizmente tuvimos un día no soleado, lo que nos permitió hacer la marcha no tan fatigante en un inicio; pero sí teníamos un fuerte viento. Llevar un cortaviento o una casaca es lo recomendable por estas épocas del año. Nuestro encuentro con toda esta vegetación me permitió ver la capacidad de adaptación de la vida en zonas extremas. Para conocer más y con fotos de la flora, es bueno leer este artículo: http://www.sacha.org/Campana_Arnaldoa2014.pdf.  Nos encontramos con unos cactus llamados Espostoa Melanostele. Su fruto es interesante. 




Otra planta muy frecuente en la zona es la llamada Tillandsia Latifolia, crece de manera abundante y retiene humedad. A medida que íbamos “adentrándonos” en la zona, íbamos hallando cada vez más restos de cerámica, tanto fina como rudimentaria de uso doméstico. Algunas de ellas de la cultura Cupisnique, pero no son los únicos vestigios que hay. Seguimos en nuestro camino y nos topábamos con más e interesantes restos arqueológicos. Zonas trazadas, cual caminos, que se hallaban en zonas altas (¿altares?). Lamentablemente, algunas de estas zonas han sido alteradas o dañadas, pues fueron ocupadas por el ejército e, incluso, fueron utilizados como campo de tiro; hay gran presencia de casquillos de balas usadas, así como rastros de campamentos. Pero el plato fuerte iba a estar en una zona como anfiteatro natural en el que se hallan varias figuras humanas claramente trazadas por las plantas que crecieron donde hubo piedras que se han ido desintegrando con el tiempo (https://andina.pe/agencia/noticia-encuentran-geoglifo-forma-candelabro-cerro-campana-trujillo-253915.aspx). Wendy, como profesora de Biología, propuso una explicación interesante: los líquenes se instalan en las ranuras y grietas de las piedras, estos líquenes son el nutriente natural de las plantas que llegan en pequeñas semillas y se “instalan” en la piedra hasta que la terminan por fracturar la roca quedando la planta y manteniendo la forma ya que se queda en el lugar donde se hallaba la piedra en la obra hecha por los antiguos peruanos. Es una hipótesis. Percy nos comentaba que en su niñez toda esta zona estaba cubierta por grandes y pequeñas dunas; en la actualidad, estas tienden a desaparecer y se van hallando restos de todo tipo.




Nuestra caminata siguió hasta llegar a una marca geodésica. En nuestra trayectoria fuimos viendo más vegetación y vestigios de cerámica. Pero también vimos los caracoles de arena, pequeños caminantes que van dejando su trazo por la baba que emiten. Eran parte de la alimentación de los antiguos; pero también se ve que llevó a esos lugares caracoles marinos, que tienen otra forma de caparazón. Vimos algunas zonas que aún mantienen dunas de regular tamaño. Comenzamos a encontrarnos con otras plantas de flores pequeñas, blancas: Alternanthera halimifolia. Cada vez más era frecuente encontrar espacios en los que se habían realizado ritos y pagos, con diversos restos (cerámica o comida) y muchas más plantas diversas. Vi un cactus interesante: melocactus peruvianis. Llegamos a estribación por la cual descendimos, no sin antes haber visto una hermosa lechuza que trataba de alejarnos de su nido. Percy nos indicó que íbamos a una zona en la que se hacían sacrificios humanos en periodo moche. Esta zona está identificada con una gran cruz que parece ser artificial y no de origen cristiano. Antes de descender, nos percatamos que a espaldas de nosotros se veía una hermosa vista del mar, el mar de Huanchaco, solo que más cercanos al cerro Campana. Descendimos; un grupo decidió descasar un poco y almorzar las provisiones que habíamos llevado. Otro grupo decidió visitar un pequeño bosque de rocas con caprichosas formas. Una de ellas simulaba el perfil del dragón del film La historia sin fin; me hice la obligada foto.





Lo que se pensaba hacer una pequeña incursión de 15 minutos, se convirtió en una marcha de casi media hora. El tiempo nos estaba ganando. Habíamos quedado a cierta hora para ser recogidos en un punto de la carretera, y se calculó que íbamos a llegar más tarde de lo previsto. Así que comenzamos nuestro retorno. Este fue por un camino menos escarpado y tuvimos acceso a una cueva en la que había arte rupestre. No pudimos disfrutarlo mucho, pues la luz se iba extinguiendo rápidamente. Además, el frío iba arreciando, por lo que decidimos apretar el paso. Felizmente la arena no se convirtió en nuestro enemigo, pero sí el viento helado que suele correr más fuerza a la caída del sol (aunque felizmente no hizo su aparición durante nuestro recorrido).




Llegamos a nuestro punto de recojo a las 6 pm, una hora más tarde de lo pactado. Fatigados, pero felices de haber estado con el Apu tutelar de Trujillo. A cuidarlo.




No hay comentarios: