domingo, 12 de febrero de 2017

ORFANDAD POLÍTICA (TEXTO REFLEXIVO A RAÍZ DE LA CONVERSACIÓN TELEVISIVA DEL DÍA VIERNES 10 DE FEBRERO; PUBLICADO DIARIO CORREO MARTES 14 DE FEBRERO)

Las secuelas de Odebrecht siguen barriendo con el panorama político de nuestro país y de muchos vecinos; esta semana nos ha dado la sorpresa anunciada que el ex presidente Alejandro Toledo tiene orden de captura y, como en el lejano Oeste norteamericano, su cabeza tiene precio. Ya se encuentra huyendo hacia Israel y es posible que se le niegue la entrada. La degradación de todo el aparato político peruano llega hasta el hecho de que nuestros pasados y actuales líderes puedan ser considerados delincuentes de cata mayor en este terremoto que aún se está quedando en el dominio de lo político, ya que luego, como debe corresponder en oportunidades como estas, debería pasar al campo económico (empresarial), comunicacional (periodistas y medios) y todos los otros que hayan sido tocados por los tentáculos de la corrupción.
Dos hechos son trascendentes en la historia de la corrupción política en nuestro país en estas dos décadas recientes: los famosos Vladivideos que desenmascararon a cientos de personalidades políticas, financieras, empresariales, mediáticas, artísticas e, incluso, deportivas. El alud fue incontenible y tumbaron el debilitado fujimorato que concluyó con la huida y la renuncia de Alberto Fujimori desde Japón. Muchos videos quedan aún por conocerse y duermen el sueño de los justos. Y ahora tenemos en nuestras manos Odebrecht; los destapes recientes solo están mostrando la punta del iceberg de una larga presencia en nuestro país desde el gobierno de Morales Bermúdez en adelante.
Toda la clase política, tanto personas como partidos, parece estar involucrada de una manera u otra. Es una excelente oportunidad para que nuestra sociedad se despercuda de estas lacras que no solo afectan la moral y ética de nuestra sociedad, sino todo el coste económico para un país carente de sistemas de salud, educación, seguridad y de transporte dignos para todos los peruanos. Una lástima que las prescripciones hayan sido la herramienta que más de un delincuente de corbata ha empleado para salir amparado de la justicia. Contamos con un aparato judicial y un poder congresal totalmente sesgados, que pueden impedir que la búsqueda de corruptos no se limite a los personajes que, en cierta manera, son débiles por carecer de representatividad gubernamental en la actualidad. Pero el escándalo es mayúsculo.
El panorama se presenta sombrío y entramos en un proceso de orfandad; pero es el momento de la sociedad civil que se comience a manifestar con fuerza. Los líderes, salvo pocos, tienen escasa legitimidad para opinar; el APRA, partido antiguo, está pasando por un fuerte crisis interna provocada, por qué no, por los destapes de las últimas décadas y que van a ahondarse. Queda pues recomponer los partidos políticos en los que haya una verdadera democracia y transparencia; creación de faros ciudadanos con participación activa de instituciones cívicas y colectivos creados en las últimas décadas; y participación indirecta de universidades y colegios profesionales, fuente (creo) de la inteligentsia de nuestro país. Oportunidad histórica.
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