domingo, 20 de noviembre de 2016

DERECHA BRUTA Y ACHORADA (DBA) (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 20 DE NOVIEMBRE)

El Achoramiento es un término sociológico acuñado por el jurista peruano Luis Pásara en los años 70 para describir a la sociedad peruana que reúne ciertas peculiaridades, producto de una permanente situación emergente. Está vinculado al término Anomia: “conjunto de situaciones que deriva de la carencia de normas sociales o de su degradación” (RAE). El Achoramiento está ligado a la anomia social que, como define Eduardo Catalán, “es la visión sesgada de un grupo social cuyo desarrollo depende de aprovechar en su favor los vacíos legales, los proyectos sociales, [...]. Toda sus posibilidades gramaticales son aceptadas en el habla diaria peruana: achorarse, achorado; pero no está aún aceptada por la RAE. Sin embargo, es un término preciso para describir reacciones, comportamientos y hasta un modo de vida de determinadas personas que tienden hacia ese tipo de anomia.
En el 2010, el periodista Juan Carlos Tafur acuñó la frase Derecha bruta y achorada (DBA) para identificar a un grupo de personas que conforman “una coalición en la que participan, entre otros, periodistas corruptos, empresarios mafiosos y políticos pendejos”, en términos de Augusto Álvarez Rodrich. Son personas que cultivan la viveza y la bajeza como marco referencial de sus acciones y relaciones con los demás. Son identificados como personas patanes, soberbias, rayando con la ignorancia. Su capacidad de diálogo es nula y sus chatos argumentos son tomados por ellos como verdades absolutas y utilizados como armas para apabullar (atarantar, más criollo) a sus contendores. Y para colmo de males, algunos de ellos se convierten en una suerte de adalides de determinados grupos sociales, como ellos, que ven en esta una fácil forma de obtener resultados positivos para sus intereses.
En las últimas semanas las redes sociales y diversos medios de comunicación han mostrado las lamentables participaciones de diversos congresistas fujimoristas en interpelaciones con autoridades del actual gobierno. Sus comentarios y actitudes han bordeado la chabacanería, como una estrategia para ocultar tanto sus pasados oscuros así como su escasez de conocimiento frente a temas cruciales. Han desdibujado la majestad del Parlamento, cada vez más venido a menos. Recuerdo el lamentable comportamiento de una congresista fujimorista, cuando académicos de una universidad peruana exponían sus justificaciones para la asignación de recursos a dicha universidad. Es pedir peras a un olmo seco.
Lo alarmante es que con el ascenso de un personaje como Donald Trump en los Estados Unidos, en cierta manera, ha “legitimado” un lenguaje de provocación y confrontación, actitudes taimadas y burlonas, argumentaciones chatas y ramplonas como las que ya pueblan nuestro Congreso. Un espaldarazo internacional a la gente DBA del cotorreo político nacional.
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