domingo, 16 de octubre de 2016

AMÉRICA, TRUMP, MIGRACIÓN (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 16 OCTUBRE)

En lo que va de esta semana pasada, hemos tenido varios momentos interesantes que son la fuente de inspiración de este artículo, siendo los más relevantes: la celebración del Descubrimiento de América o el Encuentro de Dos Mundos, de acuerdo a la perspectiva; y el debate presidencial norteamericano y algunos comentarios actualizados del candidato Donald Trump.  El elemento vinculante entre ambos es el delicado tema de la migración,  actividad humana realizada por diversas razones.
La migración en escala obedece más a factores externos que internos de una sociedad, un núcleo familiar o persona. Una guerra, una hambruna o debacle económica en escala, un deseo de expansión como plan estratégico estatal, han sido generalmente los principales móviles que han  hecho que grandes grupos humanos se hayan desplazado a lo largo de la historia y que cambian la fisonomía geográfica social de los lugares emisores y receptores. El 12 de octubre de 1492 se inició un proceso de poblamiento y despoblamiento en ambos lados del Atlántico.  En los inicios del siglo XX una gran masa de pobladores europeos y asiáticos hallaron en toda América, sobre todo en los Estados Unidos, un espacio de oportunidades para mejorar sus calidades de vida. Después de ambas guerras mundiales, fue sobretodo Europa la mayor aportante de una población deseosa de hallar un territorio libre, fértil y pleno de oportunidades. 
Pero la migración masiva tiene en el trasfondo orígenes y consecuencias traumáticas. Un desplazamiento masivo implica un fuerte choque cultural, económico y político, vivenciado por la sociedad receptora al tener nuevos miembros que no han crecido en el tejido social que los acoge. Hemos visto esta situación  internamente cuando una fuerte cantidad de compatriotas tuvo que desplazarse de la sierra o selva en los 50 y 60 por la promesa de una vida mejor en las ciudades costeras gracias a la industrialización incipiente de entonces y las carreteras de penetración; y en los 80, por la violencia terrorista o el desarrollo del narcotráfico. La “recepción” no era del nada positiva, puesto que la gran mayoría de estos emigrantes fue a conformar los cinturones informales de las grandes ciudades, Lima a la cabeza, creándose los Pueblos Jóvenes. Hay que leer los trabajos de José Matos Mar y Rolando Arellano para entender este doloroso proceso que deviene en el Perú actual. Las crisis vividas en los 80 y 90 también creó una gran masa desplazada: muchos peruanos migraban hacia el exterior para buscar a una vida mejor. En un dato del 2012 (OIM) hay casi dos millones quinientos mil peruanos en el exterior: un poco menos del 10 % de la población peruana actual; muchos de ellos en situación vulnerable frente a posiciones radicales en los países que migraron. Posturas xenófobas como las de Trump sintetizan lo que muchos de los pobladores piensan del emigrante, muchas veces forzado de serlo por tristes circunstancias de la vida. Una triste radiografía de una respuesta a este susceptible problema.
  
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