domingo, 8 de marzo de 2009

CHICLAYO, NADA ES PERFECTO




Mi reciente visita a la Ciudad de la Amistad me ha permitido afianzar muchas ideas que me daban vuelta sobre esta ciudad. Chiclayo es un lugar interesante. Como ciudad es fea, su centro "viejo" es un conjunto de casas y edificios que han crecido "al paso", ya que sus orígenes la identifican como un lugar de tránsito desde remotos tiempos. Chiclayo no tuvo fundación ni prehispánica, ni rancio abolengo español (quizá, por eso, no sea una ciudad tan prejuiciosa como otras-por ejemplo, Trujillo). Sea por la razón que haya o no haya allí, la ciudad es un caos urbanístico en la que el barroquismo que hemos heredado por cualquiera de nuestros turbios o claros linajes ha dado rienda suelta en el momento de su edificación. Lo que busca ser más organizado en esta ciudad es, quizá, la Plaza de Armas (que no es tal, sino la principal) y en torno a ella, salvo la Avenida Balta, hay una serie de estrechas y semitorcidas calles que evocan en cierta manera a las ciudades surgidas en el medioevo en la floreciente actividad comercial de los pequeños burgos europeos. Hay algunas calles en las que un auto estacionado significa el colapso parcial del sistema vial. Tal vez esa sea la razón por la que taxis y clientes son muy dinámicos; en comparación de los lerdos pasajeros trujillanos que se ponen a negociar con un taxista en una esquina sin importarles lo mal cuadrado que estén, en Chiclayo eso sería exponerse no sólo a una sarta de improperios, sino a una posibilidad riesgosa (por parte del taxista o del a veces idiota cliente-sobre todo los foráneos) de sufrir algún intento de daño físico: mejor no arriesgar. Es por eso, que irónicamente y pese al tráfico de la ciudad, éste fluye rápidamente y no tiene punto de comparación con el sufrible que tenemos, por ejemplo, en las calles Pizarro o Gamarra (en Trujillo).

Chiclayo es una ciudad de comerciantes y está ubicada en zona estratégica. Lejos de ciertos fenómenos geógraficos que la pongan en riesgo (no hay río cerca, como así le sucedió a Zaña; no hay mar cerca, no hay riesgo de maretazos) y con una posición estratégica (valle fértil, de fácil desplazamiento), la ciudad tiene un ritmo impresionante de crecimiento. Centrada en la actividad de mercado, en muchos aspectos se parece a Juliaca y Huancayo. La dependencia que esta ciudad ha creado con muchas otras de la costa, sierra e inclusive selva la hacen todo un nudo de comunicaciones. Desde aquí partí a Chachapoyas y desde aquí iré a Jaén. No es que Trujillo no tenga vínculos, pero las opciones en Chiclayo son más variadas y cómodas.

El feo gusto arquitectónico en general malogra algunas joyitas que puedes descubrir paseando las calles abigarradas por transeúntes y autos. Hay algunos bodrios que los citadinos aprecian como el horrible Paseo de la Musas. Pero, heladerías y juguerías te refrescan por doquier, en éstas descubres manjares hechos helados, sorbetes, ponches u otros. De eso, lo culinario, hablaremos en otra oportunidad. Algunas casas republicanas se esconden tras letreros, banners, toldos u otras cosas que se utilizan para vender: la ciudad destila negocio y éste sacrifica todo en pro del dinero. Hay algunas placitas como la del ferrocarril (que iba a Pimentel) que es una belleza y tiene aún cierta quietud para reposar luego de una marcha bajo el iracundo sol. La ciudad ha visto crecer un número considerables de visitantes no atraídos por el comercio, sino por la cultura: Chiclayo es el ombligo de las comunicaciones con sitios arqueológicos impresionantes e imprescindibles. Sipán, Sicán, Túcume, Huaca Chotuna, Pómac e incluso Zaña. Su nudo de comunicaciones te acerca rápido al museo de Tumbas Reales o a Brüning; también vas rápido a Ferreñafe para quedar embobado con Sicán. Ya hay un buen anillo vial que te puede vincular todo lo que he nombrado. Falta aún otra belleza que hace tiempo visité: la iglesia de Mórrope.

Sobre la comida, tal como lo dije comentaré posteriormente. Es un capítulo aparte.
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