viernes, 20 de marzo de 2009

CIUDAD DE ORO:JERUSALEM




Jerusalem. Las calles estrechas. Olor a especies y sudor de gente trabajando. Puertas ocultas entre los tenderos, puertas que te llevan a iglesias, sinagogas o mezquitas ancestrales. Muros construidos por judíos, derrumbados por cristianos o musulmanes. Gentes viejas y jóvenes de muchas lenguas y credos. Jerusalem.

La primera vez que pisé esta ciudad, un temblor pequeño recorrió mi cuerpo. No soy religioso, pero amo la historia en su verdad. Y en su tergiversación también, ya que nos muestra los deseos y las frustraciones de lo que uno quiere y no pudo ser. Esta ciudad, pequeña, de poca monta geográfica, ha sido la joya de las tres religiones monoteístas y por ella se han matado miles de hombres en el mundo. Y lo siguen haciendo aún.

En 1988 estuve por primera vez en esta magnífica ciudad. Sus calles respiran historia así como conflicto. Sus muros, los que la protegieron de la amenaza cristiana, tienen muchas historias impregnadas en sus amarillentas piedras. Uno va hacia ella por fe o por curiosidad. Recuerdo que al haber visto la película CRUZADA de Ridley Scott, muchas de las escenas estaban tomadas de esos fascinantes espacios que eran los estrechos corredores de la ciudad vieja y tuvieron el poderoso efecto de transportarme hasta sus calles, sus laberintos, hasta el olor del Shuk. Nunca he estado en Toledo, pero muchas personas me han dicho que las situaciones vividas en esta ciudad durante su edad de oro, permitió la convivencia pacífica entre las tres religiones. Jerusalem también en cierta manera la vivió sobre todo bajo el régimen de los musulmanes, sobre todo los árabes más que con los turcos. La ciudad va abriendo sus tesoros y vas descubriendo bellezas como iglesias bizantinas, antiguas sinagogas que surgen de las tinieblas desde la destrucción de Jerusalem por Tito o la fascinante mezquita del Domo de la Roca, con su cúpula dorada y sus bellos azulejos.
Caminar por sus calles es hallar gente alucinada por el dogma y fanatizada por el respeto de sus espacios religiosos. Vuelvo a tomar como referencia el film de Scott y recuerdo algunas frases que me hicieron recordar los lugares visitados: Balian de Ibelin trata de salvar la ciudad sitiada por Saladino (personaje que sí existió) y arenga a la gente encomendando a los ciudadanos defender la vida, no las piedras ya que estas son hechas sagradas por los hombres. Cierto es, pero esa fe y sentido de vida han hecho a esta ciudad deseada y atractiva.
La migración de millones de judíos a Israel (Aliah) ha hecho que sus ciudades sean una babel de lenguas. Jerusalem no escapa a ello. Recuerdo una tarde caminando por el barrio antiguo me hallé extraviado, por la zona de Talpiot; me encontré con un señor bastante mayor. Le pedí en el rudimentario hebreo que manejaba si hablaba otra lengua y cierta ubicación; luego de varias indagaciones, el señor me dijo que hablaba "españolit"; en ese momento, la historia y su gran peso emocional cayó sobre mi persona: hablaba la lengua de Cervantes, la que le puso al Quijote para que hiciera los comentarios de su España, la que le tocó vivir. La ancestral familia de este señor provenía de Sefarat, la España dorada de los judíos sefaradíes. Comencé a hablar en castellano y él me respondía en ladino. Jerusalem me enseñó por qué es lo que es. Ir Dolá.





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