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Trujillo, La Libertad, Peru
Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal

jueves, 24 de diciembre de 2015

CRÓNICAS DE LAMBAYEQUE 1

Sábado 21 y domingo 22 de noviembre. La visita de Isabel a Trujillo propició otra salida a la Región Lambayeque. Un par de días antes, el miércoles 18 había ido de visita a dos museos de la Región: Sicán y Tumbas Reales de Sipán. Esta visita de un día fue demoledora, ya que era una jornada intensa que, pese a todo, no logró concretarse la visita al Museo de Sitio de Túcume, que era otro de los museos a visitar. Siempre es bueno volver a estos museos, pues muchas veces en las anteriores visitas realizadas vas perdiendo detalles por diversas razones o apuros. Un detalle: en el Museo Nacional de Sicán, ubicado en Ferreñafe, uno visita la reconstrucción de las tumbas de dos grandes soberanos de esta cultura (http://www.go2peru.com/spa/guia_viajes/chiclayo/chiclayo_sican.htm).  Desde el 2001, año de su inauguración, se muestra una tumba (la occidental) que tiene, desde su origen, una hipótesis errada. Pareciera que este señor hubiese sido enterrado de tal forma que replicase el acto del nacimiento. Pero, según me han comentado varios arqueólogos, esta tumba sufrió antaño un deslizamiento y por tal motivo quedó en una posición que hizo suponer un entierro bastante peculiar y nunca visto en el mundo, cuando todo indica que estuvo enterrado como el otro gran señor cuyo entierro visitamos en la sala contigua. (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1226909850672367&set=pb.100000600914417.-2207520000.1450963229.&type=3&theater). Ojalá se corrija esto, puesto que, como se indica, los mismos guías destacan esta modalidad supuesta. Este viaje sí te permite descubrir situaciones de nuestra educación. Muchos de los chicos no conocían estos lugares, pese a que ya habían estado en otros lugares del Perú e, incluso, de América, pese a ser casi vecinos.
Volvamos a nuestro viaje de dos días. En realidad, nuestra meta era Laquipampa, un refugio de silvestre que queda cerca de Íllimo, en la ruta entre Chiclayo y Olmos (http://www.rutasdelperu.org/rvs-laquipampa/).  Habíamos hecho todas las coordinaciones previas para quedarnos una noche y un par de días en el albergue de este refugio. Viajamos el sábado por la mañana. La expedición estaba conformada por Isabel, María, Lorena y yo. El paquete incluía el recojo, el hospedaje, un desayuno, almuerzo el domingo, pago de entradas y la visita a todo el santuario (lo accesible). Llegamos casi a mediodía, pero hubo un incidente con los lentes de Isabel por lo que al llegar tuvimos que buscar un lugar para poder repararlos. Una vez concluida la misión y haber cancelado lo que faltaba para pagar los servicios de los cuatro viajeros, salimos con destino a Lambayeque para almorzar ahí. Como el miércoles estuve en el lugar y había sugerido un restaurante al cual fuimos hace un par de años, nos dirigimos ahí por la variedad de precios y diversas alternativas. No hay pierde. Se llama El Pacífico (https://www.tripadvisor.com.pe/Restaurant_Review-g1926372-d6966971-Reviews-El_Pacifico_Lambayeque-Lambayeque_Lambayeque_Region.html) y tiene precios imbatibles para la calidad y cantidad de los platos ofrecidos en la carta. Una vez concluido nuestro opíparo almuerzo nos fuimos a Íllimo. La carretera es fatal, es bastante estrecha y en los pequeños pueblos de la ruta, el tránsito se hace pesado y peligroso. Esta carretera a Olmos se ve cargada de vehículos pesados (ómnibus, camiones de todo tipo de carga y dimensiones) y he visto a varios turistas aterrados, no solo por ello, sino por la velocidad en la que van los mismos transportes turísticos. El nuevo museo de Túcume atrae un interesante tráfico de turistas, pero si no mejorar la infraestructura vial, estos se van a pasar la voz sobre los riesgos que esto conlleva. Ya en el 2014, en otra visita, la ciudad de Ferreñafe era una polvareda. Y la carretera a Olmos debe ser ensanchada, señalizada y con permanente conservación. Llegamos con cierta comodidad a nuestro albergue, donde ya nos estaban esperando. Atravesamos un cementerio abandonado de la ciudad. Ha caído en el olvido luego del último Niño de 1998 y el saqueo hecho por los brujos de la zona.



Como habíamos disfrutado un par de cervezas, decidimos descansar un poco y luego ir a la piscina del lugar. En el local había un chileno que estaba por negocios ahí. Se hospedaba desde hacía un mes. Iba por la agricultura de Olmos. Salimos a la pequeña alberca; las chicas decidieron no bañarse, así que entré solo. El agua tibia y rodeados de árboles y aves. Cenamos algo ligero y nos preparamos, ya que salíamos temprano a la reserva y nos llevábamos nuestro equipaje. Las historias que nos contaba el señor que cuidaba el albergue eran interesantes. Él fue un sobreviviente del terrible Niño que tuvimos en 1982-83. Estuvo aislado por casi tres meses sobre una colina con su hermano menor por el desborde del río La Leche. Pensaba que sus padres se habían ahogado, pero sobrevivieron. Esta zona vive el trauma de un posible nuevo mega Niño.

Sin embargo, los planes cambiaron. Toda la noche llovió y las carreteras de trocha que tiene la Reserva quedaron hechas un lodazal. Así pues, nuestro guía nos propuso dos opciones: devolvernos el dinero o hacer un plan alterno de lugares que no habíamos visitado. En general, había visitado todo lo posible de Lambayeque, pero las chicas no. Propuse Mórrope y su iglesia, Ventarrón, Huaca Rajada y el museo de sitio, y Saña. Iba a ser un bonito viaje. Comenzamos con San Pedro de Mórrope. Originalmente era una reducción indígena creada en el siglo XVI (1566-67). La iglesia se comenzó a construir por esos años, pero fue muy afectada, según  los datos del libro Templos virreinales de los valles de Lambayeque de Castañeda, Espinoza y Pimentel (edición 2015) (http://libros.fcctp.usmp.edu.pe/templos-virreinales-de-los-valles-de-lambayeque/).  Luego de diversos avatares, en 1751 se logró la bendición por parte de un arzobispo limeño que se hallaba en tránsito. Y se logró que el interior estuviese cubierto de una extensa pintura mural, de la cual quedan interesantes restos en diferentes muros de la iglesia. Esra la visitamos como última lugar, pero el párroco nos atendió de manera amable y muy honesto en sus observaciones sobre el trato de estos espacios históricos. Además, a la mano derecha hay una capilla doctrinal que fue utilizada como cementerio hasta entrada la República. Esta capilla, la de la Ramada, recibió una atención especial por parte del equipo de la revista National Geographic que sacó una edición especial para “presentar” las investigaciones hechas sobre el descubrimiento del Señor de Sipán y todo el entorno lambayecano (junio 1990, vol. 177, No 6). Lo que llama poderosamente la atención es el tramado del techo y las columnas que lo sostienen, hecho en troncos de algarrobo; según la revista, esta capilla se construyó siguiendo el estilo arquitectónico moche, como se puede ver en su cerámica. Para entrar nos acompañó un grupo numeroso de niños que iban al catecismo. Uno de ellos nos trajo la inmensa llave que aún se emplea para abrir las puertas de la capilla. En esta vimos una excavación que, de acuerdo al párroco que nos acogió en la visita a su iglesia, no estaba permitida. Cosas que se ven en nuestro país. La capilla también es el lugar para un pequeño centro de interpretación donde vimos cómo manufacturan flores de papel o trabajan con el algodón original de la zona y que casi fue extinto por la campaña que se hizo para difundir el de calidad Pima. En realidad, luego de visitar esta iglesia y haber visto las muchas que hay en los pequeños pueblos, una ruta interesante sería esta: tour eclesiástico. Incluso visitar aquellas que la desidia han dejado caer en el olvido y en el desastre (como Eten o los abandonados restos de varias iglesias de Saña). 







martes, 22 de diciembre de 2015

CRÓNICAS CAJACHAS

Domingo 25. Cajamarca se levantaba, luego de haber celebrado fiestas religiosas (como nos había tocado en Arequipa). El día anterior habíamos arreglado con un señor, quien nos llevaría a un paraíso: Porcón. Con la facilidad de movernos por nuestra cuenta, acordamos ir temprano a nuestro objetivo. Tomamos un buen desayuno y salimos casi a las 8 a.m. El trayecto a esa hora no es tan pesado, pues hay poco tráfico hacia esta cooperativa que contradice a todos aquellos que no gustan de este modelo de producción colectiva. La religión, con todo el sentido vertical que esta tiene, puede haber sido un factor positivo para este modelo de éxito (me “gusta” taaanto esta palabra) económico, que permite a toda esta comunidad vivir bien. La carretera está bien tenida por lo que el ascenso es fácil y seguro (relativamente, puesto que también aquí hay locos al volante). En casi 35 minutos llegamos al cruce para descender hacia las instalaciones de la cooperativa. Llegamos al lugar que se halla enclavado entre colinas de poca altura. Previamente en la ruta te encuentras rodeado por un bosque de pinos que se ubican en una buena extensión.  Este bosque no lo pudo apreciar Soraia, pues dormía profundamente por los diversos cambios de horarios y alturas. Es otro de los medios que usa esta granja para generar recursos sostenidos. Aparte de agricultura, carnes y lácteos, la gente de Porcón ha hallado en el turismo un recursos inagotable y permanente que genera buenos ingresos a la comunidad cooperativa (http://www.micajamarca.com/Default.aspx?tabid=56). Y para esto, comenzó instalando un pequeño albergue y en la actualidad, ya vemos que le ha dado réditos y van construyendo más instalaciones. Esta tranquilidad me hace recordar a esos albergues católicos en los que me hospedé en Israel, que eran muy baratos y tenían reglas muy estrictas (toque de queda a las 10 a.m., por ejemplo). No es un lugar para ir a emborracharse o escuchar música a todo volumen; es un espacio para estar tranquilo, caminar, leer, para estar contigo mismo, cosa muy complicada en estos días. Lástima que ya tiene internet.




Una vez pagada la entrada, compramos nuestros quesos y hongos previamente para dejarlos en el auto. Así nos íbamos a evitar el tumulto que íbamos a encontrar más tarde cuando llegasen los buses y otras movilidades con paquetes de turistas. Interesante, había algunos chicos que habían venido de la selva como parte de sus viajes de promoción. Tenía entendido que estaba prohibido el Norte peruano; creo que esta no comprendía a Cajamarca. El cielo estaba escampado, pero algunas nubes amenazaban con lanzarnos torrentes de agua. Pese a todo, aunque premunidos de casacas y cortavientos y un par de paraguas, comenzamos nuestra visita al simpático zoológico que hay en la granja. Además es una suerte de vivero por la inmensa variedad de flores que puedes ver. De estar uno solo en el lugar, es el paraíso total. Luego de cruzar un pequeño puente, comenzamos a ascender hacia el lugar donde pastan muchas vicuñas en libertad y en cierta vecindad con los humanos. Antes de llegar a ello,  cruzamos la zona donde se hallan los venados, los cuales se acercaban por comida. Este tema es muy sensible y es el momento de educar a la gente de lo que quiere y no puede hacer: muchos les llevan comida chatarra, pero con llevar alimentos naturales (granos como maíz) sería lo ideal. Además hay que evitar los plásticos y chicles que algunos llevan y lanzan sin el menor remordimiento; además están las benditas botellas de plástico de agua o gaseosa que plagan cualquier lugar del planeta, y este no era la excepción. En nuestro caminar vimos a una señora que se dedicaba a recoger esas botellas o bolsas de plástico lanzadas al piso, a pesar de haber basureros por diversos lugares. Oí varias veces a imbéciles (con buen nivel económico; no intelectual, por supuesto) que decían que no importasen que ensuciasen, puesto que había gente encargada de hacerlo. Razonamiento del más bruto que invade nuestra sociedad tan poco educada en estos menesteres. Y me he topado con gente que se llena la boca de haber vivido en el extranjero y una vez aquí se olvidan de esas sanas y correctas costumbres: la más imbécil de todas que oí era que en el extranjero no botaba papeles a la calle o no se cruzaba la luz roja, u otros detalles; pero como estaba aquí, podía hacer lo que le daba la regalada gana. Un perfecto idiota.
Dejemos cosas hepáticas y sigamos con nuestra visita a Porcón. En las vicuñas  nos detuvimos para hacer varias fotos. Soraia estaba contenta de ver estos animales tan cerca, y las fotos iban de un lado a otro. Ya el ascenso nos calentó un poco, por lo que decidimos sacarnos un poco de carga; como iba con mochila, ahí llevamos las chompas o casacas. Sin embargo, pronto nos amenazó un chapuzón. Cielo serrano, como dice la tradición, del cual no que confiar. Caminamos una trocha para ver los ñandúes y los emúes. Luego, al comenzar a bajar a las jaulas de aves y felinos, vimos los primeros grupos que llegaban gritando y corriendo, perturbando la calma del lugar. Bajaban los chicos de diversos colegios en su viaje de promoción. Da pena también ver a varios grandes animales que no tienen mucho espacio para desplazarse. Luego de las aves y felinos (una hembra estaba preñada y bastante irritada, dio un salto que asustó a varias personas), pasamos a una pequeña isla donde estaban los simios y una gran bandada de gansos (hacían más ruido que todos los grupos juntos). De ahí nos fuimos a ver los osos, desde donde divisamos al conductor; le hicimos señales para que nos recogiese en la salida, en un pasadizo donde veríamos más aves y algo que nos llenó la visita: el baile de cortejo de dos pavos reales machos con una hembra. El espectáculo nos cautivó, nos “ganamos” el momento. Así terminamos nuestra visita al lugar y nos enrumbamos a la ciudad, ahora sí más despabilados. La vista del descenso es una cosa impresionante. A lo lejos divisas el cerro Quilish que fue motivo de una fuerte disputa de diversos ciudadanos con la compañía minera de la zona.







Ya en la ciudad, nos fuimos a almorzar al Costa del Sol, un suculento almuerzo. Allí me encontré con una persona que no veía en años. En realidad, el almuerzo estuvo extraordinario por estas fusiones que algunos osados se atreven en preparar y también en comer, como nosotros. Fuimos a dejar algunas cosas al hotel y salir a ver la ciudad. Lastimosamente, ya habían cerrado todos los lugares de visita como el Cuarto del Rescate o el Museo del Complejo Belén; incluso el Museo de San Francisco estaba cerrado. Sin embargo, decidimos hacer una caminata por la ciudad. Cajamarca tiene bellos rincones, puertas, ventanas, pasajes, calles. Deben apostar por la ciudad como un producto turístico y explotar todo aquello por lo cual era famosa: su ganadería y mundo agrario. Cenamos con César en el Querubino para despedirnos de Cajamarca hasta una nueva oportunidad.







lunes, 21 de diciembre de 2015

ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO 20 DICIEMBRE PACTOS CONTRANATURA

Estimados amigos:

Comparto mi artículo sobre política nacional. 


PACTOS “CONTRA NATURA”

A medida que las elecciones presidenciales y congresales se acercan, las alianzas electorales se hacen cada vez más descaradas y escandalosas que transgreden el sentido común, la dignidad y el respeto de diversos electores pertenecientes a los partidos que se preparan para la contienda de abril. En la dinámica impuesta en la tan venida a menos política nacional, los líderes de las diferentes tiendas partidarias tratan de entablar alianzas y realizar “jales” para suplir carencias internas de sus partidos de tal manera que se evidencian como oscuros negociados para intereses ya no tan partidarios, sino personales. En el acomodo casi obsceno que estamos viviendo, hemos visto caer diversas personalidades y figuras que alguna vez fueron adalides de luchas por la democracia para convertirse en remedos de títeres movidos por los tentáculos del nuevo mandamás. Estas dos últimas semanas, los electores y el público en general han encarado estas noticias entre el asombro, la decepción y la hilaridad. Las absurdas explicaciones para justificar alguna alianza presidencial o adhesión a una lista congresal no son nada más que insultos a las escasas dignidad y moral que quedan de la sociedad peruana. El transfuguismo ya es una institución aceptada en los círculos políticos y, por ende, por todos los correligionarios que reciben a estos injertos en sus tiendas políticas para “aprovechar la coyuntura” (que es la única explicación que cabe). La historia nos muestra que estos contubernios no son nada nuevos, como el sonado caso de la alianza electoral entre APRA/UNO que hiciera que muchos viejos apristas (sobre todo los perseguidos por el dictador Odría) pusieran el grito en el cielo; sin embargo, cada vez hay menos dignidad por parte de los militantes y todo pareciera que los partidos políticos se han convertido más en un conjunto de personas cuyo propósito es acceder al poder a como dé lugar y luego aprovechar el festín que hallarán en las arcas nacionales. Todos apuestan a ganador para esperar una tajada en el marco de la política light que ya estamos viviendo desde hace casi tres décadas.
Ante situaciones tan indignantes como esta, urgen leyes: para los partidos políticos que se estructuren correctamente, que tengan permanencia y no se conviertan en clanes familiares, empresariales o elitistas; para la formación de cuadros políticos y técnicos no surgidos de la improvisación (sin plagios de planes de gobierno, por ejemplo); para reformar el Congreso, actualmente un lugar poblado de mucha gente improvisada y de rara catadura moral, y que sus integrantes sean residentes permanentes en sus lugares de orígenes cuya población los eligió para que velen por el bienestar colectivo y no el suyo propio.


GERARDO CAILLOMA 

lunes, 14 de diciembre de 2015

CRÓNICAS AREQUIPEÑAS Y CAJACHAS

Miércoles 21 de octubre. El problema del agua en el hotel que nos quedamos a pernoctar cambió la cara de ese bonito viaje. Hice las coordinaciones para que nos devolvieran al hotel anterior para que nos podamos bañar. Arequipa, pese a estar soleada, tiene agua bastante fría. Felizmente, una vez ya todos duchados, emprendimos una última visita con la que cerraríamos el viaje a Arequipa: el mercado San Camilo. En Arequipa, durante mi niñez e inicios de mi juventud, vivía cerca de este mercado (calle Santo Domingo, cuarta cuadra). Recuerdo mis visitas con mi padre o solo para ir a comprar figuritas de mis álbumes. En realidad, poco recordaba de sus instalaciones interiores. La motivación era de ir a comprar todas las cosas que sueles llevar a casa de Arequipa: pan tres puntas, queso para hacer rocoto relleno, chichasara, guaguas de pan. Tomamos un taxi para ganar tiempo y poder aprovechar más el tiempo. Lo del incidente del agua nos había quitado tiempo y bajado un poco “las baterías”. Grande fue mi sorpresa de hallar un mercado ordenado, relativamente limpio y no tan bullicioso como suelen ser los mercados. Quizá la hora y el día hayan ayudado a evitar tumultos. El primer objetivo era los higos que María quería llevar. Merodeamos por hallarlos a buen precio y, luego de una marcha breve, quedamos en el puesto de una señora que los vendió baratos. Nos invitó más fruta y salimos a ver más cosas: el mercado era un paraíso para la curiosidad. Vimos diversos tipos de papa, de maíz, granos cocidos, quesos, más frutas. Cuando llegamos a la sección de granos, una señora prácticamente “posó” para la cámara de Soraia quien tomaba fotos a todo este mundo de cosas nuevas para ella. La dueña del puesto arreglaba primorosamente sus cosas para exhibirlas bonitas, bien puestas, para que sean llevadas a otro lado del mundo en la memoria de los viajeros que pasaron por ahí. Luego pasamos por la sección de sombreros y, posteriormente, a una sección de productos para magia y shamanería: fetos de vicuña o llama para pagos a la tierra que se usan para las construcciones, pócimas de amor y amarre, equecos para la buena suerte, plantas para ahuyentar los malos espíritus y curar el mal de ojo, vigorizantes en perfume (uno se llamaba Siete Machos y con fotos sugerentes). Luego fuimos por la sección de los panes para comprar los famosos tres puntas que no salieron tan buenos (nos dimos cuenta ya en Trujillo). Pero la sección que iba a ser la más simpática fue la de los jugos, sección en la que hicimos un alto para tomarnos un delicioso con papaya arequipeña y otras frutas de la región. La señora, también amable, nos mostraba cómo preparar jugos con estas frutas y nos dimos un atracón; estaba tan festivo nuestro ambiente que pronto llegaron más personas a curiosear la casi fiesta que estábamos disfrutando. Después de esta celebración a la conversación, a los buenos momentos, al pasarla bien, teníamos que regresar al hotel para empacar nuestras cosas e irnos al aeropuerto. Como no estábamos lejos de la iglesia de Santo Domingo, hicimos un alto antes de tomar un taxi. Patricia, una amiga de la infancia y cuyo hijo nos había organizado el viaje, se encargó de recogernos del hotel para llevarnos al aeropuerto. En nuestro camino de retorno, Patty me iba contando sobre los viejos amigos; además, Patty y María se habían conocido en mes de abril para la celebración de los 80 años de mi madre en Trujillo. Y así llegamos a nuestro punto de retorno. Ya antes en el hotel habíamos hecho nuestros chequeos de conexión Lima-Trujillo. Una vez ya chequeados subimos a las instalaciones de ingreso. El aeropuerto está bien implementado. Antes de ingresar a la sala de embarque, compré varias cosas de La Ibérica, inevitable si has visitado Arequipa. El vuelo salió casi en hora y llegamos puntualmente a Lima y en su aeropuerto estaríamos unas cuantas horas, en tránsito a Trujillo (¿algún día Trujillo tendrá interconexiones provinciales sin tocar Lima?).







Pero nuestras actividades no concluían con este viaje, sino que se prologaban ese fin de semana. En una cena que tuvimos el jueves 22, y a iniciativa de César Alva, nos embarcamos el viernes 23 a Cajamarca. Gracias a César regresamos al hotel donde estuvimos en los carnavales de este año: el Cabildo. Hizo las reservas telefónicas y Lorena nos consiguió los boletos por bus. Así el viernes 23 salíamos por fin de semana a tierras cajamarquinas.
Llegamos bastante temprano el sábado 24, así que descansamos un poco. Cajamarca estaba muy distinta a la que vimos en febrero. Algunos negocios habían cerrado. César estaba con sus familiares por unas fiestas, así que quedamos con él para más tarde. La idea era visitar dos lugares este primer día: la necrópolis de Combayo (http://labrujuladelazar.blogspot.pe/2012/03/combayo.html)  y el santuario de Polloc, lugar que habíamos visitado en febrero. Hicimos arreglo con un taxista para que nos llevara a Combayo; pero el viaje iba a ser un poco decepcionante. Había estado aquí en el 2009 y pensé que algo había mejorado; sin embargo, la realidad iba a ser otra. El mismo taxista estaba medio perdido. Para llegar al lugar tomas la ruta a las ventanillas de Otuzco (parte en pequeño de lo que veríamos luego) y sigues la ruta que conecta con Celendín como ruta final. Hay un buen tramo asfaltado y el paisaje es espectacular; pero la señalética es pobre y, por eso, nos terminamos pasando de nuestro objetivo. Llegamos al poblado de Combayo, donde nos dieron las instrucciones indicadas. 











Combayo es un lugar espectacular, pero en abandono. Hay que trepar y no es aconsejable para acrofóbicos. Las tumbas pertenecen a la cultura Cajamarca que data entre 500 a 1200 d. C.  Están en un lugar alto y está un poco más de tres mil metros s. n. m. Es considerado el cementerio más antiguo del Perú. Aquí hay más datos (http://www.mincetur.gob.pe/TURISMO/OTROS/inventario%20turistico/Ficha.asp?cod_Ficha=2298).  Ojalá Cajamarca deje de lamentarse con el tenso asunto de la minería y apunte al rubro del turismo, el cual puede mover tanto dinero como la minería y dar más empleo y mejorar la oferta de servicios. Habría muchos turistas  de buenos recursos que aman la arqueología que se desvivirían por visitar un impresionante espacio como Combayo. Pero si ni los mismos cajamarquinos conocen esta atracción, será bastante difícil que se lo promocione y se lo ponga en valor como se debe. Después de la caminata con María y Soraia, y con el conato de lluvia, emprendimos el retorno a Cajamarca.

Almorzamos en el Cascanueces. El Querubino, un buen restaurante, había limitado su carta casi a pastas. Son síntomas de una ciudad que está perdiendo el atractivo de visitantes. Luego, tomamos otro taxi para ir a Polloc. Este santuario ya lo habíamos visitado en febrero y quedamos deslumbrados. El viaje fue simpático. Hubo momentos de cielo despejado. Polloc es una joyita ubicada en medio de la campiña en la carretera Cajamarca – Celendín (http://elrincondeschultz.blogspot.pe/2015/02/polloc-y-los-carnavales-cajamarquinos.html). En esta oportunidad tuvimos algunos cambios positivos y negativos (depende cómo los veamos). Ahora ya el lugar cuenta con un punto de venta y la plaza exterior tiene muchas zonas más acabadas. Las paredes están terminadas. Pero ya está prohibido tomar fotos en el interior de la iglesia. Luego de verla, nos fuimos al claustro. Estaban en limpieza, por lo que tuvimos que esperar un momento. Una vez culminada la limpieza, procedimos a visitarlo. Ahora los portales están mejor trabajados. Lastimosamente también puedes ver algunas zonas con algunas piedras caídas. Es una obra delicada y hay que tener mucho cuidado con ella. Sin embargo, el lugar se debe visitar. El punto de ventas de trabajos hechos en piedra tallada o madera es interesante. Vale la visita. El mismo taxista no conocía el lugar y prometió regresar a este lugar con su esposa. Retornamos a Cajamarca para coordinar con César para la cena. 











Por la noche, los topamos con la procesión del señor de los milagros, razón por la cual varios bares y pubs estaban cerrados. Para ser sábado, una noche un poco triste.