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Trujillo, La Libertad, Peru
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domingo, 11 de junio de 2023

TRUJILLO, CIUDAD BASURERO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 11 DE JUNIO 2023)

 



Trujillo, como casi todas las ciudades peruanas, parecieran ser grandes basureros que tienen forma de calles, avenidas, parques, servicios diversos. Las ciudades norteñas, sobre todo, muestran un deterioro acelerado por diversos factores, uno de los cuales es precisamente el uso inadecuado de los miles de kilos de desechos que una ciudad, como Trujillo, genera diariamente. El desconocimiento y el interés de muchas mafias que lucran con estos (el relleno sanitario, por ejemplo) juegan un rol importante, fuera de la débil o nula campaña del manejo de estos tanto en el sector público como privado (caso las constructoras, por ejemplo). La ciudad desecha mucho plástico u otros artículos que podrían ser reutilizados en vez de ser desechados en tachos de basura, lo que atrae a muchos recicladores que suelen generar todo un desorden que agrava la suciedad de calles, avenidas y parques. Por otro lado, la presencia de objetos grandes deteriorados también comienza a ser común en esquinas de calles o avenidas, o parques en los que solemos ver muebles (sillas, sofás), colchones, excusados y artefactos eléctricos (televisores, diversos artículos del hogar) ya comienzan a ser parte del paisaje urbano de nuestra ciudad y lo estamos aceptando como tal. Antes estos estaban en las azoteas. Además, debemos pensar urgentemente en el manejo responsable de los desechos eléctricos como pilas, baterías u otros que son altamente contaminantes: en los tachos de basuras vemos pilas de todo tamaño que van con los demás restos. Y ni qué decir de otros servicios o empresas tan contaminadoras con residuos sensibles como hospitales, clínicas y restaurantes. Muchas personas ya ni se inmutan cuando dejan grandes bolsas de basuras en avenidas y parques. Otro factor que incrementa los residuos es la poda de árboles y plantas que se apila en lugares “asignados” con rara lógica que desconozco. Por ejemplo, el colegio Liceo, ¡un centro educativo!, decidió botar irresponsablemente mobiliario vetusto a la calle sobre el montículo de ramas y tallos podados, justo en la entrada de sus alumnos. ¿Ni el SEGAT ni ninguna otra institución municipal ligada a la salubridad y seguridad, han sancionado a este centro escolar? Muchas veces vemos rodeores merodeando por el lugar. Me comentaba César Arellano de Traperos de Emaús, la necesidad de hacer campañas agresivas de sensibilización del manejo de residuos a la comunidad desde los colegios u otras instituciones educativas para que generar cambios paulatinos en los hogares.  Nosotros debemos presionar a las autoridades respectivas para planificar urgentemente una verdadera planta de reciclamiento. Hay muchas instituciones que hacen campañas internas para separar los residuos y en el cambio de recojo de basura (cambiar el término), pero esta termina mezclándose nuevamente. Un fiasco.  Bastante irresponsabilidad.

Los ciudadanos debemos educarnos en familia y trabajo para mejorar nuestra ciudad. Así Trujillo será el espacio en el que todos queremos vivir.


domingo, 17 de febrero de 2019

CIUDAD A LA DERIVA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO DOMINGO 17 DE FEBRERO)


Trujillo es una ciudad que se acerca al millón de habitantes. Durante los días laborales, esta población se incrementa por el número de personas residentes en áreas cercanas a la ciudad y que laboran en diversas empresas e instituciones localizadas en nuestro cono urbano. Nuestra ciudad tiene grandes potenciales que se han ido posesionando en el imaginario de los peruanos y de muchos turistas internacionales que nos han visitado. Es una ciudad con riqueza arqueológica, cultural, social, educativa y productiva. Una urbe ubicada cerca de un río y vecina al mar que le da ciertas ventajas geopolíticas que nos convertirían en una urbe rica y que podría trazar el destino de nuestra nación. Tiene pujanza productiva todavía primaria, salvo excepciones. Una ciudad multiétnica, variada.
Sin embargo, diversos factores humanos han mellado y continúan afectando la organicidad trujillana. La carencia de una educación cívica, el escaso sentido de autoridad y la débil capacidad de trabajar en equipo han sido los factores que han hecho que todo ese potencial se ponga en riesgo permanente con la consiguiente pérdida de oportunidades sociales. Evidencias saltan a la vista sin mucho esfuerzo. Tomemos dos ejemplos: transporte urbano y manejo de residuos sólidos.
Para nadie es un secreto que nuestro transporte es un caos. Tierra de nadie. Fuera de la escasa educación vial de públicos y privados, así como el lamentable estado de calles y avenidas de la ciudad; Trujillo posee un sistema ineficiente, riesgoso e, incluso, contaminante. El estado de vehículos de transporte público, que es privado, es un permanente atentado contra los usuarios de este y los demás ciudadanos, puesto que la antigüedad de muchos buses, combis y taxis presentan una amenaza latente contra cualquier ciudadano y el medioambiente. La concesión de rutas es otra pesadilla, puesto que hay zonas sobresaturadas de líneas de transporte cuya ganancia está en el número de pasajeros que estas lleven; por tal motivo no respetan ni horarios, ni espacios rígidos, ni la cantidad reglamentada de usuarios. Pedir calidad de servicio raya con el ridículo. Una buena línea municipal de grandes buses, tranvías y desde ya pensar en un subterráneo son soluciones obligadas si queremos salir del caos cotidiano. Las soluciones van a ser impopulares, pero atacarán el cáncer en el que se ha convertido todo este tema.
El segundo ya es problema arrastrado por varias gestiones ediles. Por su tiempo se ha hablado de crear una solución global al problema del manejo de la basura. Hubo conversaciones para creación de plantas de tratamiento de residuos, quedando en el tintero. Hay fuertes mafias que se mueven tras el reciclaje y el manejo del relleno sanitario. Absurdo es fomentar una cultura de manejo entre la población (separación de vidrios, papel o plástico) si es que casi todos los desechos van a terminar en el mismo botadero.
Estamos a tiempo de tomar decisiones correctas.