Como dijo Julio César: la suerte está echada (alea jacta est). El domingo pasado, algunos partidos políticos han sobrevivido a la franja electoral, mientras que otros pasarán a mejor vida, quizás. Los partidos pequeños, por lógica cuantitativa, no iban a pasar, salvo un milagro que no iba a llegar. Como sospechan algunos analistas políticos, la intención de muchos de estos partidos era lograr el monto asignado por el JNE para la famosa Franja Electoral. Sin embargo, lo que sí llama poderosamente la atención fueron los resultados para dos partidos políticos que contaban, decían, con una masa electoral significativa que les iba a permitir pasar la valla y colocar algunos postulantes a las cámaras de senadores o diputados: Podemos Perú y, sobre todo, Alianza para el Progreso. El caso de este último sí amerita un estudio de la estrategia del fracaso electoral que ha sorprendido a muchos en todo el país, sobre todo en nuestra Región, pues este se originó aquí y se fortaleció con el descalabro del APRA en las elecciones municipales en el 2006. Desde entonces, se inició un ascenso meteórico de este partido en desmedro del APRA, otrora partido del Sólido Norte hasta llegar a ocupar no sólo la gobernatura del Gobierno Regional liberteño, sino también otras como la de Lambayeque; además, su alcance ya era nacional en las penúltimas elecciones al haber alcanzado otras zonas de nuestro país como Ayacucho, la que es liderada por el cuestionado Wilfredo Oscorima, vinculado con el escándalo de los “Rolexgate” del gobierno de Dina Boluarte. Los escándalos protagonizados por diversos dirigentes políticos partidarios en diversas ciudades y regiones; la sospecha sobre el origen de la fortuna familiar; la tosca manipulación de sus centros universitarios para sus campañas electorales en las que se repartían “dádivas” a la gente; el estado de abandono de la infraestructura de nuestra ciudad; el sentido de impunidad de algunos personajes principales; las numerosas mentiras sobre la participación del líder en las diversas campañas electorales; la defensa cerrada que hizo el partido para con Boluarte y las cuestionadas leyes procrimen en contubernio con otros partidos. Todo esto, más el descuido sistemático de sus campañas de proselitismo en lugares pro Acuña han sido decisivos para este desplome; me comentaba una señora que, en la última campaña en pueblos alejados de la sierra liberteña, se veía una presencia más sostenida del partido de su rival político, Keiko Fujimori. Todo indica que la estrategia que desarrolló el equipo de marketing político de Acuña en esta campaña podría pasar a la historia como una verdadera catástrofe, apoyándose en la efimeridad memorística de los jóvenes adictos a la virtualidad (sus famosos influencers) antes de apuntar al segmento masivo en el cual tenía una recordación más efectiva que en el mundo juvenil. Se vienen las elecciones regionales y municipales, ¿Sobrevivirá?
