Datos personales

Trujillo, La Libertad, Peru
Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal

domingo, 12 de julio de 2026

EN TORNO AL MUNDIAL PELOTERO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 12 DE JULIO)

 


Estas últimas semanas hemos estado envueltos por las noticias del Mundial de Fútbol. Es inevitable que para una persona que no es muy aficionada a este deporte, como yo, le sea indiferente lo que está pasando en los tres países norteamericanos. La hechura de este mundial ha sido, y sigue siendo, accidentado. Las acciones precedentes fueron bastante cuestionadas, pero el motor económico no podía parar. El deporte, tal como se ve a estas alturas, es un adminículo para justificar las verdaderas intenciones que se mueven, algunas bastante descaradas. Desde el conflicto con Irán hasta las prohibiciones de ingreso a los ciudadanos de algunos países clasificados, nada de esto ha sido impedimento para seguir con el espectáculo. Irónicamente, muchas personas se han preocupado por la presión psicológica que han tenido algunas “vedettes” peloteras, como Messi, MBappé u otros; pero pocos son los medios que han incidido en el increíble escarnio que hicieron contra la selección iraní o su hinchada. No sé si hayamos tenido otro mundial en el que una selección tenía que cruzar una frontera para jugar un partido y, luego, regresar automáticamente a otro país donde estaban alojados. Una locura. La otra es el hecho de la anulación de una tarjeta roja de un jugador estadounidense por la presión de Donald Trump; él mismo ha reconocido esta acción. Todo este suceso me hace recordar al escándalo contra el equipo peruano de fútbol en las Olimpiadas de Berlín en 1936, uno de los hechos poco claros que motivaron el retiro de la delegación peruana de esa olimpiada; pese a que nos gobernaba el Mariscal Óscar R. Benavides, proclive al régimen nazi. Este mundial ha puesto en vitrina una serie de realidades históricas y geográficas interesantes: países pequeños como Curazao o la sorprendente Cabo Verde, excolonia portuguesa, han saltado al escenario de los medios; era calamitoso y tragicómico escuchar comentaristas y aficionados sobre el nulo conocimiento de estas naciones. Peor aún, las racistas opiniones contra el aficionado congoleño, en una acción conmovedora, que se paraba como una estatua evocando a ese líder incómodo y valiente que fue Patricio Lumumba. Algunas personas ridiculizaban su acción, en una tamaña muestra de ignorancia e irrespeto. Pero hay otro caso que ha concitado la atención de analista políticos y sociólogos: la eliminación casi permanente de la selección brasileña, equipo que recuerdo haber visto en mundiales anteriores festejando el “jogo bonito”, la picardía y el placer de jugar. Aún recuerdo ese partido Perú – Brasil de 1970 en que ambos equipos, EQUIPOS, no daban su brazo a torcer y creaban situaciones de gol y de juego justo colectivamente. Se habla de un factor religioso muy conservador creciente en nuestros países que ha ido calando en este equipo y otros, como el de Colombia. Un fenómeno motivo de estudio de manera racional por la psicología, sociología y la historia. ¿Nuestra selección?


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Love that stamp Gerardo! Buen artículo, interesante lo del 1936, que habrá sido el rollo?!

Anónimo dijo...

Un gran artículo de Gerardo Cailloma que refleja la realidad de un "deporte", así, entre comillas, que ha revasado el grado de brutalización de los aficionados a la que se ha llegado como consecuencia del nivel estratosfero al comercializacion que se ha alcanzado. Habria que agregar a lo ya mensioado por Cailloma, el nefasto hecho protagonizado por nuestra selección en el mundial de Argentina, cuando después de brillante accionar llegó a cuartos de final a definir con Argentina la semifinal del campeonato siendo eliminada escandalozamente por 6 a cero. Producto de la corrupción practicada por la Junta Militar que gobernaba al país anfitrión por razones políticas.

Anónimo dijo...

No es aficionado, pero sabe más que cualquier mortal, y sabe interpretar.