La palabra “maquillaje” proviene del germánico antiguo, concretamente de la palabra “makar”, que significa “modelar o amasar”. Posteriormente pasó al francés y luego al español como la actividad que empleaban los actores de teatro para representar a un personaje: moldeaban un nuevo personaje a través del maquillaje. En alguna oportunidad, pude ver un video en el que mostraban cómo una persona poco agraciada era transformada en una muy atractiva gracias a una fuerte inversión en productos de belleza y un verdadero trabajo artesanal: un rostro que encandilaba a cualquier observador que no había visto el proceso y el verdadero aspecto físico que estaba tras varias capas de cremas, aceites y delineadores. En nuestra vida cotidiana, usamos esta palabra con la intención de destacar el hecho de que se está disfrazando u ocultando algunas acciones hechas o por hacer, que muchas veces refieren a actos de corrupción o, como lo que ya estamos viviendo, una retahíla de promesas y buenas intenciones en cualquier campaña electoral por diversos candidatos de diversa catadura que sufren una verdadera transformación ante cámaras fotográficas o de televisión. Y, como suele suceder, algo se encarga de “lavar” esas capas de trucaje para desnudar tristes realidades que terminan, como sucede en nuestra sociedad, afectando a muchos de sus integrantes. En el caso de nuestra ciudad, literalmente la poca agua de lluvia que cae sobre Trujillo exhibe penosamente las irregularidades en zonas recientemente intervenidas, sin alcantarillado ni gradiente alguna que permitan discurrir agua acumulada. El verano está cerca y con ella la mortificación de muchos ciudadanos por las lluvias que amenazan sus casas y calles. La reciente lluvia de hace algunas semanas lavó y nos enseñó esas grietas en algunas de las nuevas reparaciones hechas. Pero más interesante es la nueva campaña que estamos ya viviendo para las elecciones generales 2026. La mayoría de los “grandes” candidatos (entre comillas, pues ninguno llega al 30%) tratan de despercudirse de su lamentable actuación durante el gobierno de Boluarte, a la que sostuvieron por dos años prácticamente. La impopularidad de la Boluarte los arrastra al precipicio del desprestigio popular; algo salió mal en la derivación del rechazo público canalizado hacia ella; quizás esta estrategia quiera ser mejorada con la figura de Jerí, quien tiene un momentáneo apoyo gracias a una imagen dinámica que puede comenzar a desmoronarse en cuanto se “laven” más su rostro. Y sucederá, pues las intenciones de atacar el problema de la corrupción por parte del verdadero poder, ergo el Congreso, va a ser imposible, pues atentaría contra su propia identidad. ¿Qué estrategias han de emplear para lavarse el rostro y cubrirse de aceptación para ese gran sector electoral escéptico que se encuentra a lo largo y ancho del país? ¿Qué harán los estrategas publicistas políticos? Un verdadero desafío para los creativos.
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