domingo, 18 de junio de 2017

NECEDAD SOCIAL (A PROPÓSITO DE FUJIMORISMO Y PHILLIP BUTTERS, ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO DE TRUJILLO 18 DE JUNIO)

En febrero de este año, se posteó un interesante artículo de Juan M. Blanco, profesor español de economía y columnista. En este él describe, críticamente, la sociedad moderna en general (https://benegasyblanco.com/2017/02/28/la-imparable-infantilizacion-de-occidente/). Esta tiende a infantilizarse en desmedro del intelecto y el raciocinio, de la cordura y la reflexión, tan necesarios para realizar acciones maduras y tomar decisiones coherentes. En su aguda crítica, ve la política como una acción guiada por impulsos y vehemencias, más que por actos maduros y reflexivos. Blanco llega a enunciar lo siguiente: “El discurso político se simplifica, dogmatiza, se agota en sí mismo, se limita a meras consignas, sencillas estampas. Pierde la complejidad que correspondería a un electorado adulto. En concordancia con la visión adolescente del mundo, no se exige en los líderes políticos ideas, capacidad de elaboración[..]”. Esta triste realidad es la que puebla la política mundial (digno ejemplo es el mundo político de Donald Trump); la nuestra no está exenta de esta corriente de salvajismo juvenil aplaudido por gente que admira a patanes, bravucones o con poca formación académica. Un libro interesante para entender aún más el comportamiento de una sociedad que se refleja en sus políticos es El III Reich en el poder de Richard Evans; este libro describe el contexto histórico de una comunidad que cede su inteligencia a una camarilla de matones, mafiosos y fanfarrones de su escasa inteligencia. Aunque tomemos distancia, nuestra capacidad de crear analogías y extrapolar situaciones puede utilizar estas referencias para identificar claramente muchas de las acciones que suceden en nuestro país y a los personajes que las realizan. Un periodista patán o un congresista mediocre que actúan bravuconamente encajan a la perfección en las investigaciones sociales expuestas por los dos intelectuales previamente mencionados.

Nuestro tejido social se ve debilitado por personajes cuestionables que articulan a personas en torno a ideas lamentables y descabelladas, o que integran partidos políticos cuya razón de ser es actuar reactivamente, sin construir nada. El comportamiento de un partido político movido por la venganza es como ver a un niño que no puede jugar un partido de fútbol y quiere adueñarse de la pelota; o el del periodista que alimenta odios y discriminaciones para mover a un populacho hambriento de espectáculo digno de su “altura”. Tal para cual. Estas actitudes se extienden en todos los campos del quehacer en los que se está privilegiando el accionar light y rápido que el meditado. En muchos casos obedece a consignas de evitar el pensar para dar paso al actuar. Así podemos entender por qué nuestra sociedad vota por mediocres personajes cuestionables o se vuelven fieles seguidores de vendedores de cebo de culebra. Están reflejando la necedad colectiva, la de nuestra sociedad, que después termina lamentado sus acciones.
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