domingo, 4 de junio de 2017

VISITA A LAS QUEBRADAS DE LA AMENAZA


El día sábado 27 de mayo un grupo de amigos, liderados por Jorge Saito, se decidió dar un paso importante para la idea que está rondando a todo los integrantes que nos une el fuerte interés de ayudar a Trujillo con un sólido plan de reconstrucción dentro del marco de una prevención lógica y coherente, y que sea abordada desde diversas perspectivas profesionales. La idea de visitar los lugares donde habían sucedido las más graves riadas de agua en el mes de marzo por fin se logró concretar y para ello, Silvia Ponce logró contactar con una movilidad con la que se iba a hacer el recorrido a tres quebradas que habían asolado la ciudad con siete huaycos. Nos reunimos en la Universidad Privada del Norte, punto de encuentro de las 10 personas que íbamos a ir en una Van de la empresa Emtrafesa. A las 9 de la mañana salimos hacia nuestro primer destino: Quebrada de San Idelfonso. Esta ha sido la que más ha afectado a la ciudad, acumuló más agua y es la que se encuentra más poblada de todas las demás. Es la que acoge el famoso cementerio de Mampuesto, el que en 1998 se hizo famoso alrededor del mundo cuando el embalse rebasó los frágiles muros de contención así como la fuga que se había hecho, para desbocarse con lodo, piedras, ataúdes y cadáveres por las calles de la ciudad. Aún tengo el recuerdo de ese huayco, pues con mi auto pisé un cadáver atascado cerca de las puertas del entonces ITN en la calle Borgoño. El haber ido casi dos meses después fue una buena decisión: primero porque la población aledaña está menos tensa que cuando sucedieron estos tristes eventos, la población estaba enardecida y temerosa de perder objetos; segundo, ya más calmada, la población da información sobre lo sucedido sin sentirse objeto de curiosidad por parte de muchas personas que, de manera impertinente, no respetan su incomodidad, frustración o privacidad. Llegar al cementerio para ver el entorno es preocupante, pues muchos de los vecinos ya están en proceso de reconstruir sus viviendas en esta zona que, ante una nueva versión de lluvias, será nuevamente declarada zona de desastre. Hay sí muchas casas colapsadas y abandonadas. De ver en la actualidad la magnitud de la situación, me imaginé cómo fue la zona en el mes de marzo. Las huellas de la evacuación de las aguas son visibles. Tal como lo fue en 1998, casi 20 años después. Lo interesante es el que afectado cementerio ha sido dado en concesión a la entidad que regenta el otro cementerio de la zona. Según datos históricos, Mampuesto ha sido testigo de muchos Niños desastrosos que asolaron la ciudad y sus alrededores. En 1897, todo el Norte peruano sufrió un mega Niño y Trujillo recibió dos meses de lluvias, desde febrero a abril, que dejaron maltrecha a la ciudad. Es interesante ver que en el Niño de ese año y el del 1728, como relata Don Miguel de Feijóo, Mampuesto tuvo una activa “participación” al ser el lugar donde se acumulaban las aguas pluviales que luego se desembalsarían sobre la ciudad. El breve artículo de Arturo Rocha Felices tiene datos interesantes al respecto en las páginas 9 y 10 (http://www.apiperu.com.pe/Presentaciones/articulos%20y%20libros/meganino1891.pdf). Del mismo autor, encontramos un texto virtual que habla sobre el mega Niño de 1728 y sus daños en la costa Norte del Perú (http://ponce.sdsu.edu/el_meganino_de_1728.html). Pero mejor es ir a las fuentes de Feijóo, cuya obra Relación descriptiva de la ciudad, y provincia de Truxillo del Perú fue reeditada en 1981 por el entonces Banco Industrial. En la página 159 del capítulo XII se habla de Mampuesto, el origen y las terribles consecuencias de su desborde. Feijóo lo llama Marapuesto y lo denomina como terraplén hecho por los indios gentiles que “[..] cerraba un gran espacio de una quebrada entre dos cerros, de lo que resultó se hiciese una profunda laguna; y humedecidas sus vasas, y cimientos, derrumbándose por lo más débil, precipitada la multitud de agua que se había recogido, corrió por los campos mediatos[..]”. Para suerte de Trujillo en ese entonces, las aguas no se dirigieron sobre la ciudad donde “[..] hubiera desbaratado parte de sus murallas[..]”, sino que se dirigieron al río Moche. La historia repite el mismo fenómeno. El hombre no aprende. Y la naturaleza no olvida.




Decidimos seguir con nuestra visita y enrumbamos hacia las alturas de Río Seco. A nuestro paso veíamos algunas calles o avenidas que se habían vuelto el cauce natural de las aguas que descendían a toda velocidad hacia el mar. Las huellas de la altura del cauce creado eran evidentes en varias casas, algunas de las cuales ya estaban deshabitadas. Decidimos bajar para ver la quebrada en una zona de Río Seco. Las personas estaban lotizando la zona, la cual en una próxima temporada de lluvia terminará por ser arrasada. Nos comenzamos a sentir como verdaderos intrusos en la zona, por lo que decidimos ir hacia nuestro segundo objetivo: quebrada del Cerro Cabras.




Fuimos hacia Wichanzao en el distrito La Esperanza a ver lo que había pasado en la zona. Pese a que sí hubo un cierto caudal, los estragos en la zona fueron pocos frente a la magnitud de lo anteriormente visto. Lo que es interesante es cómo en la zona ha prevalecido cierta forma de construcción similar a la andenería: las pirqas o pircas. Esta técnica permite nivelar y ganar terreno en las faldas de los cerros. El problema para la población que se asienta en las laderas de los cerros es crear buenas bases para evitar deslizamientos y tragedias que lamentar. El Cerro Cabras se está poblando así. Nuestra Región no ha experimentado un fuerte sismo desde 1970 y esa situación sí debería de preocupar a toda la ciudadanía. Una lluvia no causa estragos tan fuertes y extensos como un sismo. Las pequeñas casas que vimos en esta visita pasarán quizá su primera y última experiencia de tener un sismo de igual magnitud como el vivido en mayo del 70. El plan de reconstrucción que se quiere hacer en la zona Norte debe de ir pensando en eso. Trepamos el cerro Cabras hasta una mediana altura y pudimos contemplar la ciudad. Es un observatorio natural de la ciudad. A lo lejos contemplamos nuestro siguiente objetivo: quebrada del León.




Nuevamente ya en nuestra movilidad, nos enrumbamos hacia nuestra última visita. Antes de llegar  a la quebrada vimos un sector nivelado recientemente sobre el cual se han construido varias casas prefabricadas que acogerán a los damnificados de la zona del León. Además vimos el edificio del COER (Centro de Operaciones de Emergencia de Región La Libertad), el cual irónicamente está ubicado en un lecho de esta quebrada. Se ha pedido a muchos pobladores desalojar esta zona de alto riesgo, pero no se predica con el ejemplo. Lo que vimos fue más interesante aún. Las autoridades del Gobierno Regional y del distrito de Huanchaco estaban utilizando maquinaria pesada para limpiar el cauce de esta suerte de río seco. Pero dos detalles eran de película: cuatro o cinco personas trabajaban y por cada uno de los que trabajaban verdaderamente había casi 6 personas cuya única razón de estar ahí es inspeccionar, creo. No sé por qué había tanta gente en chalecos que los identificaban y no tenían función específica alguna. Horas extras que sirven para sangrar el presupuesto de cualquier gobierno municipal o regional. El segundo era la limpieza de este cauce natural que amplía su luz y posible caudal y el espacio de paso bajo un puente que conecta este canal natural. El diámetro de estos espacios era ridículamente estrecho y ante una primera lluvia estos estarán destinados a obstruirse. Cambiar mocos por babas. A toda luz, estamos siendo testigos de una obra cuya utilidad se asemeja a la de un cenicero en una moto. Y la presencia de todo ese personal sí rayaba con lo ridículo. Lástima que no hubo periodistas en funciones para informar sobre esta situación bastante irregular. Y mortificante, pues es dinero público, dinero nuestro.



Ya en nuestro retorno a la ciudad, hicimos un nuevo alto, ahora en el sector asignado para estas casas reconstruidas. Son pequeñas que alojan una suerte de tres habitaciones. Son bastante calurosas y tienen unas pequeñas ventanas para que ingrese aire. Los policías que custodian el lugar nos permitieron acceder a sus instalaciones. Debe de entenderse que son provisionales; pero conociendo nuestra capacidad de adaptación y conformismo se han de volver en viviendas “fijas”. Esperemos que no.

Fin de nuestra visita de casi tres horas.



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