domingo, 11 de diciembre de 2016

UN NOBEL DE LA PAZ, DOS MINISTROS, UN CONGRESO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO DICIEMBRE 11)

La Feria Internacional del Libro de Trujillo culminó el domingo pasado con la magistral conferencia de Ahmed ben Tahar (Túnez) en la que explicó al público presente cómo su país no se sumió en la violencia ni el caos como está asolando a otros países de la región tras la famosa Primavera Árabe del 2011. El haber pertenecido al Cuarteto para el Diálogo Nacional Tunecino fue la justa causa de su reconocimiento por la Academia Sueca adjudicándole el Nobel de la Paz. En su discurso explicaba la necesidad de desarrollar la tolerancia, el diálogo y sobre todo el compromiso político tal como lo hizo este grupo para construir prácticamente un país que salía de la dictadura de Ben Alí. Este, aunque era muy bien visto por muchos países por su liberalismo económico, gobernaba el país para pocos y los más ricos. Al estallar la revuelta por el descontento social, el Cuarteto (conformado por la Liga de DDHH -a la que pertenece ben Tahar-, los sindicatos, el mundo empresarial y una orden que congrega a los abogados tunecinos) tomó las riendas de la  reconstrucción del país: desde una nueva Constitución hasta un nuevo gobierno electo. Si dejaban que las pasiones e intereses de grupos políticos, económicos o religiosos dirigiesen los pasos de la nación, Túnez hubiera tenido no una “primavera, sino un invierno” según palabras de ben Tahar. Esa es la triste realidad que padece Libia, Siria y aun Egipto. Así no prosperaron los radicales islamistas u otros grupos nada propensos a la democracia. Se abrió el diálogo con puntos comunes entre las partes para construir un derrotero para toda la nación. Promovieron la igualdad ante la ley y ante las oportunidades laborales a hombres y mujeres, destacaron la laicidad del Estado y la democracia como forma de gobierno. Fue todo un placer haber apoyado en la traducción durante la conferencia de este gran hombre.
Mientras recordaba sus palabras, dos eventos han mostrado la cara de la intransigencia política partidaria frente a dos ministros del actual gobierno, Jaime Saavedra y Salvador del Solar. Con el primero, nuestro actual Congreso dio gala de oportunismo ramplón, puesto que su destitución implicará cambios en la Ley Universitaria en beneficio de universidades mediocres, las cuales han hecho un fuerte lobby entre los congresistas o tienen a algunos de sus representantes en dicho Congreso. No hay una visión nacional, sino la de angurrientos hombres que lucran con la educación de medio pelo. Por otro lado, la designación de Salvador del Solar como Ministro de Cultura desbordó los límites del surrealismo al escuchar opiniones de diversos políticos sobre este tema del cual no conocen ni les interesa. Es frecuente oír a personas que identifican a la educación y a la cultura como sinónimos, lo que evidencia su total desconocimiento de ambos rubros.

En realidad, el prurito de muchos políticos es aprovechar las circunstancias solo para crear zozobra e inestabilidad para jalar agua para su miserable molino.
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