domingo, 5 de junio de 2016

ELECCIONES: POSIBLE FUTURO CONDENATORIO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO DOMINGO 05 DE JUNIO)

Los peruanos estaremos decidiendo hoy domingo quién nos estará gobernando por los siguientes cinco años. Es una de las elecciones más reñidas de las últimas décadas, teñidas de muchas irregularidades que surgieron durante la primera y la segunda vuelta. Durante la primera,  se excluyeron candidatos por irregularidades como la de la compra de votos que motivaron la cancelación de un fuerte contendor como lo era César Acuña; sin embargo, no se actuó con el mismo rigor con otra candidata quien había hecho lo mismo a todas luces y con claras evidencias en sus actividades proselitistas en zonas populares. Se sacrificó a su vicepresidente Vladimiro Huaroc, a modo de “premio consuelo”.
Así ingresamos a una segunda vuelta, con dinosaurios heridos de muerte como el caso de AGP. Pero la sombra de un flagelo que ha estado corroyendo las sociedades latinoamericanas, el narcotráfico, hacía su presencia en estas elecciones. Este fantasma acompaña todo tipo de lides electorales en nuestro país desde hace tres décadas. En estas presidenciales, esta amenaza ha saltado delante de nosotros. Y ha movido a la sociedad civil desde sus cimientos, pese a que este mal ya está enraizado en diversos sectores productivos como lo es el de la construcción o de servicios.  Inicialmente, varios personajes que solventaban los millonarios gastos de los diversos partidos en la contienda fueron cuestionados en una primera instancia con el escándalo de los Panamá Papers: muchos financistas aportadores de casi todos los partidos de la primera vuelta estaban involucrados en sociedades creadas en paraísos fiscales. Pero la bomba vendría con las denuncias del diario Univisión: lo de Joaquín Ramírez tenía que volverse internacional (aunque hubo medios locales que ya difundían este caso desde hace dos años) y con sello de la DEA para que la sociedad peruana se despercudiera de su letargo. Y más grueso escándalo fue el de los audios editados con tan toscos resultados que motivaron la renuncia de una periodista, el cierre del tendencioso programa que los propaló y la desaparición automática del hombre que era la imagen de una de los contendores. Hablar de ello en el último debate hubiera sido suficiente para desequilibrar a un partido que tiene entre sus principales cabezas a tales personajes. Es más, si hubiera mayor conciencia política y un fuerte sentido ético en nuestra sociedad, hubiera habido un desbande de muchos de sus seguidores y otros dirigentes ante semejantes hechos. Pero pareciera que no es así. Nos estamos volviendo cínicos. Un cinismo peligroso, no solo para la actualidad, sino para el futuro de la sociedad que se quiere tener.

En la educación, todos sabemos que se enseña con el ejemplo. Los niños y jóvenes ven en sus padres y adultos el modelo de los valores que han de regir su mundo. Creo que el cinismo es lo que estamos enseñando en las calles y en nuestros actos a ellos. 
Después no nos quejemos.
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