domingo, 14 de agosto de 2016

EL ABUSO DEL DERECHO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO AGOSTO 21)

En los últimos años, gracias a un movimiento mundial centrado en el respeto de los derechos esenciales de la persona, la sociedad peruana ha ido experimentando una serie de cambios positivos para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en la búsqueda de hacer respetar los derechos básicos y resarcir hechos errados en el pasado con el fin de lograr una sociedad más justa y digna. Diversos estados del mundo se han ido adhiriendo a propuestas filosófico-jurídicas para proteger a sus ciudadanos y darles la seguridad de poder cubrir sus necesidades básicas. Este es el ideal de todos los hombres y mujeres que pueblan el planeta. O, por lo menos, el de la mayoría.
Sin embargo, la realidad suele distar de esta suerte de aún entelequia por diversas razones. En su realización, vemos diversas situaciones por las cuales los derechos no son aplicados en su cabalidad. Las razones son muchas, siendo el principal condicionante, lo económico. Sería largo discutir esta causa en un espacio como este. Vayamos, eso sí, a una reflexión sobre lo cotidiano. El motivo del origen de muchos conflictos diarios se da por el escaso conocimiento o una información tergiversada que se ha impartido en las personas sobre la aplicación de tales derechos personales. La presencia de derechos individuales va acompañada de los colectivos, puesto que el reconocimiento y la aplicación de mi individualidad y mis derechos se dan en cuanto en interrelación con más individuos, con una colectividad. El equilibrio entre lo personal y lo colectivo es lo que debería de regir nuestras vidas, las relaciones armoniosas. Pero, la corrupción y el afán de lucro han ido distorsionando las mismas. De un desamparo permanente que tenían diversos sectores de la sociedad se ha pasado a una sobreprotección nada saludable que es explotada por cientos de personas inescrupulosas, creando entornos jurídicos para beneficiar a aquellos evidentes trasgresores de las más mínimas leyes de convivencia. No solo hay delincuentes probados que salen campantes e impunes a continuar con sus fechorías bajo raros y efectivos mantos legales, o choferes de transporte público que son unos verdaderos asesinos del volante y siguen manejando en una ciudad convertida en una jungla por sus bravuconadas; también hay una serie de ciudadanos simples que han hallado en estos vacíos formales la posibilidad de generar una renta permanente o justificar su accionar trasgresor con sus vecinos, sus círculos sociales o los círculos de otros. No es el sentido del derecho lo que persiguen las más de las veces, sino las pingües ganancias que obtendrán gracias a la colusión con personajes oscuros del mundo judicial.

La educación ciudadana debe de formar a los individuos para defender de sus derechos; también honrar sus obligaciones y ser consciente que sus acciones deben de tener una consecuencia; estas dos últimas son frecuentemente olvidadas. Una amnesia intencional, obviamente.
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