El domingo pasado me tomé la molestia de transitar pausadamente (si cabe el término) la ruta entre Trujillo y Huanchaco con el fin de poder hacer un video que muestre la tortura diaria que miles de usuarios sufren cotidianamente. Me iba deteniendo en diversos sectores de la vía para ver la situación en la que ha quedado esta importante arteria que conecta a uno de los principales centros arqueológicos y turísticos de nuestra ciudad (Chan Chan) y el principal y único aeropuerto que nos conecta con Lima y el exterior (Chile). Es, pues, una puerta de entrada para los turistas y personas que tienen interés de ver posibilidades económicas, comerciales, culturales de Trujillo. El video es la evidencia: https://www.youtube.com/watch?v=DnxYcQVBFPM&t=64s. Esta vía es la más clara evidencia de la incapacidad, por un lado, y los grandes visos de corrupción, por el otro; todo esto saltó por los aires cuando se hizo pública la noticia del extraño consorcio que había recibido la buena pro para ejecutar este proyecto; pero, al ahondar la investigación, este consorcio, además, había recibido otros proyectos de gran capital en otras zonas de nuestra Región. Escándalo tras escándalo, en ese entonces la casi recién iniciada obra se paralizó generando todo el malestar que los usuarios siguen sufriendo desde entonces. Posteriormente, se reiniciaron las obras con las evidentes falencias que se iban detectando y que iban pasando un fuerte coste político, pues esto iba ocurriendo en plena campaña de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El impacto sí caló en muchos ciudadanos, sobre todo cuando el malestar iba creciendo entre los sufridos usuarios que veían sus unidades malograrse, sus negocios caer en ventas y para los ciudadanos tomar mucho más tiempo del debido y ser víctimas de un zangoloteo diario. No he sido testigo, ni haber escuchado incidente alguno que haya exigido tener a una ambulancia cruzar esta vía con un enfermo de gravedad. Ahora paralizada la obra hasta fecha indefinida, han saltado todos los problemas de este potencial “elefante blanco”, uno más para Trujillo. La obra está incompleta y esto seguirá afectando el transporte público, el turismo y el acceso al aeropuerto. Pero, para empeorar la situación, la Contraloría ha advertido sobre rajaduras, deficiencias en la construcción en el pavimento rígido e el consabido incumplimiento de normas de resistencia a lo largo de la vía, cosa que también se está viendo en el resanado de las pistas en las calles de Trujillo. Agrava este panorama la existencia de problemas territoriales, falta de liberación de terrenos (como sucede en la insufrible Autopista del Sol), fuera del hecho que el Gobierno Regional no saneó el expediente técnico para ver el cruce de redes de telefonía. Además, las numerosas suspensiones se dieron, pues los trabajadores no recibían sus salarios, pues el consorcio ejecutor tiene problemas financieros. Pesadilla liberteña.