Quiero seguir con el tema del turismo como una
industria infravalorada en nuestra ciudad, tanto por sus habitantes como los
visitantes nacionales y extranjeros que recalan por nuestra urbe o región. El
tema de rescate del patrimonio tangible e intangible de Trujillo o La Libertad
debe ir acompañado de una perspectiva económica que permita su continuidad, y
sea atractivo para todos los sectores públicos y, sobre todo, privados no sólo
de Trujillo, sino del país. Una ciudad con tan vasta historia y con un rico
acervo material e inmaterial puede ser un campo de ideas ingeniosas para la
creación de productos artísticos y culturales, más allá de los ya establecidos
como la marinera, Chan Chan, shámbar y el Festival de la Primavera. Usar estos
de manera reiterativa como eslogan trujillano puede verse a nuestra ciudad para
todos como una metrópoli limitada a mostrar únicamente esas identidades, cuando
Trujillo tiene mucho más por ofrecer. Hay que crear más conceptos de nuestro
patrimonio. En el reciente encuentro sobre museos de nuestra ciudad, me
informaron de la presencia de 15 instituciones museísticas trujillanas, algunas
para mí desconocidas. Destacan los museos de sitio de los principales centros
arqueológicos que ya están prácticamente en el perímetro urbano de nuestra
ciudad o el renovado Museo de Arte Moderno de Trujillo, una fabulosa colección
del desaparecido Gerardo Chávez; pero también algunos pequeños con propuestas
interesantes como el Museo Api Dulce Miel, dedicado a las abejas y la
apicultura. Una urbe de más de un millón de habitantes tiene mucho por ofrecer.
Una lástima que el Museo Catedralicio esté cerrado (espero que sea por
renovación o mantenimiento); esta colección es un elemento complementario importante
del acervo religioso trujillano y liberteño. Por otro lado, la creación de
productos culturales ha ido reemplazando algunos eventos o festivales que han
ido desapareciendo: Festival de Canto Lírico, Festival Internacional de Ballet,
Festival de Teatro Universitario, entre otros. La aparición de festivales de
cine, de canto coral, de literatura; el retorno de las ferias de libro (pese al
nulo apoyo edil); la infatigable lucha de la Compañía de Teatro Olmo y nuevas
compañías para que tengamos teatro para todas las edades; la intensa actividad
de galerías e instituciones culturales como Fundación del Bco. de la Nación, El
Cultural y la Alianza Francesa, más algunas privadas como la galería Huaqo dan
un panorama atractivo a ese Trujillo que se ganó el lema de la “Ciudad de la
Cultura”. Amarrar esta rica oferta a las propuestas turísticas de nuestra
ciudad con servicios de calidad (importante) y una información asertiva sería
una sumatoria indudable donde todos ganan. Así el visitante no verá a Trujillo
como un espacio desordenado, caótico, con pocas atracciones; sino como un
espacio de cultura, arte y creatividad. Un aporte valioso por el que todos
debemos apostar.