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Trujillo, La Libertad, Peru
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domingo, 20 de septiembre de 2026

LA CIUDAD Y LOS PERROS 2026 (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 20 DE SEPTIEMBRE)

 


Como dice el refrán: “En el Perú nunca te aburres”. Lástima que es para mal. Y es la violencia el motor de estos sucesos que son parte, parecieran, de la vida diaria del peruano de las grandes ciudades. Al luctuoso suceso de Trujillo, evento que ha enlodado a las fuerzas policiales con consecuencias aún no conocidas, la opinión pública ha sido testigo de un execrable acto de violencia sexual contra un estudiante en un colegio, cuyos padres integran, muchos de ellos, la rama más conservadora de las fuerzas armadas del país. Tal como está sucediendo con los sucesos de Trujillo (que están pasando discretamente a segundo plano), a medida que se avanza en las investigaciones de lo acaecido con varios estudiantes de V año del Colegio Liceo Naval contra un estudiante de IV año, las evidencias, así como las justificaciones van siendo cada vez más sorprendentes. En los años 60, Vargas Llosa publicó La ciudad y los perros, novela que causó gran malestar al Ejército Peruano. Esta contiene el crimen de un estudiante, el Esclavo Arana, el cual quiere ser encubierto por las autoridades dando argumentos que terminan por denigrar a la Institución por la hipocresía y los oscuros manejos de poder para borrar esa mancha institucional. Aunque el Leoncio Prado, colegio en el que transcurren los hechos novelísticos, sea bastante diferente en su composición social, son los móviles los que los acercan a retratar no sólo a esos micromundos escolares, sino la disección que sufre la sociedad peruana no sólo la de antes, sino la de ahora también: racismo, homofobia, discriminación económica, prepotencia, violencia vertical. Las justificaciones y reacciones por parte de familiares de los alumnos que actuaron de manera repulsiva, así como de algunos líderes políticos y de opinión pública son una muestra de la anomia que la sociedad peruana vive en estos días. Los “descubrimientos” de otras acciones hechas de acoso en el colegio y silenciadas por razones de poder son evidencia de la podredumbre que corroe a muchas familias peruanas, no importando el estrato socioeconómico al que pertenezca. El colegio es la pequeña punta del iceberg que atraviesa a nuestra sociedad. Las culpas se comienzan a distribuir por el entorno, pero no se ataca la raíz del problema; las sugerencias planteadas por diversas personas del mundo político para con estos jóvenes agresores son ridículas. Es muy posible que docentes y dirección sean los únicos culpables de este crimen (lo es), pues a la larga van a ser la parte más “fácil” de sancionar. Esto debería invitar a todos los padres de familia, por lo sucedido, a pensar cómo reaccionamos frente a diversas situaciones en la que nuestros hijos se ven involucrados. La distorsión y negación de los hechos es lo primero que ocurre, y la búsqueda de actores del hecho siempre deriva en los demás y no en nuestros hijos. Terrible es saber, como padre, de que tengamos un espejo inevitable y contundente que nos retrate de cuerpo entero.