jueves, 14 de agosto de 2008

Reencuentro con Piura


Luego de una meditación larga de mis observaciones de mi ciudad natal, vuelvo a escribir ideas sueltas sobre mi último viaje. Piura, como cualquier ciudad de nuestro viejo país, tiene grandes escenarios naturales como humanos. Sus estrechas calles bullen de gente joven que se agolpa por las veredas altas para evitar las lluvias. Como comentaba en una entrada anterior el centro viejo se viene cayendo por acción intencionada de muchas personas que quieren deshacerse de nobles casonas por edificios nuevos e impersonales. El sol de Piura es contundente y caminar por sus calles a mediodía tiene algo de valentía y masoquismo. Me dio mucha pena ver el local del restaurante La Santitos quemado y derruido; me dicen que a raíz del incendio otro restaurante cafetería llamado Capuccino ha logrado su expansión; de este lugar se hablará en otro momento, ya que la comida ahí es una orgía al paladar. Volviendo a las calles piuranas, las calles adyacentes a la avenida Grau se han vuelto todo un hormiguero de gente que ya no caminan pausadamente como lo solían hacer. Ahora la ciudad ya tiene un cierto frenesí abrumando además el tráfico que atosigan las abigarradas calles; hay ciertos lugares de la céntrica avenida Grau que parecen un mercado persa y lo simpático es ver los árboles que dan una buena sombra y al costado de estos puestos de periódicos abarrotados con todo tipo de revista u otros objetos en venta. La presencia de muchos taxis altera la calma de los personas, pero, a diferencia de Trujillo donde los taxis te acosan con el claxon, los taxistas piuranos no te molestan ni te asedian para hacerte un servicio. Piura es una ciudad manejable, sus distancias son asequibles y uno no siente mucho las diferencias sociales que se puede ver en otras ciudades como Trujillo. Pero, también debo decir que Piura, como ya comenté, da la sensación que es una ciudad a medio hacer. Lo notas en las calles, las paredes sin revestir, las calzadas fracturadas o derruidas, los terrenos baldíos sin cercar. Quizá el nuevo boom económico que se avecina a todo el departamento acelere el proceso y tengamos pronto una ciudad mejor. Pese a todo, Piura es una ciudad de encanto por su gente, sus atardeceres, su comida, su cielo, sus parques, sus frondosos árboles, sus todavía casas viejas bellas, sus paseos por el malecón, y porque Piura es Piura.
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