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Trujillo, La Libertad, Peru
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martes, 31 de agosto de 2021

LA SEGREGACIÓN NUESTRA DE CADA DÍA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 29 DE AGOSTO)


El filme Figuras ocultas (Hidden figures, 2017) nos narra la historia de tres mujeres negras que ayudaron a que USA gane la carrera espacial. Un grupo de matemáticas negras recorrió un duro camino luchando contra adversidad racial y de género tan en boga en los Estados Unidos de entonces con congresistas racistas y un conjunto de leyes denominadas Jim Crow, las que promovían la segregación racial. La supremacía blanca usaba como argumentos que la belleza, la cultura e inteligencia eran de exclusividad aria. Cuando el año pasado se reactivó la etiqueta #Blacklivesmatter en los medios virtuales tras la muerte de George Floyd, muchas personas se sumaron indignadas al movimiento uniéndose a la causa. Incluso muchas de nuestra comunidad que han sido promotoras, irónicamente, de la situación que voy a detallar.

En nuestro país, las formas de marginación son muchas: algunas abiertas, otras sutiles. Las hay de las más diversas y viscerales: racial, lingüística, geográfica, de clase y género; estas son las más frecuentes. Estas no tienen asidero científico, salvo creencias surgidas a través de la historia como la supremacía racial y un raro concepto de civilización.  Sin embargo, son argumentos permanentes y muy manidos en diversos círculos sociales, amicales y familiares, y que se extienden, incluso, en medios de comunicación y en espacios de formación, ambos responsables en la creación de valores positivos o, lastimosamente, negativos en cualquier sociedad. La pobreza intelectual que hemos tenido en el desarrollo de ideas políticas para la sociedad ha dado pie a que muchos ciudadanos hayan creado pseudo argumentos lesivos a grandes grupos humanos por su condición de ser. Así comentarios como “estudiantes color puerta” hasta el lesivo “indio de mierda”, pertenecen a un vasto abanico de una sociedad que ha creado términos despectivos de toda índole, y se emplean ante la debilidad argumentativa para rebatir ideas o planteamientos políticos, sociales o culturales. Algo así como el que más grita, gana. En los últimos meses, a raíz de la candidatura y triunfo de Pedro Castillo, el rebrote de la discriminación ha salido a flor de piel. Para muchos su condición de ser un hombre de la sierra y provinciano son más que razones para afirmar la sentencia: “él no me representa”. Otros elementos más han salido a flote en este contexto que afecta a otros, como el de no ser hablante oriundo de castellano. Imagino qué hubiera pasado si le hubiéramos sumado el hecho de ser mujer. Sus condiciones personales, incluso, levantan observaciones peculiares como el hecho de que no pueda utilizar cierto tipo de ropa, ir a ciertos restaurantes o frecuentar ciertos lugares. Construir una oposición con estas enclenques observaciones debilitan cualquier debate y son fácilmente rebatibles por su naturaleza deleznable y ruin, a la vez. Además, a la larga lo fortalecen en un país que no ha cerrado estas brechas absurdas.