Por
fin hice realidad un viaje soñado por mucho tiempo. Me iba a Gran Bretaña, a
conocer la tierra de la rubia Albión, término como se la conocía antes en el
mundo hispano y que está un poco ligado a las tensas relaciones que hubo
históricamente entre España e Inglaterra bajo el manto de la Leyenda Negra. Era
un viaje necesario para mi persona, pues había tenido un año complicado tras
una operación que ha generado problemas con mis cuerdas vocales, situación que
me ha alejado del mundo educativo (parece ser, definitivamente). Mis emociones
no eran muy positivas; pero, el apoyo de Alfredo y la buena disposición de
Juany y Peter Murphy en Inglaterra me dieron el espaldarazo necesario para
tomar la decisión de embarcarme en este viaje al otro lado del Atlántico. Iba a
encontrarme con un espacio geográfico y humano ampliamente conocido por mí a
través de la literatura, el cine, la música, los museos, la arquitectura de sus
iglesias medievales y renacentistas, la historia europea y mundial (desde el
medioevo hasta la actualidad), los acontecimientos sociales, la televisión, los
medios masivos de comunicación y las redes sociales. Gran Bretaña (no quiero
hablar de Reino Unido, pues no pisaría Irlanda del Norte) sigue siendo parte
del imaginario mundial desde muchos planos. Para los que escuchamos el rock de
antaño es impostergable pensar en todas esas bandas musicales que oíamos en los
60, 70 y 80 que fueron parte de mi formación personal. O hablar de una de mis
pasiones artísticas como lo es el teatro y no mencionar de Shakespeare; o
recorrer los bosques ingleses teniendo la posibilidad de toparme con Robin
Hood, Ivanhoe o Ricardo, Corazón de León. Ya en tiempos actuales, no haber
visto El Señor de los Anillos y cruzarte con muchos condados ingleses (los
famosos Shires), los cuales configuran el paisaje inglés; luego vendría toda la
euforia de Harry Potter, euforia que se ve reflejado en muchos lugares en
Inglaterra y Escocia que ahora son visitados por miles de turistas, sobre todo
por la marea asiática (China y Corea, sobre todo). Este era el gran precedente
con el que me iba a embarcar en este viaje a este país que tuvo uno de los
imperios más grandes del mundo. Gracias a Alfredo, súper organizado y
prácticamente un experto de viajes planificados (debería abrir su agencia),
tuve un viaje organizado al mínimo del detalle: buscar un vuelo económico,
hacer un plan de visitas en Londres, ver detalles de seguro de viaje,
documentación, hostales, transporte en las ciudades que iba a visitar, un largo
etcétera. Iba a Gran Bretaña, vía Madrid; la línea aérea escogida, Plus Ultra (https://www.plusultra.com/es-es/informacion/destinos/vuelos-baratos-lima-madrid/). Aunque esta línea te da la
posibilidad de llevar hasta dos maletas en bodega, decidí llevar una sola
maleta y un maletín en el que llevaba la cámara fotográfica y una muda para
estar en Madrid, ciudad en la que me iba a quedar casi un día.
22
septiembre. Martes, por
la noche, vía ITTSA me iba a Lima Norte para empezar mi periplo europeo. Salí
en el bus de las 9:30, bus cama para ir cómodo durmiendo. Había preparado mi
batería de pastillas para todo el viaje, pastillas para la presión y contra la
dislipidemia. La partida fue bastante puntual y cómoda para dejar Trujillo. La
salida fue desde Av. San Pablo. (https://www.ittsabus.com/online/programacion/?origenId=10&destinoId=6&fechaIda=2026-10-23&trip=oneway).
23 septiembre. Miércoles. Entrada a Lima. Caos total. Un tráfico endemoniado, desordenado, lleno de combis, buses, motos, taxis, camionetas 4x4 y micros que generaban un desorden increíble te recibe una vez que entras en la capital. Ya estaba despierto desde antes de Ancón, balneario que ya está en el gran cono urbano limeño. La ciudad es un monstruo ruidoso, estresante. Hacía una década que no llegaba por tierra a Lima y en realidad uno ve lo preocupante de las construcciones precarias que se ubican por todo lado. Alertado con toda la tragedia sísmica de Venezuela y Colombia, Lima como muchas ciudades peruanas (Trujillo, incluida) se verán muy afectadas por la posible masiva destrucción de viviendas y otras infraestructuras. Después de casi dos horas de viaje en territorio limeño, llegamos al Terminal Norte: había tomado casi 10 horas de viaje (https://maps.app.goo.gl/gMwGgngF6AvgMn597) desde el terminal de Trujillo. La Terminal Norte (https://granterminalterrestre.pe/) recibe muchas empresas y está conectado a través de un bus con el aeropuerto. Una verdadera propuesta que atrae a muchos viajeros que prefieren usar el servicio terrestre cuando vas con un gran equipaje a cualquier parte del mundo: https://portal.atu.gob.pe/QR/AeroDirecto/norte.php. Pensaba tomar un buen desayuno en Lima Norte, pero los servicios se abrían muy tarde. La puerta de acceso al centro comercial estaba cerrada; pregunté al portero y me indicó que se abría a las 8:00 en algunos servicios. Decidí, pues, irme al aeropuerto de una vez. Me indicaron el paradero para tomar la movilidad. El bus llegó rápido, pero es un servicio bastante básico: las unidades ya están un poco deterioradas y no tienes un espacio dónde dejar las maletas, un servicio necesario para poder llevar tu equipaje cómodamente (https://www.facebook.com/reel/1095558515753494). Pero el trayecto para llegar al aeropuerto sí que es una verdadera pesadilla en hora punta: el bus por su tamaño se imponía frente a micros, combis, camionetas, otros buses y autos. Pero si vas con el tiempo limitado, tienes que pensarlo muy bien. El tránsito es salvaje, todos meten sus unidades a la mala para poder pasar y, de ser necesario, puedes bloquear una calle o un carril si te sientes en el “derecho” de que es tu turno. Demoramos casi 40 minutos hasta llegar a la entrada del aeropuerto, donde nos encontramos en un verdadero embudo para ingresar a la vía de acceso a las instalaciones. Mucha gente me contaba lo que hacían pasajeros que habían salido temprano de sus locaciones y el tráfico les impedía avanzar; muchos optaban por dejar los buses o los taxis con sus maletas, aunque el acceso para peatones es bastante obstaculizado. Ya con el bus aparcado en su terminal, puede uno bajar con comodidad para ir a su objetivo. Después de este viaje, que estuve en un aeropuerto londinense (Londres tiene varios), el de Barajas o los aeropuertos de Pudahuel de Santiago de Chile, Panamá o el Ezeiza de Buenos Aires, el nuestro tiene todavía muchas carencias, muchas. Desayuné y almorcé en el aeropuerto, hice todos los trámites para registrar su pasaporte, pasé por todas las medidas de seguridad y salimos de Lima alrededor de las 6 pm. Me esperaban más de 11 horas de viaje.
24 de septiembre. Madrid. Llegada: 1 pm hora local. No había hecho el roaming para que mi número pueda ser disponible en Europa; después consulté con mi sobrina María Alejandra que CLARO sí te ofrece ese servicio para cualquier sitio de Europa, incluido Gran Bretaña. De haberlo sabido me hubiera evitado una serie de gestiones absurdas que iba a tener que hacer durante mi estancia europea. Como feliz coincidencia, me iba a encontrar con mi sobrino Sergio que estaba en España y que estaba esperando a otra compañera suya de sus años escolares del Fleming, pues juntos se iban a Sevilla al matrimonio de otra amiga de años escolares que se casaba en esa linda ciudad. El encuentro fue muy simpático. Ya con nuestras maletas cada uno, tomamos nuestras rutas determinadas. A sugerencia de Alfredo, me fui a un hostal, el Safestay (https://www.safestay.com/venue/safestay-madrid-central/), ubicado en una céntrica zona madrileña. Desde el aeropuerto tienes una línea dedicada de metro o subterráneo que te comunica con el corazón de la ciudad: en el caso de Barajas con Madrid es la línea 8 (https://www.metromadrid.es/es/linea/linea-8) que inicia/termina en el Terminal 4 del aeropuerto y tiene por estación inicial/ final Nuevos Ministerios. Desde ahí tomé la línea 10 que va del Hospital Infanta Sofía hasta Puerta del Sur. Para ir a mi destino debía tomar el metro en dirección de Puerta del Sur para bajar dos estaciones hasta Alonso Martínez (hay que tener cuidado qué ruta tomar a la salida, pues algunas te alejan del objetivo. Alonso Martínez (https://madrid.callejero.net/plaza-de-alonso-martinez.html) es una plaza en la que confluyen varias calles; la de mi interés era la calle Sagasta donde está ubicado el hostal. Como el chequeo era a las 3 pm, tenía algo de tiempo, así que salí para ver un chip para mi celular. Me fui en dirección a la calle de Hortaleza en la que había algunas tiendas que vendían chips diversos. Compré uno pensando que me iba a servir en Gran Bretaña; luego me daría con la sorpresa que había sido estafado. Cosas de viajero novato en estas lides. Comí algo ligero y me dirigí al hotel para registrarme y salir a caminar. Había la propuesta de visitar algunos lugares cercanos como el Museo de Arqueología (que visitaría al retorno, vía Lima), Museo del Prado y otros lugares. En mi errancia antes de registrarme, vi un lugar que no había visitado anteriormente: el Museo de Historia de Madrid (https://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Cultura-ocio-y-deporte/Cultura-y-ocio/Museo-de-Historia-de-Madrid?vgnextfmt=default&vgnextoid=ab18a1ead63ab010VgnVCM100000d90ca8c0RCRD&vgnextchannel=c937f073808fe410VgnVCM2000000c205a0aRCRD). Este fue un verdadero descubrimiento, pues es un bello palacio con capilla y una pequeña plaza externa con una impresionante fuente de agua. El museo contiene una interesante colección cartográfica de la ciudad madrileña desde sus orígenes a nuestros días.
Además, una colección de objetos que representan momentos de la vida de esta ciudad, muchos de los cuales hemos visto en las antiguas películas de antaño (el último cuplé de Sara Montiel - https://www.youtube.com/watch?v=QPW_wgPbGlA&list=PLSKIpp2K2XivPdmjyPYEuG9dlILYX5Mzh&index=2); muchos objetos y artistas famosos llenaron las pantallas del cine de los 50 (Joselito: https://www.youtube.com/watch?v=aqD_nvNdS7o). Cada sección despertaba recuerdos de mi niñez cuando íbamos al cine o escuchábamos por la radio algunas de estas canciones. La sección franquista fue interesante sobre los códigos o reglamentos bastante retrógrados contra las mujeres en ese entonces. Al expresar mi opinión, una de las cuidadoras me comentó que algunos señores conservadores bastante mayores opinaban que era la correcto y que era necesario poner a las mujeres en su espacio “natural”; la mujer me comentó que estaba preocupada por la oleada conservadora que se extendía por España temiendo perder todos los derechos que habían ganado desde su independencia en el matrimonio y el divorcio hasta el aborto optativo. Es difícil no hacer un comentario frente a un afiche cuyo título es La vida de la muger (sic) buena y la mala: alucinante.
A las 6 pm. Cierran el museo. Me fui a la tienda para ver qué comprar de recuerdo: postales, imanes y un libro, El Madrid de Carlos III de Ramón Guerra, una buena guía de arte y arquitectura que forma parte de una buena colección que tiene por tema la arquitectura de la capital española. Hay otra colección vinculada con la fotografía de esta ciudad durante la Guerra Civil. Al salir, me dirigí hacia el corazón de la ciudad vieja: la gran Plaza Mayor (https://artsandculture.google.com/story/0gUhPKgSCOESKg?hl=es) para buscar estampillas. Cuando estuve en 2010 vi algunas tiendas de filatelia y numismática. Llegué ya bastante tarde al lugar, pero se veía el encanto del lugar lleno de turistas de todo el mundo. Había una gran luna llena. Decidí regresar a pie al hostal y tomar una gran ducha. Tras una larga caminata llegué a mi objetivo; dejé mis cosas y me fui a buscar algo para cenar. Me fui a un lugar cercano: Divorare en la misma calle Sagasta. Es una cadena de comida rápida especializada en focaccia (https://www.divorare.com/). Devoré una buena focaccia y luego un buen duchazo, pues salía temprano al aeropuerto para ir a Inglaterra.









