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Trujillo, La Libertad, Peru
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sábado, 2 de noviembre de 2019

PUEBLO DE LOS MUERTOS, LÁMUD, HUAYLLA BELÉN, LA PITAYA: JOYAS DE LA REGIÓN AMAZONAS



Domingo 21 de julio. Pueblo de los Muertos. Huaylla Belén. Dos lugares nuevos para conocer. Y vaya qué lugares. El día anterior habíamos coordinado para ir en una camioneta de uso exclusivo para los tres. Iba a ser un interesante periplo que era totalmente nuevo para nosotros. El día anterior por suerte nos habíamos encontrado con mi exalumno Leonardo Rojas, quien ya vive por varios años en esta ciudad. Él me indicó las personas con las que podía hacer las siguientes visitas. La camioneta iba a buscarnos a las 8 de la mañana. Esto nos dio tiempo para tomar un buen desayuno. Mi gripe iba in crescendo, pero eso no me amilanaba para ir a mis objetivos. Eduardo, Maria y yo nos habíamos levantado temprano y fuimos a tomar el desayuno en el lugar donde se sirve (no está en el hotel); pero también nos permitió comprar agua y algo de frutas para el camino. Chachapoyas es una zona que está sobre falda de cerros, pero tiene una abundante vegetación. Es un paraíso escondido. La camioneta fue puntual. Llegó a la plaza a las oficinas de la agencia, la cual está a media cuadra de nuestro hotel. Rápidamente nos fuimos hacia la salida regular de la ciudad con dirección hacia la carretera Bagua – Moyobamba-Tarapoto. Pero teníamos que tomar el desvío que lleva a Lamud. El camino no está asfaltado, pero tiene buen afirmado por ser una ruta muy empleada para ir diversos sitios turísticos. La carretera tiene unos bellos paisajes; los Andes Orientales son también imponentes. No son colosales como los Andes Centrales del Callejón de Huaylas, pero no hay pierde. Después de un camino de 50 minutos, llegamos a Lamud. Ahí iba a ser nuestro punto de referencia para recoger las llaves del lugar, tener los permisos de acceso y coordinar nuestro almuerzo. Lamud es un lugar simpático, estuve en este lugar por primera vez en 2008 cuando fuimos a la cueva de Kiocta y los sarcófagos de Karajía, que esta vez no visitamos (una segunda vez se hace necesario). La primera vez los servicios no eran buenos; ahora el turismo ha generado ciertos cambios positivos. Imagino que ha medida que se implementen más lugares, estos sitios como hoteles, tiendas más surtidas y restaurantes más variados y limpios irán mejorando. Como era domingo, las personas responsables de ciertas oficinas no estaban aún en sus puestos, por lo que tuvimos que esperar un rato. Primero nos fuimos al mercado en el que nos encontramos con habas. Fue motivo también para tomar un café. Luego decidimos de ir a la Plaza. Hubiéramos hecho esto primero, pues la ciudad tiene una estatua de Cristo de 12 metros y se halla en una pequeña colina. Se sube al lugar gracias a una suerte de alameda que está muy bien cuidada. Nos fuimos a ver la iglesia matriz que tiene unos escalones (3) con incrustaciones de grandes conchas. No sé por qué están ahí. Pero es un bonito detalle. Estaba cerrada. Nuestro guía nos cuenta que en el interior se halla la estatua del Señor de Gualamita, cuya imagen se hizo pesada y tuvo que quedarse en este pueblo. Cosas de las leyendas y los mitos. Aquí un buen reportaje de Sonaly Tuesta que dividió su reportaje en cuatro bloques, los cuales vale la pena seguirlos: https://www.youtube.com/watch?v=96fnad8Z_fY. Además, un texto sobre la iglesia matriz:  http://www.perutoptours.com/index01lu_iglesia_matriz_de_lamud.html. Intenté subir el paseo hasta el Cristo, pero no podíamos arriesgar en hacer una actividad que nos distrajera de nuestro objetivo. Pero sí contemplé una suerte de desfile de reinas escolares en la plaza. Creo que era por las fiestas patrias adelantadas o por otra actividad cívica dominical. Felizmente la señora responsable de nuestro objetivo llegó. En realidad, son los domingos los días más activos para el turismo como después lo íbamos a constatar. 


Compramos los boletos de acceso (5 soles cada uno) y le dieron las llaves para poder acceder al lugar. Una vez que teníamos todo en orden, nos enrumbamos hacia nuestro primer destino: Pueblo de los Muertos o Tingorbamba. Debo reconocer que había confundido la información visual del lugar, pues unas fotos anteriormente vistas las identicaba como Pueblo de los Muertos eran en realidad Revash, lugar que visitaríamos nuestro último día. De Lamud a nuestro objetivo el camino estaba regularmente tenido, pero transitable; nuestro chofer nos indicaba que en tiempos de lluvia este era difícil de recorrer, pues el suelo es arcilloso y se convierte rápidamente en lodo. En nuestro bonito recorrido vimos algunas nubes un poco amenazantes, pero solo unas cuantas gotas no terminaron por inquietarnos. El camino está rodeado de áreas cultivadas y algunos bosques. Llegamos a nuestro objetivo final. En un recodo donde íbamos a dejar la camioneta había un muro que indicaba la “entrada” al lugar; en el muro estaba escrito: Sitio Arqueológico Intangible Pueblo de los Muertos, Intermedio tardío, Horizonte tardío. Ya es patrimonio de la nación. Desde aquí comenzamos el descenso: en el camino comenzamos a distinguir las cataratas de Gocta a la cual íbamos a ir al día siguiente. El lugar es impresionante. La vista es impresionante; pronto comenzamos a distinguir la carretera a Chachapoyas y el río Utcubamba, al cual la carretera corre en paralelo. Todo pequeño, el paisaje grandioso, colosal. Descendimos hasta llegar a las ruinas, las cuales están “protegidas” por una puerta metálica cerrada con un candado. No sé si es candidez o que no se encuentre nada de valor por robar. Uno accede al lugar donde parece se preparaba el cadáver que iba a ser colocado en las tumbas colgantes que se hallan cerca, pero que son de difícil acceso. Son una decena de habitaciones en las que se realizaba, quizá la ceremonia con el cadáver. Lo que es alucinante, y se ve en Karajía y en Revash, es la arquitectura necrológica que esta cultura desarrolló en las alturas, de difícil acceso. Deja entrever la realidad que muchos de los responsables de estos tipos de entierro hayan muerto en el intento. Pese a sus estratégicas ubicaciones, las tumbas no han estado exentas de pillaje o saqueos. Aquí más datos: http://www.perutouristguide.com/translator/01am/translator_01lu_pueblo_de_muertos_02.html. El problema vino con el ascenso. Este fue lento y bastante agotador. Como aún no está del todo estudiado y trabajado, las facilidades para los visitantes son mínimas. No hay barandas o señalética para que te puedas ayudar. Felizmente nuestro guía nos indicó el camino. En varios momentos nos tuvimos que detener para hacer una buena pausa. Maria estaba muy cansada. Una vez que llegamos a nuestra movilidad, nos dirigimos hacia el restaurante donde ya estaba listo nuestro almuerzo: una suculenta sopa y trucha.
Una vez terminado nuestro buen almuerzo, nos fuimos hacia Huaylla Belén. Era un buen tramo, pues íbamos hacia el sur. Como muchas vías de la zona, esta tampoco está asfaltada. El principal problema para atraer a una buena cantidad de turistas está precisamente en su infraestructura vial deficiente; puesto que, en cuestión de riqueza arqueológica o ecológica, la Región las tiene de sobra. Cuando estuve la primera vez en Chachapoyas, varios de mis alumnos de la universidad en la que trabajaba me indicaron que este lugar es una belleza. Y no estaban lejos de la verdad. Luego de un trayecto entre colinas verdes vimos a lo lejos el verde valle surcado por el río Huaylla. Este hace unos caprichosos meandros que le dan una especial belleza a la zona. Es una zona de pastoreo. Aunque no tiene facilidades para el turismo, creo que tal como está es perfecto. Quizá una invasión de un turismo incontenible y masivo dañarían irremediablemente este paraíso en la tierra. Creo que hay dejarlo así, que siga el curso de la vida para el deleite secreto. https://pinceladasdeunamicroviajera.com/2013/07/05/huaylla-belen-un-paraiso-entre-los-andes/

Así comenzamos nuestro retorno a Chachapoyas. Antes del retorno, nuestro guía nos llevó a ver petroglifos. La zona se llama La Pitaya y se halla en plena carretera que conecta Chachapoyas con zonas como Tarapoto o Bagua. Son varios dibujos que pueden verse sin mucho problema; el problema es que se hallan tan cerca a la ruta que ya hay evidencias de daños o deterioro por la contaminación sonora o ambiental (pasa todo tipo de vehículo). Perú es un país rico de petroglifos o geoglifos. Quedé impactado con Miculla en Tacna. Estos no son muchos (una treintena), pero podrían ser parte de una tour arqueológico con el fin de preservarlos más, pues se le dan una antigüedad de 3 mil años. Hay un trabajo interesante de Arturo Ruiz Estrada sobre este lugar, texto que aparece en la revista ARKEOS número 37. Aquí un blog con esos datos: http://viajesnaturalistas.blogspot.com/2011/05/peru-23-la-pitaya-petroglifos-y.html 




Llegamos a las 6 pm. Acordamos en ir a cenar a las 8 pm al Batán del Tayta. Una anterior visita estuvimos aquí y la pasamos bien. Pero esta vez, el servicio dejó mucho qué desear. El plato de Maria demoró mucho; las chicas encargadas en el servicio fueron bastante ineficientes y el mismo dueño tuvo que venir a atendernos por la insatisfacción que mostrábamos. La comida es buena, pero el servicio, no. Es un problema que existe en todos los servicios y que debe de ser mejorada para tener mejor percepción de un sitio tan atractivo como Chachapoyas. Aquí más datos: https://www.tripadvisor.com.pe/Restaurant_Review-g799618-d5267082-Reviews-El_Batan_del_Tayta-Chachapoyas_Amazonas_Region.html.
Tras el amargón, nos fuimos nuevamente al bar de la Sra. Reyna. En este nos encontramos con un par de chicos que habían estado con nosotros en el viaje a Kuélap. Incluso la Sra. Reyna nos invitó a su casa para conocerla. Una señora simpática que dejó la docencia para hacer este simpático negocio. Aquí más detalles: http://visitamazonasperu.com/licoreslareina/.


Ya casi a las 2 de la mañana, nos fuimos a dormir. Las cataratas de Gocta nos esperaban.





domingo, 20 de octubre de 2019

KUÉLAP, NUEVAMENTE





Sábado 20 de julio. Tras un viaje largo desde Trujillo con escala en Chiclayo durante toda la noche llegamos a Chachapoyas con Eduardo Maruri, dispuestos a conocer lugares nuevos en este inagotable lugar de secretos naturales, arqueológicos e históricos que encierra la ciudad de Chachapoyas y la Región en general. Salimos de Trujillo a las 3 pm vía Movil Tour a las 4:30 de la tarde. Luego de casi tres horas llegamos a Chiclayo donde hacemos un alto de casi media hora. Cerca de la estación de buses hay un pequeño restaurante que posee un señor uruguayo (Snack El Uruguayo), quien prepara unos deliciosos sánguches para el camino. Tiene el chimichurri que acompaña a la carne. Es una visita clásica de nuestra parte. Seguimos nuestro camino a Chacha. Estaba viajando con una gripe galopante encima. Pero no iba a rendirme.
Llegamos temprano para irnos a nuestro hotel, el Hostal del Arriero, hotel en el cual ya había estado antes. El lugar es simpático y está mucho mejor que cuando estuvimos la primera vez con María y Soraia. Como no estaba nuestro desayuno, nos fuimos a uno cercano pues ya había pagado el tour para ir a Kuélap, al que iba por quinta vez. Pero ahora había una novedad: el teleférico. En realidad, había separado este tour, puesto que ahora es un poco difícil ir por su cuenta por los boletos para el teleférico. Así que compré este servicio y los demás los íbamos a ver ya en la ciudad. La empresa que íbamos a emplear es Turismo Explorer. Como nuestro primer día no incluye el desayuno, nos fuimos al Café Vivari, en plena plaza de armas con el céntrico jirón Amazonas. Luego de nuestro rápido, pero rico desayuno, nos fuimos al hotel a la espera de los operadores del tour. Como ahora el teleférico acorta la distancia desde Nuevo Tingo, donde está la estación de partida, hasta el paradero turístico del complejo Kuélap, los paquetes turísticos pueden salir más tarde. Pero una solución trae otras consecuencias: años pasados, gracias al flujo turísticos, muchos pequeños poblados que estaban en el camino de trocha entre Tingo y Kuélap comenzaron a florecer gracias a sus restaurantes, recuerdos e, incluso, hoteles o albergues. Pese a todo la distancia media entre Chachapoyas y Nuevo Tingo es casi de dos horas. Además, había que recoger algunos pasajeros más. Tuvimos un percance al casi atropellar a una joven en motocicleta. Felizmente no pasó a mayores, pero la chica sufrió algunas contusiones. En el camino, hay un hotel hacienda que era administrado por Casa Andina. Perdieron una mina de oro, pues ahora Chachapoyas recibe pasajeros a través del aeropuerto de Jaén. Sin embargo, todo apunta que pronto restablezcan el aeropuerto de Chachapoyas, cerrado por un accidente producto, quizás, de la imprudencia del piloto (https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/error-humano-habria-causado-accidente-en-chachapoyas-nid732520). Este artículo es más detallado: http://www.takeoffperu.com/2016/01/09/el-accidente-del-f-28-de-tans-peru/. En el camino, recogimos a dos norteamericanos de la universidad de Harvard. Estaban escapando a Perú por unas cortas y locas vacaciones. El bus iba con personas de todas las nacionalidades. Es ya un foco turístico que tiene mucho qué ofrecer, pese a carencias que son necesarias de abordar, como la accesibilidad, por ejemplo. Tras casi dos horas, llegamos al pueblo de Nuevo Tingo, donde hicimos una escala para comprar algunas habituallas y un poncho de plástico en caso de lluvia (teníamos en casa, pero nos habíamos olvidado). Este poncho lo iba a usar dos días después. Además, hicimos la reservación de los platos que íbamos a almorzar al retorno. Luego nos fuimos a la estación de embarque del Teleférico Kuélap. Con la asesoría y tecnologías francesas, se ha hecho este medio de transporte que pende entre la parte baja de Nuevo Tingo y la estación de embarque-desembarque del sitio arqueológico. 



El boleto ya era comprado por las agencias de viaje y hay que esperar el turno respectivo para que podamos usar el servicio. El trayecto demora solo 20 minutos, lo que antes te tomaba dos horas por el camino de trocha. Una vez vine por estas fechas y había llovido un día previo a nuestra visita; el sendero estaba muy lodoso. Aquí dejo esta página oficial de la empresa: http://www.telecabinaskuelap.com/es/. La travesía es simpática, solo pueden ir 6 personas por cabina. Esta observación la hizo destacar un turista alemán que estaba un poco fastidiado, pues comentaba que podía haber sido empleado cabinas más grandes para desplazar más gente. El turista estaba fastidiado, pues el centro de interpretación ubicado en el complejo Kuélap que recibe al visitante carecía de información en inglés o, peor, en otras lenguas. Además, la señora que estaba custodiando el lugar no estaba de buen humor. Una lástima. El hombre me explicaba en alemán su fastidio; por sus gestos, la señora se sintió aludida. Un impase. Me llamaron, pues ya teníamos que ir al sitio arqueológico. En realidad, ya lo he visitado cuatro veces; pero en cada oportunidad veo más espacios de acceso restringido. Kuélap necesita mucha inversión para su restauración y mantenimiento; la mente estrecha de muchas autoridades ve un gasto, más que una verdadera inversión. Kuélap es la joya que puede convertir, con los otros atractivos de la zona, en el Cuzco del Norte, con todas las ventajas y los riesgos que esto signifique. El acceso al lugar por la puerta Sur o 1 está en reparación desde hace un buen tiempo, pero hay otros accesos que han sido limitados para ciertas funciones (https://www.pinterest.es/pin/163396292701112370/?autologin=true&nic=1). Cuando vine aquí la primera vez en 1999, el lugar estaba solitario, éramos solo 10 personas; ahora ha cambiado, pues ves un buen número de turistas que llegan al lugar. Me comentaban que para las fiestas patrias todo ya estaba lleno. Los servicios colapsan, tal como pasó el año 2008 que vine con varios amigos. Aquí hay más datos de este siempre interesante lugar a visitar: https://www.arqueologiadelperu.com.ar/kuelap.htm. Una vez concluido nuestra visita al lugar, nos reunimos todos para retornar e ir a almorzar al lugar donde estuvimos más temprano. El servicio de teleférico cierra a las 4 pm. Recoge a los últimos visitantes de Kuélap, que también cierra a esa hora. El almuerzo fue sólido, tanto así que por la noche cenamos poco. La caminata cansó a más de uno. Muchos cayeron rendidos por lo que el retorno era muy silencioso. Dejamos a los dos turistas alojados en el hotel Casa Hacienda Achamaqui. Luego nos fuimos hacia la terminal de los buses donde bajamos todos. Habíamos preguntado sobre algún lugar donde poder ir a tomar algunos tragos y nos comentaron de a La Reyna. Al llegar al hotel, los demás se fueron a duchar; decidí ir a ver el paseo del día siguiente: nos íbamos a Pueblo de los Muertos y Huaylla Belén.




Salimos a cenar al Chacha, restaurante donde habíamos cenado el último día cuando estuvimos con Soraia y donde se tomó el caldo a la minuta más rico que haya probado. Como habíamos almorzado tarde, solo tomamos una cosa ligera. Pero sí teníamos ganas de ir a conocer el bar que se llamaba Licores La Reina. Una noche simpática iba a empezar, pues nos habían recomendado el famoso Arco Iris. Esta es una combinación de diversos tragos de la región con diversas bebidas, incluida leche. La señora Charito Reina nos iba mostrando las combinaciones posibles y escogíamos la de nuestra preferencia. Así llegamos a quedarnos hasta un poco más de la medianoche. Nos fuimos a nuestro hotel para ir a nuestra excursión del día siguiente.