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Trujillo, La Libertad, Peru
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domingo, 31 de marzo de 2019

RECLAMOS Y DISCUSIONES (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO DOMINGO 31 MARZO)



El 20 de marzo, en el marco de las actividades de la Francofonía, se realizaba en la Alianza Francesa de Trujillo un interesante conversatorio entre algunas personas que habíamos estado o vivido en Francia. Uno de los puntos positivos en el cual todos coincidimos era la cultura del intercambio de ideas que permitía a sus ciudadanos la construcción de espacios de discusión con el fin de construir una mejor sociedad. Además, la conversación se volvió interesante, puesto que, en la actualidad, Francia es remecida por una serie de acontecimientos que son mostrados en algunos medios más por su espectacularidad que por sus razones o explicaciones. Francia ha sido uno de los países en el que más movimientos y revoluciones civiles surgieron desde sus propios ciudadanos casi de manera espontánea. Así tenemos las Revoluciones de 1828 y la Revolución de la Comuna de 1871; pero, sobre todo, el famoso Mayo del 68 y los sucesos de los Gilets Jaunes (Chalecos Amarillos). Estos últimos movimientos obligaron al gobierno de turno y la sociedad civil a sentarse a discutir para hallar soluciones a las numerosas insatisfacciones que aquejaban a la sociedad de entonces. Esta situación les permite hallar puntos en común y tratar de beneficiar a todas las partes involucradas en la medida de lo posible con argumentos razonables y sostenibles.
En la sociedad peruana queda aún pendiente la cultura de la discusión. Esta surge inicialmente de un reclamo. Pero por siglos, el reclamo fue visto como un acto incorrecto; algunas personas y medios identificaron el reclamo como una acción lesiva contra una persona, una institución, la sociedad, hasta el extremo de llamarlo “acto terrorista”. Esta tipificación ha hecho que la sociedad peruana aún vea esta actividad solo reservada para los más revoltosos e, incluso, desadaptados. Además, la educación y algunas instituciones dedicadas a la formación ciudadana en general alimentaron esta idea, fuera del hecho de que la argumentación de todo tipo era una herramienta poco tratada en un sistema educativo basado en la memoria repetitiva, sin cuestionamiento alguno. Ha debilitado la construcción del reclamo correcto y argumentado. Así, muchos reclamos se vuelven una acción ilógica y caprichosa, carente de asideros coherentes, viables y justos.
La discusión surge del válido reclamo de alguna situación anómala o injusta que perturba a una persona, un grupo de ciudadanos o la sociedad en sí misma. Es una cultura positiva que ha sido asimilada, incluso, en algunos procesos del mundo empresarial que les permite mejorar su producto o la calidad de sus servicios.
Sin embargo, hay espacios en nuestra sociedad que esta herramienta de beneficio común sigue ausente por ambas partes. Los últimos sucesos evidencian esta carencia; además, está la visión parcializada de los medios sobre los motivos de estos que generan una visión sesgada de los acontecimientos en desmedro de la ciudadanía.