lunes, 11 de septiembre de 2017

EDUCACIÓN, ÚLTIMA RUEDA DEL COCHE (ARTÍCULO PARCIALMENTE REPRODUCIDO EN EL DIARIO LA INDUSTRIA DE NUESTRA CIUDAD AYER DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE)

El año pasado, antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, era interesante leer los planes gubernamentales de ambos postulantes al Gobierno peruano en lo que respecta a educación; era una declaratoria sobre la misma que implica un arduo camino por trazarse y una fuerte inversión en el recurso humano. Sin embargo, al leer ambos planes en los que se hacían variadas propuestas para mejorar este rubro sensible; el plan de gobierno de Peruanos Por el Kambio presentó 19 páginas dedicadas al mismo (pág. 20-39), mientras que el de Fuerza Popular contenía solo 6 páginas (13-19). El plan de PPK se centraba en cuatro lineamientos estratégicos para la educación básica: Aprendizajes, Docencia, Gestión y Calidad, e Infraestructura. Estos lineamientos tratan de atacar el agudo problema en que se ha convertido la educación peruana que se presenta como obsoleta en diversos sectores y actores.
La educación es el sector menos favorecido en cuanto a la inversión pública en las últimas décadas. Hay un incremento de la población estudiantil, pero el crecimiento de la inversión por cada estudiante ha ido en línea contraria. Esto se ve también en el deterioro de los sueldos de los docentes; esta realidad ha devenido en que sus sueldos promedios frente a los de sus colegas de otras realidades sudamericanas sean irrisorios comparativamente hablando. Esta situación hace que la carrera magisterial peruana sea poco atractiva para buenos potenciales.
Otro problema es no tener un rumbo claro de lo que se quiere hacer en este campo estratégico. El DCN viene sufriendo cambios estructurales que desconciertan a los docentes y se refleja en los estudiantes. Y lo paradójico, a todo lo anterior, hay que agregar en las últimas décadas la burocratización que existe en toda el área educativa, pues en esta área intervienen más administradores, psicólogos e ingenieros, que educadores, cada uno aportando ideas más ligadas a sus profesiones que a la docencia en sí. Se pierde valioso tiempo en llenar formularios, cuestionarios u otros documentos con el fin de cumplir con requisitos que son más de trámite procedimental que realidad educativa en sí. Y la burocratización se ve en la creación de una serie de servicios y su respectiva burocracia que atenazan la labor del docente. Las áreas de apoyo, más que ayudar la labor docente, se han vuelto en una pesada carga para el profesor que debe de cumplir con su labor propia más la de las áreas de soporte a las que les destinan “metas”. Esta última palabra es la pesadilla en el sistema educativo de todos los niveles (básico, técnico y superior) pues por lograr sus objetivos se ven distorsiones y aberraciones que los docentes tienen que abordar día a día haciendo pesado su trabajo.

Esperemos que en los planes de este Gobierno cumpla con los planes iniciales y se destine más del presupuesto nacional para mejorar las condiciones de los docentes y la infraestructura, y no en la burocracia en torno a ella.
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