lunes, 1 de marzo de 2010

PENA Y APRENDIZAJE

Hablar sobre lo sucedido en Chile ya es casi redundante. Lo de este último sábado, sin embargo, ha mostrado las partes más brillantes de las personas así como sus sentimientos y emociones más oscuras. En algunos casos, las intenciones de ayudar pueden, en vez de ayudar, generar más caos y confusión. Veía en la televisión chilena a algunos reporteros que, quizá, en un acto de solidaridad pedían ayuda inmediata en tal o cual lugar cuando todavía no se había conocido la dimensión de la tragedia; algunas veces, estas situaciones pueden generar falsas expectativas a personas cuyas posibilidades de recibir ayuda son un poco remotas viendo la dantesca situación en la cual otras son más apremiantes y urgentes. Esta tragedia ha rebalsado todos los límites. Quizá Chile haya estado preparado para un sismo, pero no para el de la magnitud y calamidad como el que los ha azotado este último 27 de febrero.
El día de hoy en el comedor hablaba con los miembros de mi familia sobre las ubicaciones de las cosas útiles y urgentes que deberíamos tener a mano: qué poco preparados estamos. Una linterna, un botiquín. ¿Agua? No se ha previsto. ¿Alimentos no perecibles? Tampoco.
Este terrible y penoso acontecimiento debe invitarnos a cada uno a la reflexión en todo lugar y levantar la mirada a tu entorno. Trujillo no sobreviviría a un desastre así. Zonas como El Golf, de un suelo de alta licuefacción sería una zona de catástrofe; me parece que los edificios construidos en esa zona no cuentan con zapatas, así que la posibilidad de hundirse son altas, así como le pasó a casas de dos o tres pisos en el terremoto de Chimbote del 70. Nuestro centro histórico quedaría en ruinas y muchas de las casas semiderruidas serían trampa mortal de la gente que vive ahí. Cerca de la Alianza Francesa, tenemos 4 casas tugurizadas las cuales caerían sin remedio.
Las rutas de fuga de muchas zonas de la ciudad se convertirían en trampas mortales, ahora que se han dedicado a cerrar muchas de las calles con trancas. Es obvio que en caso de sismo pocas personas se preocuparían en levantarlas y permitir el fluido de autos, sobre todo, los vehículos de emergencia como bomberos y ambulancias,..¿o los vecinos se preocuparían? .
Es cierto los comentarios que he leído y oído en estos días: la falta de seriedad para hacer un simulacro. Los he visto en el colegio y en la universidad, centros en los que trabajé y trabajo, y la actitud de las personas (no digo los jóvenes, ellos imitan el ejemplo) es indolente, pusilánime y vergonzosa; mas el día en que se ven en aprietos, son generalmente estos incoscientes (hombres y mujeres) quienes más generan daños y desastres personales. Me pareció muy interesante las reacciones que tuvieron muchas personas a raíz de la alerta de tsunami en nuestras costas. Parece ser que algo hemos aprendido; no falta por ahí algún estúpido que se crea el hombre que puede todo y desafían los fenómenos naturales. Si fuéramos sensatos, dejaríamos a esos imbéciles a su suerte; lastimosamente, el hecho de crear esta situación moviliza a gente de apoyo y auxilio que debería estar ayudando a aquellos que los accidentes o la catástrofe afecta. Así es la imbecilidad humana.
Se ha empezado las clases. Más de ocho millones de niños y jóvenes han retornado a aulas, muchas de ellas, precarias. Espero, para el bien de todos y de la sensatez que el momento reclama, se tome esta tragedia como un tema de discusión y reflexión en todas las aulas, incluidas las universidades (más aún ahí, la casa del saber y la ciencia). Los fenómenos naturales son más grandes que la humanidad y tenemos que saber convivir con ellos, aprender a ser honestos con nuestras limitaciones y velar por el bien de todos. Sinceramente, no cabe duda de que si hubiera un sismo como el acaecido en Chile, muchas construcciones modernas caerían con sus habitantes adentro, ¿quién se hace responsable de ello?
La cultura de la prevención debe estar en todo. Empezar por los medios de comunicación: diferenciar accidente de irresponsabilidad, por ejemplo. Las dos tristes irresponsabilidades acaecidas en nuestras carreteras no son accidentes. Son fruto de la irresponsabilidad. Si un edificio cae en un terreno sobre el cual no debió construirse no es infortunio, ni castigo de dios; es irresponsabilidad.
Quizá esperemos, como las lluvias recientes, que nos suceda una catástrofe como la que ha asolado a nuestros amigos chilenos para recién descubrir cuántas irresponsabilidades pudimos haber evitado. Ojalá que tanto Usted que lee este artículo como yo que lo escribo, podamos sobrevivir a una tragedia parecida para podar constatar lo que pienso.
Desde aquí, un abrazo sincero y solidario a Sergio y Elena, Patricio y Eliana, a Marisol por lo sucedido en su patria. Fuerza.
Publicar un comentario