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domingo, 19 de junio de 2022

CAMBIANDO EL CHIP (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 19 DE JUNIO 2022)

 

Uno se mueve por percepciones y modas, muchas de las cuales terminan sesgando nuestras decisiones o las que empleamos como argumentos válidos para influir sobre otro u otros. Estas percepciones no permiten ver un entorno completo de una situación, objeto o idea; y condicionan decisiones que, incluso, competen a nuestra integridad e ideamos proyecciones que no se acercan en nada a nuestra real capacidad o la de otros. Este texto es una reflexión, producto de una experiencia construida a través de décadas al estar ligado en sectores “puente” entre el mundo escolar y el universitario.

En las últimas décadas, la invasión comercial en el mundo educativo ha terminado por sobrevalorar ciertas instituciones en desmedro de otras entre los estudiantes y los padres de estos, que pasan de un nivel educativo a otro. Fuera de haber convertido a dichas instituciones (la universidad) en francos negocios, esta invasión también ya hace un buen tiempo ha transformado al simple estudiante en cliente; esta percepción ha hecho que las estrategias empleadas por dichas instituciones hacia esos “clientes” desestimen una serie de requerimientos que la vida universitaria en sí exige, lo que ha generado todo ese acelerado deterioro del sistema educativo superior peruano. Varias veces he conversado con personas que estudiaron o dirigieron instituciones como institutos técnicos o escuelas de estudios superiores sobre esta situación que aleja a muchos jóvenes de la posibilidad de hacer estudios superiores con mejor desempeño, pues están adecuados a sus propias capacidades. La percepción errada en las últimas décadas sobre el estatus profesional ha hecho que muchas actividades que necesitan personas bastante calificadas hayan sido pasadas por alto como una buena posibilidad para cualquier joven egresado de aulas escolares. El bombardeo incisivo de las casas universitarias por este reclutamiento genera desasosiego y frustración a adolescentes que se ven forzados a seguir una carrera para la cual no tienen aptitud alguna. Algunos modelos educativos escolares tratan de trabajar más en el estudiante en la búsqueda de su felicidad que se manifiesta en una verdadera elección que se adecue a su integridad y sus capacidades. Hay que “cambiar el chip” que se tiene sobre ambos tipos de estudios superiores para acercarnos a lo veraz: se quiere hacer correr a un joven una carrera de fondo y sólo tiene medio pulmón. Además, hay que tener en cuenta que bajo toda la publicidad y propaganda social subyace una palabra perniciosa llamada “éxito”. Aún seguimos siendo uno de esos países que tiene una población en la que hay, sin menospreciar la labor, cajeros de ventanillas de banco con maestría o taxistas con diplomas universitario; y con una acentuada escasez de personas que podrían realizar actividades prácticas con mayor efectividad y que la podrían dirigir hacia ese éxito, en cuanto satisfacción personal y buen desempeño en la colectividad.