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Trujillo, La Libertad, Peru
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lunes, 2 de marzo de 2026

NATURALEZA DESNUDANDO LA CORRUPCIÓN (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO DOMINGO 01 DE MARZO)


El Niño está de vuelta. Y se está manifestando de manera violenta en muchas zonas del país. Este fenómeno que era cíclicamente más distanciado, ahora se hace cada vez más recurrente. Esta situación puede tener diversas explicaciones, algunas de ellas negadas como el caso del cambio climático; pero, es una realidad contundente, peligrosa y costosa. La intensidad de este fenómeno es cada vez mayor y sus incidencias son desastrosas para la sociedad en su conjunto, pero en mayor incidencia en personas más desvalidas y de escasos recursos. Esta realidad climática ya está con nosotros y, como de costumbre, la ciudad no está para nada preparada. Y lo que hemos visto tanto en Arequipa (terrible) como Máncora y otras ciudades del Norte peruano nos debe de alertar sobremanera. El fenómeno es sí es inevitable, pero sus consecuencias sí se pueden atenuar de tomarse las medidas correctas y que deben ser política de la ciudad y región. Tras el desastre del 2017, se conformó un grupo de ciudadanos con el fin de alcanzar a las autoridades propuestas concretas para poder enfrentar con el tiempo los futuros desastres (por ejemplo, el del 2023 fue leve frente al 2017). Recuerdo que el fallecido arquitecto Jorge Saito propuso una serie de medidas que significaban decisiones políticas drásticas e impopulares, pero necesarias. Medidas como desalojar espacios intangibles ahora ocupados con viviendas, edificios, calles y todos los sistemas básicos (agua, desagüe y luz) era un primer paso; esta medida choca con las políticas de uso de terrenos, titulación y, obviamente, contra los traficantes de terrenos. Para nadie es un secreto que muchas zonas peligrosas están ocupadas y, por el populismo de autoridades ediles, los ocupantes han recibido título de propiedad y tienen todos los servicios básicos como alumbrado público y redes de agua potable que son dañados como sucedió en 1998 y 2017. Una verdadera planificación urbana hubiera restringido obligatoriamente el uso de dichos espacios. Como lo visto en Arequipa, las torrenteras (o lloqllas) fueron obstruidas por casas, avenidas, calles, edificios; las consecuencias han sido lamentables. Otra propuesta, vinculada al bienestar social en la lucha contra la delincuencia, es la construcción de grandes parques, grandes zonas de áreas verdes que se ubiquen en diversas partes estratégicas de la ciudad. Trujillo se ha llenado de losas deportivas, las que no tienen un uso adecuado e integrador; en vez de crear grandes parques zonales, áreas verdes vitales que permitan una mejor integración social, reduzcan el calor en las zonas aledañas y funcionen como una zona de amortiguamiento frente a las inundaciones o huaycos como los del 2017. Por último, la tropicalización de nuestra ciudad obliga a tomar estrictas medidas en la construcción de viviendas y la planificación vial. Son decisiones políticas y económicas que, obviamente, no serán tomadas. Sólo queda esperar.